sábado, 7 de febrero de 2015

La triste historia de las bailarinas criselefantinas Art Deco

Criselefantina es la palabra técnica que define las dos materias primas principales de cualquier objeto, pero normalmente se aplica a una escultura. Es una palabra formada por la unión de dos términos griegos: χρυσός chrysos, oro, y ελεφάντινος  elephantinos, marfil. Es decir, que criselefantina se refiere a una pieza hecha con estos dos materiales, aunque pueda llevar más en su composición.

Es una manera de trabajar que ya la encontramos alrededor del II milenio a.C. en el contexto mediterráneo minoico, Pero su gran desarrollo se produce a partir de la etapa Arcaica de Grecia, alcanzando su máximo esplendor durante la Clásica. Aunque ya no existen, podemos considerar como máximas exponentes de esta técnica dos figuras criselefantinas esculpidas por Fidias, la de Atenea Parthenos, para el Partenón de Atenas (13 m. de alta), comenzada en el 447 a. C. y finalizada en el 456 a. C. y la estatua sentada de 12 m de Zeus, para el templo de Olimpia, considerada una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Ambas se conocen gracias a los textos con descripciones de las mismas y a las copias en otros materiales que se hicieron en su época.


Atenea Parthenos


Normalmente estas esculturas daban medida del poderío económico que sustentaba a la sociedad que las creaba y por eso, solían colocarse en los templos, centros de poder y receptores de las riquezas que esa sociedad generaba. Ni el oro ni el marfil son materiales baratos, nunca lo han sido y de ahí se deriva el hecho de que tales obras hayan tenido una distribución muy restringida.

Con las conquistas coloniales del siglo XIX, se amplía la capacidad de poder conseguir ambas materias, convirtiéndose en objeto de deseo de las burguesías industriales europeas y norteamericanas. Hasta entonces, el uso del marfil se limitaba a objetos pequeños por falta de materia prima y el oro quedaba al alcance de poca gente. Buena parte del marfil llegado a Europa y Norteamérica procedía del Congo, África. que durante el período en que fue administrado por Leopoldo II de Bélgica -puesto que ese territorio era propiedad privada del rey citado- fue objeto de una explotación sistemática e indiscriminada de sus recursos naturales, especialmente el marfil y el caucho, para lo que se utilizó exclusivamente mano de obra local en unas espeluznantes condiciones de esclavitud.

El control sobre la población se realizó mediante un régimen de terror, en el que fueron frecuentes los asesinatos en masa y las mutilaciones. La atrocidad más común era el corte de las manos a la altura de las muñecas. Las manos cercenadas se volvieron tan comunes, que los capataces y negreros las usaban como moneda informal.


Esta terrible explotación masiva de los recursos cambió radicalmente el acceso al marfil en Europa, de modo que Edmon Van Eetvelde, secretario de Estado belga en el Congo, incentivó el consumo de marfil entre los artistas vendiéndolo a precio muy bajo o incluso regalándolo, evento que coincidió con el momento de auge y expansión del movimiento artístico conocido como Modernismo (en España) o Art Decó (Bélgica, Francia) y el descubrimiento de la tumba del faraón Tutanjamón, lo que desplegó en toda Europa un furioso interés por Egipto y Oriente en general.




Tales facilidades promovieron la creación, en los años 20-30 del siglo XX, de unas estatuillas muy apreciadas, hechas con estos materiales (oro y marfil de elefante) y muy demandadas desde entonces. Por puras razones de mercado, se prefirió distinguir entre las criselefantinas puras, las realizadas con bronce y marfil y las realizadas con calamina y resinas, de difícil identificación a ojos inexpertos. Incluso, posteriormente, con la aparición de los plásticos, se lanzaron producciones realizadas con materiales baratos: todo el mundo quería una figurita de éstas, pero pocos podían pagar su precio. Como uno de los objetivos del Art Decó fue llevar el diseño y el arte a las producciones industriales, se halló aquí un campo de expansión fundamental.


La expresión del movimiento se puede considerar como el rasgo más importante de las estatuillas criselefantinas Art Decó.


Entre los artistas que destacaron produciendo esculturas criselefantinas sobresale Demetre Chiparus, que quizás ha sido el autor más famoso y cuyas obras son he puesto en esta entrada mayoritariamente. De hecho, su estudio de la figura femenina tuvo una influencia enorme en la materialización del ideal femenino (para las mentes masculinas) de los años 20: una mujer ágil, atlética, que viste trajes de inspiración oriental y es totalmente distinta al modelo victoriano anterior.


Las figuras más demandadas fueron las que reflejaban un aire oriental exótico, muy del gusto de la época, inspiradas en las representaciones de Schérazade por la Compañía del Ballet Ruso, dirigidas por Sergei Diaghilev, en París. Esculpieron también artistas auténticas, como Isadora Duncan o Josephine Baker, a la que copiaron sus coreografías y posiciones más llamativas. Demetre Chiparus (1886-1947) rumano que trabajó en París (en la fundición Etling) y desarrolló enormemente la técnica de elaboración de estas estatuillas.






Como puede verse en las ilustraciones, muchas representan también la imagen de las primeras bailarinas de danza oriental que se conforman en Occidente, con toda la carga emocional que eso supuso. Siempre me gustaron mucho, supongo que por lo evocadoras que son. Ahora bien, lo que más me ha llamado la atención al escribir este texto es la terrible historia que hay detrás del origen de estas hermosas obras. Creo que de ahora en adelante no podré mirarlas de la misma manera.

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