Han pasado ya tres años desde que leí este libro, Carnival, que fue el primero que adquirí aquí en Beirut, en la Librairie Antoine, una cadena de librerías de origen francés que tiene algunos locales que me recuerdan a La Central de Callao.
Aunque hay en Beirut otras librerías más interesantes que he conocido posteriormente, esta sucursal en el Beirut Souks es la más completa y atractiva. Tiene tres plantas grandes, con obras en varios idiomas (árabe, inglés, francés, alemán, italiano y sí, ejjpañol), una sección infantil con área de juegos y entretenimiento, una sección enterita de libros de gastronomía y turismo, una pequeña galería de arte y un cafetín donde puedes curiosear los libros que se te antojen, además de zona de revistas y papelería:
Tienen un personal bastante amable (para lo que suelen pagar en este tipo de negocios) y en aquella primera visita, pregunté una de las vendedoras, una jovencita nativa con la expresión facial aún no alterada de cirugía estética, por algún libro de autoría libanesa que estuviera bien y fuese recomendable. La chavala no dudó y fue directamente por este libro, la novela Carnival, del autor Rawi Hage (راوي الحاج léase Raui Hach, aspirando la h), escrita en el año 2012:
Naturalmente no conocía ni por asomo al autor, del que hay una reseña en Wikipedia, con fotos incluídas, que dejo enlazada para quien tenga curiosidad. Resulta que es una celebridad que vive actualmente en Montreal, como muchos libaneses.
Como tenía muchas ganas de empaparme de la literatura actual, fuera de los clásicos conocidos, empecé con mucho interés y ganas a leerla. Debo decir que al principio me pareció muy rara, pero el texto desprende una especie de neblina densa y un poco asfixiante que atrapa al leerlo.
Durante muchas páginas intenté localizar los lugares que citaba en la ciudad de Beirut, que estaba empezando a conocer y manejarme por ella. Hasta que me di cuenta de que no era aquí donde estaba ambientado. Claro, así podía yo devanarme los sesos intentado colocar los lugares descritos en la realidad que ya me resultaba conocida a raiz de esos mis primeros pasos por esta ciudad.
La novela trata sobre la vida de Fly, un taxista, empleo que el autor tuvo durante un tiempo, los clientes que suele llevar en su coche y la pasión que siente por leer. He elegido este párrafo por su contenido social que abarca varios aspectos:
SALLY
[...] I knew a dancer named Sally once; I used to wait for her every Thursday and drive her home late, after her shift was over. She was smart, well-read. She was studying French literature at the local university, and we hit it off. First we talked about books, because she saw a book lying on the dashboard of my car. I believe I was reading Jean Genet at the time, Our Lady of the Flowers. And when she saw it her eyes brightened. A reader, she said, and smiled.
[...] At the end of every month, Sally would take a car with two work colleagues and drive to the south shore, to a meat-packing town where men worked in slaughterhouses for low wages. She and two prostitute friends would rent a couple of rooms on a cheap motel and host these workers, charging less than half the usual price. Charity work, Sally called it, and she explained it as a religious gesture, pointing our that Mary Magdalene had been a prostitute before and after meeting Jesus. Certainly after, she said, and giggled. The girl who iniciated the project was named Maggie, short for Magdalena, and that is why they called themselves the Magdalena girls and were known by the slaughterhouse workers as the Magdalenas.
Muchas veces dando vueltas por Madrid se encuentran locales que se quedan guardados en la carperta de los de volver en cuanto pueda, como la Creperie Olive de la calle Conde Duque, 24.
Además de lo bien que atiende la persona que suele estar allí, los distintos tés y productos que ofrece están muy buenos. Por si fuera poco, el local está al lado de la Plaza de los Guardias de Corps, lugar en el que Almudena Grandes sitúa la vivienda de Raquel Hernández, la protagonista de su novela El corazón helado, de la que ya caerá algún párrafo por aquí.
Olive es uno de esos locales en los que hay libros disponibles para leer mientras tomas algo o intercambiar. La última vez que estuve allí me entretuve mirando qué tenían y ahí encontré el libro que voy a citar esta vez.
Se titula La habitación pintada, y está ambientado en el Cuatroccento italiano, en torno al pintor Mantegna, nada menos. Reparé en el libro por la portada, que reproduce la sección central del techo de Camera picta(o de los esposos, como se conoce actualmente), del castillo de San Giorgio en Mantua, obra pintada por el citado Andrea Mantegna entre 1465 y 1474. De ahí toma el título, precisamente, este libro.
La primera vez que vi una obra de Mantegna, el famoso Cristo yaciente, me pareció espeluznante. Gentes más expertas que yo me han criticado porque tal cuadro me produce estos sentimientos tan negativos y no una suerte de éxtasis tipo Stendhal por la calidad de la misma. Pero de momento estoy más inclinada a hablar de las obras de arte conforme me conmuevan y no según criterios académicos que carezco. De modo que Mantegna no se encuentra entre mis artistas favoritos.
Me llamó la atención que en el texto, Mantegna aparece descrito de un modo que casi a lo largo de casi todo el libro me produjo la misma impresión que su pintura. ¡Por ese casi recomiendo leerlo!
