miércoles, 7 de diciembre de 2016

Peques en el Líbano

Por esas cosas que pasan, me encuentro ahora mismo relacionada con dos ámbitos educativos muy distintos.

Uno es de los considerados estupendos en este territorio: privado, internacional, carísimo y de rancia tradición. En un paraje excelso. Con ilustre ex-alumnado y estudiantes que acuden de distintas partes del mundo. En este centro educativo pasan cosas chocantes, como la diferente percepción que tienen los citados estudiantes y el resto de la comunidad educativa y sociedad local (con algunas excepciones) del centro en cuestión: los primeros no andan muy contentos en general... En ese cole intento enseñar Lengua y Cultura Ejjpañolas. Sus estudiantes al principio inician una batalla para ver hasta dónde pueden llegar contra ti, como docente novata y responden de manera inesperada cuando ven que no actúas como la mayoría de los otros profes, es decir, con la cara avinagrada y a gritos ante sus provocaciones. 


Podría decir que está resultando casi mágico ver cómo poco a poco van abriendo sus cabezas y sus bocas para contar cosas sobre su vida escolar que no hubiera imaginado nunca que iban a decir. Hoy, por ejemplo, he podido escuchar las siguientes frases:
  • Aquí, si sufres acoso escolar, es mejor callarse. Todo el mundo dice que es algo malo, pero si les cuentas que te está sucediendo, no hacen nada y encima te cae una bronca por hablar.
  • Pues a mi me gusta acosar porque me siento poderoso (literal)
  • El acoso escolar es una manera de prepararte para la vida real.
Hay estudiantes que, por sus trayectorias vitales, han vivido en mil y un lugares, en internados, hablan varios idiomas con mucha fluidez e incluso tienen dos nacionalidades, a veces ninguna libanesa. A pesar de las pocas ganas de estudiar que suelen demostrar, es posible percibir en ellos el entrenamiento académico que han tenido desde pequeños, cómo demandan conocimientos de manera exhaustiva y los absorben sin demasiadas dificultades. Su principal problema es la vaguería infinita que les provoca el uso de los distintos aparatos electrónicos que poseen y da mucho coraje ver tanto talento desperdiciado por el exceso de comodidades que les rodea.

El otro centro educativo con el que tengo relación es el de refugiados al que acudo como voluntaria, en uno de los barrios más deprimidos de Beirut y a cuyo patio los cristianos vecinos tiran basuras porque les molesta el ruido de los niños y porque, además, no les gusta que haya colegios para este tipo de gente. También es muy sorprendente tratar con estos peques. 

Hay estudiantes que por sus trayectorias vitales no saben qué es ir al colegio, porque la mayoría ha nacido con la guerra empezada y nunca han pisado ni guarderías ni escuelas ni nada parecido. Por lo tanto, hay cosas básicas que no saben, como hacer filas para esperar turno, enfrentarse a una hoja de papel en blanco o simplemente saber que van a estar ahí un rato y luego van a regresar con sus familias. Lloran mucho y hasta que no vuelven a ver a sus madres no se tranquilizan.

Es casi mágico ver cómo asoman sus caracteres y su naturaleza: gente menuda solidaria que comparte la meriendita con otros peques y cuidan de sus hermanxs más pequeñxs. También están los cabrones que aprovechan cualquier oportunidad para quitar la comida al prójimo o sacudir a gusto a quien mejor les parece. Incluso hay quien aprovecha cualquier debilidad del otro para hacer maldades, como a un peque de cuatro años que no habla y camina malamente (lleva unas botitas especiales que le ayudan a sostenerse, parece tener parálisis cerebral o algo similar) al que tenemos que vigilar especialmente porque le suelen empujar para ver cómo se cae, por diversión.


Están aprendiendo a leer y escribir, también inglés, francés y todas las asignaturas que se dan en la enseñanza primaria/secundaria, para que puedan estar al mismo nivel que los estudiantes libaneses cuando accedan a ella.

