viernes, 17 de febrero de 2012

domingo, 12 de febrero de 2012

La Pietà yemení



















Foto de Samuel Aranda, premio Word Press, imagen tomada en el Yemen.
IMPRESIONANTE.

sábado, 4 de febrero de 2012

Femmina accabadora

Ayer, leyendo esta entrevista, me dio mucha curiosidad la figura que cita de la femmina accabadora. Estuve buscando cosas por ahí sobre ella y aunque no es mucho, aquí dejo estas notas.

La expresión sarda femina accabadora o femina agabbadòra define en Cerdeña a la mujer que era solicitada por una persona con una enfermedad incurable o su familia, para practicar la eutanasia. Normalmente se simplificaba el nombre usando el término accabadora (s'accabadóra  "la que termina", palabra que probablemente deriva del español acabar). Se trataba de una práctica no remunerada ya que era totalmente contraria a los dictados de la religión católica, propia de esta sociedad, aunque nunca faltaba una entrega de sal, harina, manteca de cerdo u otros productos de primera necesidad a cambio.

Solían usar varios métodos para su práctica: entraba en la habitación del moribundo, vestida de negro con el rostro cubierto y que causaba la muerte por asfixia con una almohada, o pegando un golpe certero en la frente o en la nuca del enfermo con un bastón de madera de olivo (su mazzolu); a veces estrangulaba colocando el cuello del enfermo entre sus piernas. Antes de todo el proceso, se quitaban las imágenes de contenido religioso que hubiera en la alcoba donde iba a realizarse esta práctica, lo mismo todos los objetos personales del moribundo, porque se creía que de esta manera era más fácil y menos dolorosa la separación del espíritu del cuerpo.

Los instrumentos que utilizaba fueron una especie de martillo de madera de olivo, en forma de letra T (se ve en la foto, sobre la almohada). Hay evidencias de su práctica en los años veinte del siglo pasado (en Luras y en Oristano). 



Sorprende bastante el silencio de la Iglesia sobre esta práctica, puesto que era imposible que los párrocos la desconocieran y no la denunciaran, ya que las autoridades eclesiásticas se habían opuesto abierta y públicamente a ritos menos violentos que este.

La accabadora solía ser una viuda sola e indigente, que se mantenía de las limosnas de los vecinos y no era raro verlas vestidas de negro, mendigando pan por las localidades donde vivían, aún en torno a 1.960.

Hay referencias a la práctica de la eutanasia activa o simbólica en otras zonas del Mediterráneo, en particular en Salento. Un conocido autor italiano, Saverio La Sorsa, nacido en 1877, cita su presencia en distintas islas por todo el mar.

La tarea de la Accabadora no estaba mal considerada socialmente, al contrario, era vista por la comunidad como un gesto compasivo, como la ayuda al cumplimiento del destino. Su acto es el fin benévolo de una vida que sufre. Es más, se la consideraba como la última madre. Curiosamente, solían actuar de parteras también...

Es decir, que se trata de una práctica que nos pone de frente ante la idea de la mujer como inicio y fin de la vida de las personas, que nos habla de una práctica que probablemente tiene miles de años de antigüedad y que resulta cuanto menos llamativo el silencio que hay sobre su papel social. A la vez necesario y a la vez tapado con velos negros.

Hay todo un museo dedicado a ellas http://www.galluras.it/ en Luras y me pregunto si determinadas piezas prehistóricas de forma similar, que no tienen una funcionalidad bien determinada, pudieron cumplir semejante misión.