La autora es la danesa Inger Christensen, de quien nunca había tenido noticia, pero que ha llegado a estar en las listas de candidatos a los Premios Nobel de Literatura y que nunca obtuvo.
Aquí está el párrafo que más me ha impactado:
En esta hora comienza la devastación sistémica de mi amada Nicolosia. Ahora será sometida al potro del matrimonio, la estirarán y la retorcerán, hasta que haya arrojado un número apropiado de hijos varones. No lo comprendo. No comprendo que, después de todo, tales medidas puedan considerarse necesarias en una época en la que se ha puesto de moda, de forma tan manifiesta, tener tal número de hijos ilegítimos, no sólo para poder presumir de su mera existencia, no; esencialmente, para poder así surtirse de unos productos de calidad razonable. [...] ¡Ojalá nos hubiéramos casado la primera vez que nos vimos!
Inger Christensen (1999): La habitación pintada. Un relato de Mantua. Ediciones del Bronce, Barcelona. Traducido por Ana Sofía Pascual.
Este domingo tuve la oportunidad de conocer a Souad Hadj-Ali Mouhoub, autora de este libro.
Es una de esas mujeres que te impactan desde el momento en que empieza hablar. Es cercana y habla con mucha claridad, no hay que escuchar entre líneas sus palabras.
Su relato sobre su vida en Argelia y en Madrid, sus actividades sindicales, su capacidad como autora y traductora quedan más que bien reflejadas en las obras que ha publicado.
En la presentación de este libro, nos contó de su Argelia, esa tierra que aún nos resulta bastante desconocida, a pesar de su cercanía y de la herencia andalusí que preserva casi intacta. Es una vergüenza que apenas sepamos nada de allí.
Nos contó como, a pesar de los primeros atentados que se perpetraron allí, a modo de laboratorio terrible, desde finales de los años 80 del siglo pasado, nadie hizo caso, salvo el Foro de Mujeres Progresistas al que ella pertenecía en esa época. Solían manifestarse en la Puerta del Sol de Madrid avisando de que eso que empezaba a pasar en Argelia, podía extenderse al resto del mundo. ¡Y vaya si lo ha hecho...!
Souad ha nacido en allí, en Argelia, en 1955. Es hispanista y fue profesora en la Universidad de Argel, hasta que llegó a Madrid en 1995, dónde ejerce de traductora y autora.
En este libro hay relatos inspirados en su vida, en la de parientes y vecinos y en experiencias vividas en el metro de Madrid, medio de transporte que usa habitualmente y que le sirve como laboratorio (en este caso maravilloso) de ideas literarias. Se trata del relato de sus sentimientos y recuerdos más vívidos, con el objetivo de curarse de la herida muy profunda y abierta que sufre desde hace demasiado tiempo, causada por los periodos de guerra de su pais natal, tanto por la independencia como por la situación interna crudelísima vivida en ese territorio durante los años noventa del s. XX.
Ella habla de perdón y concordia civil, pero sin forzarla a ello: Perdonaré, pero déjame tiempo, nos dijo.
Aquí está la cita
El sonido de la lluvia cubre las voces y los pasos, pero el ruido de los pasos retumba y las voces braman. En cada esquina, tranquila, hay una pelea_ dos hombres agarrándose de la chaqueta, una mujer desgañitándose, un padre pegando a su hijo, una joven huyendo de un hombre que no deja de pegarse a ella, un hombre insultando a un chaval que mendiga... Y en cada corazón dormita una congoja que no tiene nombre. Duerme y no quiere despertarse. El dolor es muy fuerte y no hay quien lo sufra ni quien lo viva [...]
- Han degollado a un taxista de Zeralda...
Souad Hadj-Ali Mouhoub (2018): Cronología de mi dolor por Argelia y otros relatos contra el olvido. Editorial Diwan Mayrit, edición revisada de la ed. 2010 Ed. Anubis. Madrid, 2018.
Verdaderamente el título del libro es Solo él me llama Marina di Beirut y está escrito por Elena López, que es una castellana del mismo pueblo que Juan Martín Diez, el Empecinado.
Este libro se publicó primero en francés en el añoi 2010, pero la edición en castellano que tengo es del 2014. Originalmente es una obra de teatro, de ahí el formato que tiene el texto.
Tuve noticias de Elena a través de Galicia, y no directamente aquí en el Líbano. Una querídisima amiga, más bien hermana, me lo regaló.
Elena es muy contundente escribiendo sobre El Líbano:
M. La más devastadora de las guerras es la civil: tras el alto el fuego, vencedores y vencidos tienen que cruzarse otra vez, noche y día, e interpretar el papel imposible de que nada ha ocurrido durante años y años
J- Un país no puede olvidar con un toque de varita mágica que sus habitantes se han matado encarnizadamente por razones que incluso desconocen.
(...)
J- Marina, ¿qué te atrae realmente de mi país?
M- La fragilidad de cada instante, los cortes de electricidad y de agua, los...
J- Siempre me sorprendes.
Silencio religioso
M- Joseph, cristianos y musulmanes ¿nunca se han llevado bien en el Líbano?
J- Según mi padre, jamás. Según mi madre sí, antes de la guerra civil. Yo creo que siempre ha bastado una chispa para que ardan.