A pesar de las vidas tan perras que llevan, es posible percibir en ellos el ansia de saber que se les desarrolla cuando se dan cuenta de sus capacidades, demandan conocimientos de manera exhaustiva y los absorben como esponjas, sin muchas dificultades. Su principal problema es la frustración que les provoca la falta de medios (no es raro verles hacer deberes en el mismo colegio, porque en sus casas no hay luz o materiales para estudiar, incluso he llegado a verles sentaditos en la calle con sus cuadernos) y da mucho coraje ver tanto talento desperdiciado por la indecente penuria socioeconómica que les rodea.

martes, 6 de diciembre de 2016

Eid al Barbara

Pues ayer hemos celebrado Eid al Barbara, o lo que es lo mismo, Santa Bárbara, que se celebra mucho en esta parte del mundo conocida como Próximo Oriente (próximo según para quién claro...) durante la tarde-noche del día cuatro de diciembre. Es una fiesta especialmente famosa aquí en el Líbano, pero también se celebra en Turquía, Siria, Palestina, Jordania y Egipto.

La celebración del Eid al Barbara es una tradición muy antigua entre los cristianos de esta zona y se supone que recuerda las persecuciones que sufrieron los seguidores de esta fe en los primeros momentos de su expansión. Pero la verdad es que no está muy claro el origen, porque también es una festividad que ha absorbido elementos muy tardíos, propios de otras culturas, como el Jalogüín, haciendo de ella una celebración parecida a la propia sociedad libanesa, o sea, tipo amalgama.

La leyenda de Santa Bárbara más difundida en el Líbano es algo diferente a la versión europea. Además, esta libanesa toma prestadas también algunas características de la historia de otra santa, en este caso siria, Mar Takla de Maaloula, o sea, Santa Tecla: ambas huyeron y la naturaleza les ayudó en su escapada, aunque siempre terminan por ser capturadas y asesinadas de manera espeluznante...

La verdad es que Santa Bárbara carece de referencias escritas en los primeros textos cristianos y debido a las dudas que planteaba su leyenda, fue retirada del calendario litúrgico del rito romano en el año 1969. Se dice que vivió alrededor del año 300 d.C. Pero los inventarios de los mártires no la mencionan hasta el siglo VII, dándole gran repercusión en la Edad Media. Se dice que sus reliquias se conservan en una iglesia edificada en torno al año 684 d.C. en El Cairo. Bárbara vivió en la ciudad de Heliópolis (Izmet, Turquía según otras fuentes) a principios del siglo III y su martirio tiene que ver con su conversión a una religión distinta a la familiar o con la huida ante un matrimonio concertado. 

La práctica más corriente en Eid el Burbara se inspira en esta leyenda: mientras que huía de la persecución a la que estaba siendo sometida, Barbara se disfrazó en varias ocasiones para despistar a los perseguidores y corrió a través de un campo de trigo recién plantado, que creció instantáneamente para ocultarles su paso. Por eso se llevan máscaras (como si fuera Carnaval) y se come un guiso dulce de granos de trigo aromatizados con azahar y azúcar, el amah. También se ponen a germinar algunos granos de trigo (o garbanzos, cebada, alubias, lentejas, etc.) entre algodón húmedo el mismo día de la fiesta, de modo que los brotes pueden utilizarse más tarde para decorar los belenes que se ponen en las casas.




La canción هاشلى بربارة hashli barbara (Escápate Bárbara) por la cantante libanesa Sabah, fallecida no hace mucho, con mawal incluido. La canción va narrando la huída de Bárbara y como al final es reconocida por sus ojos y por las pulseras que llevaba.


Algunos de los peques del cole, con sus máscaras para la celebración.

domingo, 13 de noviembre de 2016

La Biblioteca Nacional libanesa

Habíamos oído algo sobre una exposición de libros antiguos en la Biblioteca Nacional libanesa...

Primera sorpresa, ni idea de que existía tal institución en este país. 

De modo que nos pusimos a buscar dónde estaba y, hala, segunda sorpresa, resulta que hemos pasado millones de veces por delante sin darnos cuenta de que estaba ahí, a mitad de camino entre Hamra y el centro de Beirut (aún me cuesta trabajo decir eso de Downtown, como si Beirut fuese una localidad del Condado de Pickaway o similar, por poner un ejemplo...). 