M- El Líbano es el país de los destellos.
(...)
J- Marina, nunca me digas tu religión.
Elena López (2014): Solo él me llama Marina di Beirut. ArtsMarina, Valladolid.
Hace 35 años se produjo una matanza equiparable, en cuanto a número de muertos, a la de las Torres Gemelas, pero no se habla ya mucho de ella. No era gente glamurosa ni vestían a la última moda. No habitaban en barrios elegantes y sus vidas tampoco le importaban a casi nadie.
Esa matanza se produjo durante los días 15, 16 y 17 de septiembre de 1982, en Sabra y Chatila, dos campamentos de las Naciones Unidas donde malvivían refugiados palestinos a las afueras de Beirut, al suroeste de la ciudad. Estos dos campos -como resultado de la invasión israelí del Libano y de la posterior evacuación de las tropas de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) convenida entre las partes, con la intervención de los EEUU de Norteamérica- quedaron bajo control y jurisdicción del Ejército de Israel, el cual, moral y jurídicamente, era responsable y garante de la vida de sus moradores, de acuerdo con las Convenciones Internacionales respectivas.
De lo que sucedió puede hacerse una idea leyendo el libro de Teresa Aranguren Amézola, Palestina, el hilo de la memoria, publicado en la editorial Barataria en 2012 (originalmente en Caballo de Troya, 2004):
El despliegue del ejército israelí en los barrios occidentales de la ciudad empezó en la madrugada del miércoles 15 de septiembre, horas después del atentado contra Bachir Gemayel. A primeras horas de la tarde del jueves los tanques israelíes ya controlaban totalmente Beirut Oeste y tenían cercados los campamentos de Sabra y Chatila. El puesto de mando estaba en la azotea de un edificio de siete plantas, junto a la embajada de Kuwait, a 200 metros de la entrada a Chatila.
El general Drori se comunicó por teléfono con el Ministro de Defensa, Ariel Sharon: Nuestros amigos están entrando en los campamentos.
La respuesta de Sharon fue escueta: Felicitaciones.
La matanza comenzó en torno a las seis de la tarde.
LAS MATANZAS
Desde la casa de Umm Ahmed Farhat se veían los carros israelíes y el movimiento de hombres armados en las colinas. El día anterior, temiendo que los israelíes se los llevasen, habían decidido enviar a los dos hijos mayores, Ahmed y Muhamad, a la casa de unos parientes en el centro de la ciudad. En Chatila quedaron el matrimonio, las hijas y los hijos varones de menor edad. Laila la más pequeña aún no había cumplido el año, Sami tenía dos, Farid seis, Bassem trece, Suad y Salwa, las mayores, tenían 15 y 17 años. No había luz en todo Beirut Oeste pero las calles de los campamentos permanecían iluminadas por las bengalas que lanzaba el ejército israelí.
Habíamos acostado a los más pequeños en el sótano porque había habido bombardeos y los aviones no habían dejado de volar sobre el campamento. Los demás nos quedamos en la planta baja. Hacia las cinco de la mañana un grupo de hombres armados entró en la casa. Nos dijeron que teníamos que salir fuera. Estábamos en pijama. Yo llevaba a mi hijo Sami en brazos y Salwa cogio a Laila, la más pequeña.
Cuando estábamos fuera le preguntaron a mi marido de donde era. Él les dijo que éramos palestinos y que él trabajaba reparando teléfonos…Nos dijeron que nos pusiéramos en fila mirando a la pared y que no volviéramos la cabeza ni a la derecha ni a la izquierda. Entonces comenzaron a disparar. Escuché a mi hijo Sami decir Baba (papá) justo un momento antes de que su cabeza estallase en mis brazos. Yo recibí varios disparos en la espalda y perdí el conocimiento.
Cuando desperté, los hombres se habían ido, Salwa mi hija mayor estaba herida pero podía moverse, me ayudó a incorporarme. Suad tenía varios tiros en la espalda, sangraba mucho y no podía moverse, se ha quedado paralítica… mi marido estaba muerto y Layla y Sami y Farid y Bassem… todos muertos.
Dos días y dos noches duró la carnicería. Durante dos días y dos noches las gentes de Sabra y Chatila murieron a golpes de hacha o de machete o acribillados a tiros o reventados con granadas o sepultados bajo los escombros de las casas demolidas por las excavadoras, tres grandes excavadoras cedidas por el ejército israelí a los falangistas, con sus habitantes dentro. Durante dos días y dos noches los que intentaron huir de la matanza fueron obligados a volver atrás, por el ejército israelí.
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas condenó las matanzas con la resolución 521 del 19 de septiembre de 1982, seguida con una resolución de la Asamblea General del 16 de diciembre de 1982, calificando los hechos como acto de genocidio. Quien fue considerado personalmente responsable de este crimen, el entonces ministro de Defensa israelí Ariel Sharon, así como sus subordinados y las personas que llevaron a cabo las masacres jamás han sido perseguidas ni juzgadas por los asesinatos cometidos, en su mayoría de ancianos, mujeres y niños, que, según la procedencia de la información, varía entre los 1.500 y los 3.000 muertos. En su furia asesina los criminales no respetaron ni a los animales domésticos y con idéntica saña ametrallaron a caballos y a perros. Posteriormente derrumbaron muchas viviendas para sepultar a las víctimas entre los escombros.
También nos hablan de ello Jacques-Marie Bourget y Marc Simon, periodistas que estaban allí mismo durante la masacre
La barbarie humana va in crescendo en medio de estos cuerpos. Unos hombres han sido emasculados. Las huellas sobre sus cuerpos demuestran que los han arrastrado con los pies y las manos atados. Al llegar aquí estábamos preparados para descubrir cadáveres. El periodista es el contable de la muerte de los demás. Los carniceros han asesinado con cuchillos, violado. Aquí le han cortado los senos a una madre. Los adolescentes mueren a balazos. Un bebé ha sido aplastado a martillazos, a pedradas o a culatazos. Una pared con impactos demuestra que se ha fusilado a varios hombres. Los cuerpos se hinchan con el calor. Continúa lo increíble … Han destripado a una mujer embarazada, a un niño pequeño lo han cortado en dos y un jirón de carne todavía contiene la otra mitad del cuerpo. Una anciana ha muerto de pie, sujeta por su ropa en las púas de un alambre de espino, colgada como un Cristo sin cruz. Después aparecen dos montañas de cuerpos de niños. Se ha separado a las niñas de los niños. Les han abierto la cabeza a hachazos. Ha tenido lugar una limpieza étnica… Torturados, despedazados, destrozados.
El pasado día 17 de septiembre, entonces, visitamos el monumento que recuerda tales hechos. Había pasado ya el momento del homenaje (mi ley de Murphy es enterarme tarde de este tipo de cosas) pero aún estaban las coronas de flores depositadas en el mismo razonablemente frescas, junto a velas y cintas.
El monumento se encuentra cerca de la plaza de la embajada de Kuwait, más o menos por aquí (nadie se ha preocupado de mandar un coche google a la zona, me temo) pero no está señalado ni nada parecido. Hay que estar muy atenta a la entrada, porque la calle principal siempre está llena de puestos de venta (ropa, pollos, frutas, gafas, dulces, chismes varios) y ocultan la entrada.
Justo al entrar, en un recinto amplio y vacío, hay dos tipos pidiendo limosna. Son dos libaneses, seguramente más jóvenes de lo que aparentan, que están vestidos con unas ajadas ropas de camuflaje y da la sensación de que viven ahí normalmente, a juzgar por el tenderete que tienen montado. Intenté hablar con ellos, pero no conseguí que me contaran mucho de sí mismos.
El aire del lugar no es solemne, al contrario, tiene un aspecto algo descuidado (a pesar que se veía extrañamente limpio, seguro que para la ocasión), pero tal vez de esta manera se hace más dolorosa la visita, porque refleja a la perfección el olvido en el que viven estas personas, que ya no son sólo de Palestina, también hay muchísimas de Siria, libanesas y de los países habituales que proveen de trabajadoras domésticas a la sociedad beirutí.
A esa tristeza (y rabia también) contribuyen las imágenes de la masacre que están visibles en grandes carteles, junto a otras de otras masacres producidas en Líbano con el mismo origen.
Un lugar que no podemos olvidar, sobre todo porque nadie aún ha pasado por los tribunales después de 35 años. Muertes que valen y muertes que se desprecian.
Habíamos oído algo sobre una exposición de libros antiguos en la Biblioteca Nacional libanesa...
Primera sorpresa, ni idea de que existía tal institución en este país.
De modo que nos pusimos a buscar dónde estaba y, hala, segunda sorpresa, resulta que hemos pasado millones de veces por delante sin darnos cuenta de que estaba ahí, a mitad de camino entre Hamra y el centro de Beirut (aún me cuesta trabajo decir eso de Downtown, como si Beirut fuese una localidad del Condado de Pickaway o similar, por poner un ejemplo...).
Así que esta mañana nos hemos plantado allí para ver la exposición y de paso cotillear el edificio, claro.
Resulta que habíamos entendido mal. No había ninguna exposición de libros antiguos, sino de cómo unos artistas han resuelto el encargo, de la propia Biblioteca, de dar utilidad a una tirada de libros sobre fondos de prensa de los siglos XIX-XX que tenían unas erratas ya no subsanables y por lo tanto, no eran aptos para la venta. De eso iba la exposición: la Biblioteca ha entregado la tirada de libros no vendibles a cincuenta y cinco artistas para que cada uno/a hiciese algo con ellos y convertirlos así en obras de arte. El título es Bitasarrof y con ella se pretende conseguir fondos para seguir ayudando a la restauración de la Biblioteca.
Hay quien ha hecho preciosidades, hay quien ha salido del paso cómo ha podido y hay quien se ha limitado a emborronar una página y dejarlo ahí... Pero esta entrada no va de eso. Además, la exposición va a terminar el día 20 de este mes y volverán a cerrar el edificio.
Merece la pena infinitamente más la Biblioteca, que aún no está funcionando como tal porque el edificio lleva sufriendo un proceso de restauración que dura ya casi once años. Pero esperan que en uno o dos esté ya listo...