Así que esta mañana nos hemos plantado allí para ver la exposición y de paso cotillear el edificio, claro.

Resulta que habíamos entendido mal. No había ninguna exposición de libros antiguos, sino de cómo unos artistas han resuelto el encargo, de la propia Biblioteca, de dar utilidad a una tirada de libros sobre fondos de prensa de los siglos XIX-XX que tenían unas erratas ya no subsanables y por lo tanto, no eran aptos para la venta. De eso iba la exposición: la Biblioteca ha entregado la tirada de libros no vendibles a cincuenta y cinco artistas para que cada uno/a hiciese algo con ellos y convertirlos así en obras de arte. El título es Bitasarrof y con ella se pretende conseguir fondos para seguir ayudando a la restauración de la Biblioteca.

Hay quien ha hecho preciosidades, hay quien ha salido del paso cómo ha podido y hay quien se ha limitado a emborronar una página y dejarlo ahí... Pero esta entrada no va de eso. Además, la exposición va a terminar el día 20 de este mes y volverán a cerrar el edificio.


Merece la pena infinitamente más la Biblioteca, que aún no está funcionando como tal porque el edificio lleva sufriendo un proceso de restauración que dura ya casi once años. Pero esperan que en uno o dos esté ya listo...

La Biblioteca está situada en la calle Spears, justo enfrente del Jardín de Sanayeh (léase Sanaya) y forma parte del conjunto arquitectónico otomano -de principios del siglo XX- Hamidi Sanayeh Office of Trade (o sea, las oficinas Sanayeh de comercio, edificadas bajo el mandato del Sultán Abdul Hamid), dedicado a almacén y cuestiones comerciales, aunque también he encontrado por ahí que fue una escuela de Bellas Artes. Una ayuda qatarí de 25 millones de dólares en 2005 ha ayudado a ponerla de nuevo en marcha, además de un convenio con la UE, aunque el destino justo anterior del edificio fue ser Facultad de Derecho (de hecho, es lo que sale en Google Maps), en cuyo atrio han situado la sala de lectura, luminosa y muy bien equipada. 




Antes de la guerra de 1975, la Biblioteca Nacional libanesa poseía unos 200.000 libros y manuscritos, que fueron destruidos en su mayoría durante la misma. También se siguen restaurando en la actualidad y ésa es una de las razones por las que aún tardará en abrirse al público.



Los jardines que la rodean son muy agradables, aunque los arbolillos van a tardar en dar sombra, y eso, en el verano beirutí, hace mucha falta. Incluso hay una fuente de mármol estilo otomano


La sorpresa final ha sido encontrar en la exposición una imagen del periódico Le Jour del 1 de enero 1937 abriendo con una noticia sobre la Guerra Civil española mencionando la posible muerte de Pasionaria en el cerco a Madrid y las amenazas alemanas al gobierno vasco:



Para saber más:

Web de la Biblioteca Nacional libanesa.

Beirut Report, un blog interesante.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Melisa siria

Desde hace unos días estamos algo jodidxs por un virus libanés que nos ha agarrado bien la garganta y los bronquios. Esto, unido a la contaminación atroz del aire (lleva sin llover ni sabe y no parece que esto vaya a cambiar, por ejemplo hoy estamos a 25 gradetes y soleado...) nos hace parecer trolls moqueantes todo el rato.

He llegado a quedarme sin voz y las toses que me dan a veces llevan a la gente a volver la cabeza para ver si me voy a ahogar en ese mismo momento.

Mi barrio está lleno de familias sirias, que viven en los edificios en construcción donde trabajan los hombres y ya, después de un año de andar pasando por ahí, intercambiamos saludos y sonrisas. Así me pilló uno de esos golpes de tos horrorosos.

La reacción de una de las mujeres, jovencísima y embarazada, fue inmediata: me pidió que esperase un momento, tiró para dentro de su cuchitril -la entrada cubierta con mantas- y salió con un ramillete de hierbas secas que olía muy bien.

Mientras me lo ofrecía sonriendo, me dijo que era مليس السوري (melisa siria) y con gestos me indicó que ayudaba con la tos, si la tomaba con miel عسل. Esto lo pillé porque ya voy sabiendo algunas palabras de la vida cotidiana en árabe levantino y miel es una de ellas.

Me quedé de piedra, esta gente apenas tiene para sobrevivir con las cuatro perras que les pagan, son lo más desgraciado de entre los desgraciados: sin derechos civiles, ni salarios decentes, ni viviendas dignas ni nada parecido. Tanto es el odio que generan, que hasta han tenido que abrir un turno especial en las escuelas públicas para que los niños refugiados dejen de recibir las palizas o el acoso que venían sufriendo al estudiar con la población libanesa.

Pero ahí estaba ella, con su barrigón y sus ropas de colores chillones, con el ramito de melisa siria en la mano, recalcando varias veces que era de Siria de verdad, marchamo de calidad y su sonrisa estupenda mientras me la ofrecía.

Así que cogí el ramito, le di las gracias sonriendo también y al llegar a casa me hice la infusión con miel, tal como ella me dijo que hiciera.

Y me sentí muy bien.




domingo, 6 de noviembre de 2016

El Museo de los Recuerdos de Palestina

Ayer tuve noticia de la detención ilegal y salvaje de mi amigo Salah Khawaja en su casa de Ramallah. Salah es un activista pacífico del BDS y cuando le conocí en Beirut el año pasado, me pareció un gran tipo. Entre otras cosas, nos contó que se temía lo que finalmente ha sucedido.

Por eso le dedico esta entrada sobre un pequeño museo que apenas recibe visitas, pero que guarda Historia Viva entre sus paredes.

Se trata del Museo de los Recuerdos de Palestina, situado en una de las callejuelas del campamento de Chatila (hoy barrio beirutí) al que es necesario llegar acompañado por su fundador, porque no hay muchas indicaciones que permitan encontrarlo facilmente. Digamos que el urbanismo de Chatila, lo mismo que el de Sabra o el de Burj al Barajneh, no forma parte del modelo reticular planificado...

Fue creado por iniciativa del doctor Muhammad al Khatib (léase jatíb, que la kh en la transcripción fonética del árabe al inglés representa el sonido jota, ausente en el idioma anglosajón pero presente en el árabe y en castellano) en el año 2004, con piezas que voluntariamente fueron entregando las familias del entorno, cómo medio de dar a conocer esos objetos de la vida cotidiana que usaban antes de 1948.


Esta pintada es único cartel visible que permite identificar que se ha llegado al Museo. Repárese también en los laberintos de cables eléctricos que suelen matar a la gente cuando llueve y caen sobre la calle.


La puerta metálica que da acceso al Museo, mathab, متحف, en el que también se puede acudir a jugar al ajedrez, escuchar música o tomar un café con la gente del vecindario. Digamos que actúa de centro social y la gente aprecia al Dr. al Khatib de veras, como lo demuestran la cantidad de veces que es saludado con el apelativo de Hakim (sabio, doctor).


Sorprende ver cómo muchos de los objetos los podríamos encontrar en cualquier casa de campo extremeña, cántabra o maña: los serruchos para cortar madera, las tijeras de esquilar ovejas, las balanzas romanas, las herraduras de caballo o los cucharones con agujeros para las aceitunas.


En otros casos son piezas propias de las tradiciones de la zona, como los molinos de café, enormes, de madera y que con su golpeteo se hacen ritmos musicales.

En cambio, esta es la pieza más terrible de todo el museo: una de las hachas que se utilizaron en el año 1982 para perpetrar la masacre de Sabra y Chatila. Con ella, cortaron piernas, brazos y cabezas de los habitantes del campo.


Hay bordados hechos por manos primorosas con textos reivindicativos del derecho al retorno y a la educación. Algunos tienen más de cincuenta años...