La Biblioteca está situada en la calle Spears, justo enfrente del Jardín de Sanayeh (léase Sanaya) y forma parte del conjunto arquitectónico otomano -de principios del siglo XX- Hamidi Sanayeh Office of Trade (o sea, las oficinas Sanayeh de comercio, edificadas bajo el mandato del Sultán Abdul Hamid), dedicado a almacén y cuestiones comerciales, aunque también he encontrado por ahí que fue una escuela de Bellas Artes. Una ayuda qatarí de 25 millones de dólares en 2005 ha ayudado a ponerla de nuevo en marcha, además de un convenio con la UE, aunque el destino justo anterior del edificio fue ser Facultad de Derecho (de hecho, es lo que sale en Google Maps), en cuyo atrio han situado la sala de lectura, luminosa y muy bien equipada.
Antes de la guerra de 1975, la Biblioteca Nacional libanesa poseía unos 200.000 libros y manuscritos, que fueron destruidos en su mayoría durante la misma. También se siguen restaurando en la actualidad y ésa es una de las razones por las que aún tardará en abrirse al público.
Los jardines que la rodean son muy agradables, aunque los arbolillos van a tardar en dar sombra, y eso, en el verano beirutí, hace mucha falta. Incluso hay una fuente de mármol estilo otomano
La sorpresa final ha sido encontrar en la exposición una imagen del periódico Le Jour del 1 de enero 1937 abriendo con una noticia sobre la Guerra Civil española mencionando la posible muerte de Pasionaria en el cerco a Madrid y las amenazas alemanas al gobierno vasco:
Otra vez Rafik Schami, o sea, Rafik del Cham (antiguo nombre de Siria y parte del Próximo Oriente).
No puedo decir que no me haya gustado, sería mentir. Pero sí digo que tengo la sensación de que está escrito con cierta premura y hay algunas novedades en el estilo que aún no estoy segura de que hayan mejorado la calidad del escritor. Como en todos sus libros, además de Siria y en concreto Damasco, Beirut tiene un protagonismo destacado.
Lo que se aprecia desde la línea primera es que está escrito desde un conocimiento muy profundo de la realidad siria y que nos puede ayudar a comprender muchas cosas de esta maldita guerra que ya lleva seis años matando a gente inocente.
- Vayamos a comer algo, tengo hambre- propuso Karim al ver un restaurante.
Lo sugirió sobre todo por romper el silencio. Y Salman asintió.
Comieron callados y siguieron su camino. Pasaron junto al centro cultural iraní y no tardaron en llegar a la calle de Yusuf al Azhma. Karim seguía a Salman. Llegaron a la plaza, en cuyo centro se erigía la estatua del mártir al Azhma. Había sido oficial del ejército otomano y el primer Ministro de Defensa de la Siria liberada. Pero esa liberación bajo el mando del príncipe Faisal y de Lawrence de Arabia no había sido más que una bella ilusión. Miles de jóvenes habían perdido la vida en el campo de batalla, cuando hacía tiempo que franceses y británicos se habían repartido las tierras árabes en un pacto secreto. Siria y el Líbano constituían el botín de los franceses.
El ejercito sirio había disuelto previamente la monarquía para que los franceses pudieran ocupar el país sin resistencia. Pero el orgulloso kurdo Yusuf al Azhma no quería someterse y movilizó a la población para que se opusiera a Francia. En 1920 unos tres mil hombres fueron tras él cantando y bailando. Algunos sólo llevaban puñales y narguiles. Los damascenos no libraban una batalla desde hacía siglos. Eran una provincia otomana. Ni siquiera aquéllos con cierta experiencia, los cuatrocientos de la caballería armados con espadas y antiguos fusiles de baqueta, tenían la menor idea de lo que les esperaba. En Maisalún, a unos 25 km. de Damasco, se enfrentaron al moderno y bien equipado ejército francés al mando del general Henri Gouraud. En apenas unas horas, los franceses con sus tanques, aviones y armamento moderno aniquilaron a más de quinientos hombres. Entre los caídos se encontraba Yusuf al Azhma, de treinta y seis años.
Es el único ministro de Defensa de la historia árabe muerto en campo de batalla.
Salman contempló el monumento. Lo rodeaban el caos de la circulación y el hedor del diésel.
El General Yusuf al Azhma, con el uniforme militar de Ministro de Defensa en Siria. Fue asesinado en la batalla, poco después de que se hiciera esta foto, en Maisalún, en la carretera de Beirut a Siria, mientras luchaba contra el ejército francés el 24 de julio de 1920.
La plaza en una foto de antes de 2010. Se encuentra en una de las zonas "pijas" de Damasco. Justo el edificio triangular tenía una tienda Benetton...
El pasado 6 de mayo, en el salón de actos del Museo de San Isidro, estuvo hablando sobre creatividad y disidencia Nawal el Saadawi. Tuve la fortuna de asistir, a pesar de la lluvia y el fresco, que estaban ahí empujando para que me quedara en casa. Fui solica, sin ninguna de mis compañeras habituales en este tipo de eventos, pero sabía que allí iba a encontrar caras amistosas, porque lo organizó todo la Librería Mujeres de la calle de San Cristobal. Y efectivamente así fue, estaba la troupe habitual de la librería y mucha gente más.