Y las llaves de las casas que se vieron obligadas a abandonar las familias expulsadas de su Palestina natal:


Incluso hay objetos que NO son lo que parecen, como éste de abajo. No es un odre para líquidos, sino una batidora para hacer mantequilla: se rellenaba de leche recién ordeñada y se movía enérgicamente agarrándolo por los bracillos esos tan graciosos que tiene. Así hasta conseguir el producto final.


Para volver a la avenida principal se pasa por este depósito de agua, en el que la llave inmensa le recuerda a todo el mundo el objetivo que nos une: el retorno a la tierra robada.


Que viva la lucha del pueblo palestino.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Los mamelucos en Trípoli

Para una madrileña, la palabra mameluco tiene unas connotaciones negativas aprendidas desde el momento en que se ve y se comprende lo que Francisco de Goya y Lucientes muestra en su cuadro La carga de los mamelucos:


Pero resulta que una viene a esta parte del mundo y aprende que los Mamelucos o Mamluks eran unos señores cultísimos y muy espabilados que hicieron unas cosas estupendas, al menos por aquí, durante la época del sultanato mameluco de Egipto, entre los años 1250 y 1517. He encontrado este mapa, que es precioso, si se abre al máximo se pueden ver nombres de lugares que ni imaginamos que han existido, como el Reino de Makuria o el Despotado de Epiro, del que a pesar de todo, nunca había oído hablar...



Mapa del Sultanato mameluco de Egipto

Sus logros se aprecian especialmente en lugares como la ciudad de Trípoli, al norte del Líbano, muy cerca ya de la frontera siria. También en Damasco hay algunas obras suyas.

Tripoli al Sham (es decir, la Trípoli oriental, en oposición a la Trípoli al Gharb -Tripoli occidental-  o de Libia, no confundir) es una ciudad situada al borde del mar Mediterráneo, en un enclave precioso. A lo largo de su historia, que se remonta a más de tres mil años de antigüedad, Tripoli ha vivido varias  etapas destacadas:
  • El establecimiento de la ciudad fenicia, en torno al 1500 a.C. por los habitantes de Sidón (Saida), Tiro (Sour) y Arados (Arwad), en el tramo costero donde hoy se asienta el barrio de Mina.
  • La etapa fatimí.
  • El condado cruzado de Trípoli.
  • La construcción de la ciudad mameluca por orden del sultán Qalawun, quién la liberó de los cruzados en el año 688 Hejira (H) / CE 1289 de la era cristiana. Pongo esto así porque es cómo lo cuentan aquí, exactamente el mismo concepto con el que se explica la Conquista de Granada... Los jefes militares de Qalawun le aconsejaron que destruyera la antigua ciudad costera para no volver a ser blanco de los ataques de los cruzados y éste construyó la nueva ciudad un territorio más al interior, a unos dos kilómetros de la costa, alrededor del antiguo castillo cruzado. Desde entonces, la historia de la arquitectura mameluco en Trípoli comenzó a desarrollarse.
Antes que los cruzados, los fatimíes levantaron varios edificios en la misma zona. Construyeron una pequeña mezquita (la de Mashad) dentro del fuerte de Soufian, que los cruzados no demolieron cuando construyeron su fortaleza de San Gil. Los fatimíes también construyeron un Khan (el de Kisaria) en el lado oriental del río Trípoli. Los cruzados lo convirtieron en un palacio conocido como el Palacio del Príncipe. Pero apenas quedan restos de los monumentos fatimíes, de hecho, cuando los mamelucos comenzaron a construir la ciudad nueva, usaron restos de los viejos edificios costeros demolidos por los cruzados. Se trata de sillares de piedra arenisca, muy común en la zona, que están sufriendo un grave deterioro por efecto de la humedad y de la contaminación.