Nawal es una yaya, que nació en 1931 y ha tenido una vida de todo, menos cómoda y tranquila. Su manera de dirigirse a la audiencia fue directa, haciéndonos preguntas, planteando dudas y problemas, incluso ofreciendo su puesto en el estrado para dialogar con ella. Nunca había asistido a una conferencia con una ponente semejante, tan interesada en que las asistentes participasen.
Como resultado de esa conferencia, me traje a casa dos libros de ella. No son recientes, están escritos en los años 70, pero no han perdido un ápice de actualidad, lamentablemente.
Voy a poner una cita del que se titula Mujer en punto cero. Está editado en la Colección Femineras de la editorial horas y HORAS, y fue escrito en 1975.
Allí tenía una amiga que se llamaba Wafiya. Su cama estaba al lado de la mía. Cuando se apagaban las luces, acercaba mi cama a la suya y nos quedábamos charlando hasta la medianoche. Ella me hablaba de un primo de quien se había enamorado y que también la quería y yo le hablaba de mis esperanzas para el futuro. No tenía nada que contar sobre mi pasado o mi infancia y ningún amor, ni nada parecido en el presente. Sólo podía hablarle de cosas relacionadas con el futuro. Todavía era mío y podía decidir libremente sobre él y moldearlo a mi antojo.
A veces imaginaba que sería médica o ingeniera, o abogada o jueza. Y un día todo el colegio salió a la calle para participar en una gran manifestación contra el gobierno. Sin saber cómo, me encontré subida en hombros de las chicas mientras gritábamos:
-¡Abajo el gobierno!
Cuando regresé al colegio tenía la voz ronca, el pelo revuelto y varios desgarrones en la ropa, pero me pasé toda la noche imaginando que sería una gran dirigente política o jefa de Estado.
Cómo no engancharse con Rafik Schami, si escribe magia pura. En este caso el libro es El secreto del calígrafo, de EDICIONES SALAMANDRA, publicado en 2009. Otra vez Damasco, incluso aparecen Tahia Carioca y Samia Gamal, ahí es nada. Una manera de pasear por la ciudadela y los barrios que rodean la mezquita omeya. Y muchas cosas más que nos pueden ayudar a comprender la vida en Siria durante los años 50 del siglo XX y acercarnos al sufrimiento actual de sus habitantes:
La ciudad vieja de Damasco aún estaba envuelta en el gris manto del amanecer cuando un increíble rumor llegó describiendo círculos hasta las mesas de los pequeños fogones y los primeros clientes de las panaderías: Nura, la bella esposa del respetado y acomodado calígrafo Hamid Farsi, había huido.
[...]
El imán Rami Arabi, padre de Nura, estaba agotado desde octubre porque, además de las cinco oraciones oficiales, tenía que dirigir en su pequeña mezquita a grupos de hombres que entonaban canciones religiosas hasta el amanecer para apaciguar a Dios y pedir la lluvia. [...] Se trataba de cantos lacrimosos que al imán Rami no le gustaban, porque se hallaban a un paso de la superstición. Ésta se apoderaba de las personas como si fuera un hechizo. No eran individuos sin formación, sino hombres prestigiosos que creían que las columnas de la vecina mezquita llorarían conmovidas al oir la oración del imán Hussein Kiftaros, personaje medio analfabeto de gran turbante y larga barba.
Rami Arabi sabía que las columnas jamás lloran, sino que con el frío condensan en gotas del agua el aire que respiran los orantes. Pero no podía decirlo. Debía tolerar la superstición para que los analfabetos no perdieran la fe; eso le decía a su mujer.
La calle Recta de Damasco, cerca de la Puerta del Este o Bab Sharqui, que es el arco que se ve al fondo. En primer plano, las basas de las columnas romanas que formaban parte, en su momento, del Decumanus Maximus, que recorría la cuidad de Este a Oeste
Marcela aparece en el capítulo XIV del Quijote, Libro I. Como hoy es el 23 de abril de 2016, pues traigo este párrafo del citado libro y el discurso de Marcela.
A Marcela la responsabilizan de la muerte de Grisóstomo, el pastor estudiante, por negarse a responder a sus demandas amorosas. Marcela era la más honrada y hermosa mujer que hubo en los contornos, pero no quería casarse, a pesar de las propuestas que tenía. Es más, un día decide hacerse pastora y salir al monte, con las demás zagalas de la localidad, a cuidar a su ganado. Pasando de mozos y caballeros, de propuestas de amores y de matrimonios.
Pero Grisóstomo no resistió las negativas y además de morirse de amores, compone una canción en la que directamente la acusa de morirse por su culpa.
Pero Marcela responde con el siguiente discurso:
Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura; y, por el amor que me mostráis, decís, y aun queréis, que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama. Y más, que podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo, y, siendo lo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal el decir “Quiérote por hermosa; hasme de amar aunque sea feo”. Pero, puesto caso que corran igualmente las hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos, que no todas hermosuras enamoran; que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad; que si todas las bellezas enamorasen y rindiesen, sería un andar las voluntades confusas y descaminadas, sin saber en cuál habían de parar; porque, siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habían de ser los deseos. Y, según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario, y no forzoso.