Durante la ocupación de los cruzados, que duró 180 años (502-688 H) / (CE 1109-1289), éstos construyeron un castillo, llamado la Fortaleza de San Gil, en el mismo emplazamiento donde el dirigente Sufian Ben Mujib Azdi había construido la primera fortaleza islámica durante su bloqueo a la ciudad, en la era del jalifa Osman Ben Affan, en torno al año 25 de la Hégira / CE 646. (sí, cuando escribimos o decimos califa, está mal, deberíamos decir jalifa)


Fortaleza o Qalat de San Gil

Los cruzados también levantaron varias construcciones en el norte de la ciudad y al oeste de la  fortaleza, de modo que emergió una especie de barrio cristiano/latino alrededor de la misma. La ciudad cayó el 12 de julio de 1109, y fue saqueada por los cruzados. Se consideraron perversos los cien mil volúmenes de la Biblioteca de Dar-em-Ilm, y por tanto fueron quemados. La flota fatimí llegó ocho horas tarde. La mayoría de los habitantes fueron esclavizados y el resto se vieron privados de sus posesiones y expulsados. Trípoli pasó a convertirse en un Estado cruzado, como el resto de la costa mediterránea, que ya pertenecía a los cristianos o iba a pertenecerles en los siguientes años, con la toma de Sidón en el año 1111 y la de Tiro en el 1124. En ambas ciudades pueden verse también parte de los edificios que levantaron.

Los mamelucos reutilizaron en Trípoli elementos de granito -sobre todo columnas- de antiguas construcciones egipcias, romanas y cruzadas del entorno, para reforzar sus nuevos edificios, que pueden visitarse en la actualidad y constituyen un paseo apasionante. Algunas de esas columnas se pueden ver en la mezquita de Taynal, en la mezquita de Tahhan, en la madraza de Houjayjieh, en la gran mezquita de Mansouri, en la gran mezquita de la ciudad de Mina, en la torre de Amir, y en la madraza de Sakrakieh, además de los que andan desperdigados por toda la ciudad.


Alminar y sahan (patio) de la gran mezquita de Mansuri en la que pueden verse algunas de las columnas de granito reutilizadas.

En la visita de Trípoli no pueden faltar los tres hammams mamelucos que quedan en pie, uno de ellos en uso, que son una maravilla, el khan (léase jan) del jabón, donde puede comprarse el jabón de aceite de oliva y laurel (y muchos otros tipos) y los diferentes zocos, como el de los sastres, el de la joyería o el de los broncistas.


Hammam al Nouri, que va a ser restaurado, supuestamente pronto...


El khan al sabon, o almacén y fábrica de jabones

Aquí dicen que es la más siria de las ciudades libanesas...

jueves, 13 de octubre de 2016

Conmemoración de Ashura en Nabatiyeh

Léase Nabatiya, que es una ciudad al sur del Líbano de población mayoritariamente chiíta o shía en árabe: شيعة


CUESTIONES PREVIAS:

Shía significa partidarios, partido, seguidores o adeptos. Originariamente se llamaban shía'tu ali, es decir los seguidores de Ali. La historia se remonta hasta el momento de la sucesión al frente de la comunidad islámica, tras la muerte del Profeta Muhammad. Hablamos del año 632 d.C. / 11 Hégira y del gran abismo que se abrió en la umma (o comunidad de musulmanes) por causa de esa sucesión, que divide a los musulmanes entre sunni y shía.

Tras una serie de eventos entre los que pretendían que esa sucesión quedase en la propia familia del Profeta y los que propugnaban otra solución, llegó a ser califa Abu l-Hasan Ali Ibn Abi Tálib, a la vez primo y yerno de Muhammad, convirtiéndose en su cuarto sucesor. Su legitimidad fue puesta en duda, dando lugar a una guerra civil que dividió a los creyentes en tres grupos: los shi`at Ali o partidarios de Ali, los jariyíes y los sunníes, siendo éstos último los que toman el poder dando lugar al Califato Omeya de Damasco. 

Tras su derrota, Ali se hizo fuerte en la ciudad de Kufa, en donde fue agredido el 19 de Ramadán del año 40 de la Hégira (aprox 25/26 de enero del 661 d.C.) al rezar en la gran mezquita de esa ciudad. Le hirieron con una espada envenenada mientras se postraba en la azalá del Amanecer. Ali ordenó a sus hijos que no atacasen a los responsables. En caso de que Ali sobreviviera, el asesino sería indultado, mientras que si moría, el asesino debería recibir sólo un golpe (aunque no le matasen). Ali murió poco después, el 31 de enero del año 661 d.C. (o sea, el 21 de Ramadán del año 40 de la Hégira). Hasan, su hijo mayor, cumplió el castigo contra el asesino.