Siendo esto así, como yo creo que lo es, ¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien? Si no, decidme: si como el cielo me hizo hermosa me hiciera fea, ¿fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amábades? Cuanto más, que habéis de considerar que yo no escogí la hermosura que tengo; que, tal cual es, el cielo me la dio de gracia, sin yo pedilla ni escogella. Y, así como la víbora no merece ser culpada por la ponzoña que tiene, puesto que con ella mata, por habérsela dado naturaleza, tampoco yo merezco ser reprehendida por ser hermosa; que la hermosura en la mujer honesta es como el fuego apartado o como la espada aguda, que ni él quema ni ella corta a quien a ellos no se acerca. La honra y las virtudes son adornos del alma, sin las cuales el cuerpo, aunque lo sea, no debe de parecer hermoso. Pues si la honestidad es una de las virtudes que al cuerpo y al alma más adornan y hermosean, ¿por qué la ha de perder la que es amada por hermosa, por corresponder a la intención de aquel que, por sólo su gusto, con todas sus fuerzas e industrias procura que la pierda?
Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos. Los árboles destas montañas son mi compañía, las claras aguas destos arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado y espada puesta lejos. A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras. Y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado alguna a Grisóstomo ni a otro alguno, el fin de ninguno dellos bien se puede decir que antes le mató su porfía que mi crueldad. Y si se me hace cargo que eran honestos sus pensamientos, y que por esto estaba obligada a corresponder a ellos, digo que, cuando en ese mismo lugar donde ahora se cava su sepultura me descubrió la bondad de su intención, le dije yo que la mía era vivir en perpetua soledad, y de que sola la tierra gozase el fruto de mi recogimiento y los despojos de mi hermosura; y si él, con todo este desengaño, quiso porfiar contra la esperanza y navegar contra el viento, ¿qué mucho que se anegase en la mitad del golfo de su desatino? Si yo le entretuviera, fuera falsa; si le contentara, hiciera contra mi mejor intención y prosupuesto. Porfió desengañado, desesperó sin ser aborrecido: ¡mirad ahora si será razón que de su pena se me dé a mí la culpa! Quéjese el engañado, desespérese aquel a quien le faltaron las prometidas esperanzas, confíese el que yo llamare, ufánese el que yo admitiere; pero no me llame cruel ni homicida aquel a quien yo no prometo, engaño, llamo ni admito.
El cielo aún hasta ahora no ha querido que yo ame por destino, y el pensar que tengo de amar por elección es escusado. Este general desengaño sirva a cada uno de los que me solicitan de su particular provecho; y entiéndase, de aquí adelante, que si alguno por mí muriere, no muere de celoso ni desdichado, porque quien a nadie quiere, a ninguno debe dar celos; que los desengaños no se han de tomar en cuenta de desdenes. El que me llama fiera y basilisco, déjeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama ingrata, no me sirva; el que desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta desconocida ni los buscará, servirá, conocerá ni seguirá en ninguna manera. Que si a Grisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato? Si yo conservo mi limpieza con la compañía de los árboles, ¿por qué ha de querer que la pierda el que quiere que la tenga con los hombres? Yo, como sabéis, tengo riquezas propias y no codicio las ajenas; tengo libre condición y no gusto de sujetarme: ni quiero ni aborrezco a nadie. No engaño a éste ni solicito aquél, ni burlo con uno ni me entretengo con el otro. La conversación honesta de las zagalas destas aldeas y el cuidado de mis cabras me entretiene. Tienen mis deseos por término estas montañas, y si de aquí salen, es a contemplar la hermosura del cielo, pasos con que camina el alma a su morada primera.
Éste es el título de uno de los libros escritos por mi queridísima profesora Mª Ángeles Querol Fernández. Tuve el placer de asistir a sus clases de Geología del Cuaternario y Culturas Paleolíticas, asignaturas en las que, a pesar de lo árido del nombre, aprendimos a tallar sílex, a distinguir los horizontes de los suelos y que el agua tiene una sola costumbre: el ir siempre hacia abajo. Por cierto, echando un vistazo a las asignaturas actuales del Grado en Arqueología de la UCM, no ven nada de Geología y verdaderamente es una pérdida, porque se aprenden un montón de cosas bien interesantes.
Este libro Adan y Darwin está publicado con el número 5 en la serie Arqueología Prehistórica de la Editorial Síntesis en 2001. Su objetivo es demostrar que a pesar de los avances en la investigación sobre la Evolución Humana y de las técnicas novedosas que se vienen aplicando en datación, excavación y demás tareas, la génesis humana, tal como se ha venido contando en los libros de texto y en las Universidades ha cimentado las bases de la sociedad capitalista occidental, es decir, esta historia ha contribuido a edificar ideas como la diferencia individual sobre la grupal, la defensa de la acumulación de riquezas y especialmente, del poder del patriarcado.
Ahí va la cita:
A finales del siglo XIX el paradigma de la mujer débil y frágil creado por el Romanticismo y la burguesía occidental, había llegado a sus cotas más altas. Nadie podía imaginar a las mujeres realizando trabajos duros -a pesar de que continuaba siendo tan campesina como siempre-, transportando pesos o batiendo récords olímpicos. Por el contrario, en ella todo debía ser mansedumbre, pureza y recato. Esto tenía que ser certificado de alguna manera, con ese certificado perfecto e irrebatible que da el Pasado cuando lo dice alguien que maneja los pensamientos y las palabras.
En este caso, he elegido dos citas del libro Modelos de mujer, de Almudena Grandes, publicado en la Colección Andanzas de Tusquets. Además de haber estudiado Prehistoria, como yo, siempre he encontrado en los textos de Almudena Grandes enormes similitudes con vivencias propias o ideas que me rondan la cabeza y que no soy capaz de expresar hasta que las leo escritas de su mano. Por ejemplo, estas citas.
Ésta primera hace referencia a las sensaciones de una niña mediterránea, como yo lo fui, la primera vez que se enfrenta a las aguas del Cantábrico y las opiniones de quien por lo general, ha pasado sus veranos en la Cornisa:
Un par de meses más tarde conocí a mi segundo novio, que se llamaba Borja y tenía un velero atracado en Mallorca y una intensa predilección por las terrazas de Pozuelo, en una de las cuales me tropecé con Charlie, que había dejado de estudiar para montar un gimnasio, y él me presentó a su primo Jacobo, cuyo padre, eterno aspirante a la presidencia del Real Madrid, me invitó un año a veranear en la inmensa mansión que poseía a orillas del Cantábrico, en una playa espléndida, blanca y desierta, donde no me atreví a bañarme ni una sola vez en todo un mes, porque la temperatura del agua amorataba los dedos de los pies, aunque eso no debía importarme, porque veranear en el Mediterráneo, por lo visto, también era una paletada, con la única excepción de las Baleares, que tenían un pase.
Esta otra cita describe muy bien las sensaciones cuándo alguien me pregunta sobre mi interés por el árabe y cuando tengo que desenvolverme en ambientes algo estirados...
Hizo un gesto para invitarme a pasar y ya en el recibidor tuve la sensación de que acababa de cambiar de revista, como si hubiera caído por accidente dentro de las páginas de cualquier suplemento de decoración, de esos que regalan un par de veces al año todas las publicaciones llamadas femeninas. El salón que me acogió estaba tan impecablemente maquillado, peinado, vestido, que casi daba pena sentarse.
—¿Por qué hablas ruso? —me espetó a bocajarro, y por primera vez
sospeché que quizá su radiante sonrisa no fuera más que el escudo de una perenne perplejidad.
—Porque estudié filología eslava. —Supuse que esta breve respuesta zanjaría la cuestión pero me equivoqué. Ella no solía tener bastante con una sola respuesta.
—¿Y por qué?
—Pues... porque me interesa mucho la literatura rusa del siglo XIX, y la Revolución del 17, y porque me atrae el este de Europa, y no sé...
Porque el ruso es una lengua importante y me apetecía conocerla.
El blog Beirut resiste tiene la buena costumbre de incluir citas de libros. Me parece una práctica harto saludable, así que me copio y aquí está una cita de uno de los libros que más me ha gustado de todos los que he leído hasta el momento.
El autor es Rafik Schami, el libro se llama Damascus Nights o Noches de Damasco. Lo he leído en inglés, porque la traducción que he visto al castellano no me gustó nada, demasiado literal; lo han titulado Narradores de la noche, como el original, escrito en alemán, Erzähler der nacht, en 1989. Pero si podéis leerlo en inglés, mucho mejor, creo que la referencia a la Madinat al Yasmin está muy bien traida. Está publicado por distintas editoriales, por eso no pongo referencias.
He traducido yo misma este cachito, de modo que todas las críticas sean para mí. Lo he elegido en honor a mis peques refugiados, porque las primeras veces que les vi decir no a la manera damasquina, no comprendí nada. Ahora, yo lo hago también...
Salim arqueó sus pobladas cejas, como hacen los damasquinos para decir no con el menor esfuerzo posible. Nadie más que ellos, según se cuenta, hubiera podido inventar ese peculiar acto de vaguería, ese modo de decir no sin mover la cabeza siquiera. Los más diligentes de entre todos los árabes dicen la palabra No. Aquéllos más proclives a la comodidad elevan un poco la cabeza y chasquean la lengua a la vez. Pero los más vagos de entre todos los damasquinos vagos simplemente arquean sus cejas, sin decir ni mú. Así lo hizo Salim durante toda su vida.
[...]
Mientras tanto, las mujeres del vecindario habían conspirado para hacer una copia de la llave de la casa del Sr. John. Acogieron a la Sra. John bajo su protección y le depilaron las piernas, como hacen nuestras mujeres. Todas se divirtieron muchísimo. Le enseñaron a bailar la danza árabe y también a burlarse de los hombres con socarronería. ¡Tío Salim, las cosas que llegan a decir las mujeres sobre los hombres en esas reuniones... te llenarías de canas sólo de oírlas!
Una semana más tarde el inglés [Sr. John] volvió a su casa y se encontró a su mujer, digamos... algo cambiada. Muy descarada y mimosa a la vez, enseñándole las piernas y burlándose de su piel blanca.
El Sr. John, muy preocupado, le preguntó ¿Has estado hablando con los damasquinos?. Su esposa le miró sin decir ni pío... y lentamente arqueó sus cejas.