Los partidarios de Ali -alíes- nombraron entonces imam o jefe de la comunidad a Hasan. Éste, sin embargo, tras unas escaramuzas con el ejército omeya, decidió evitar a toda costa otra guerra civil y firmó un tratado de paz a resultas del cual abandona el liderazgo de los alíes y se retiró a la ciudad de Medina (su gobierno duró seis meses y tres días). Eso moderó la combatividad de los alíes, que se mantuvieron poco activos durante un tiempo. Todavía no se les llamaba shía, eso sucede algo más tarde.

Cuando en el año 680 d.C. el califa omeya Muawiya muere en Damasco, queda abierta de nuevo la cuestión de la sucesión al califato. Todavía no se había establecido que la dignidad de califa debía ser hereditaria, aunque tanto los Omeyas como los alíes buscan que sea así. Hasan, el hijo mayor de Ali, ha muerto unos años antes, lo que deja al otro hijo de Ali, Husayn ibn Ali ibn Abi Talib como cabeza de los alíes y probable candidato al título de califa por la dignidad que le confiere ser hijo de califa y nieto del profeta Muhammad. Sin embargo, Muawiya antes de morir intenta forzar el paso de un sistema electivo a uno hereditario proclamando califa a su hijo Yazid, en Damasco. Esto no gustó en general y se opusieron principalmente los alíes, quienes invitaron a Husayn, que estaba en La Meca, a acudir a Kufa para liderar una rebelión contra el califa Yazid, a lo que Husayn accedió. Yazid no fue precisamente un modelo de gobernante y se granjeó muchos enemigos, sobre todo al mandar asesinar a parte de la familia del Profeta.

Una vez el califa Yazid se enteró de la rebelión que se prepara en su contra, mandó un ejército al encuentro de Husayn y los 72 guerreros que le acompañan, sorprendiéndole antes de llegar a Kufa, en los alrededores de la ciudad de Kerbala (actual Iraq).



Se entabló entonces una batalla desigual, llamada Batalla de Kerbala, cuyo recuerdo nos llevó ayer a Nabatiyeh. Los 3.000 hombres enviados por el califa Yazid separaron la comitiva de Husayn de los puntos de agua, obligándoles a combatir durante dos días bajo un sol ardiente, al cabo de los cuales quienes aún sobrevivían, entre ellos Husayn, fueron torturados y asesinados. Únicamente se perdonó la vida al hijo menor de Husayn y a las mujeres de la caravana, que fueron conducidas a Damasco para ser vendidas como esclavas. El cuerpo de Husayn fue enterrado en Kerbala y su cabeza llevada también a Damasco para entregársela al califa.

Husayn fue martirizado ese día 10 del mes de Muharram (el primer mes del año musulmán) del año 61 de la Hégira, en la región de Nínive (Kerbalá) en Iraq. Ashura literalmente significa el décimo día, (se cuenta a partir del primer día de Muharram y no coincide en el tiempo porque el calendario es lunar) En árabe, diez se dice ashara. El día del martirio fue viernes y se supone que Husayn tenía unos 56 ó 58 años. Ahora bien, ya antes del martirio de Husayn se celebraba el día de Ashura en recuerdo del ayuno con el que Moisés agradeció la liberación del pueblo de Israel de manos de los egipcios, al parecer el profeta Muhammad solía ayunar en esta fecha y recomendaba este ayuno a sus compañeros, incluyendo la posibilidad de añadir el día anterior o el posterior al mismo. Por eso también es festivo para los sunni y llevan a cabo un día de ayuno.


UN DÍA EN NABATIYEH



En el Líbano hay un número muy elevado de habitantes shía, de modo que Ashura tiene gran importancia y es un día de vacaciones en todo el país. Tiene especial significado en los barrios del sur de Beirut, en el valle de la Beqaa y en la ciudad de Nabatiyeh. En esa ciudad estuve ayer, para asistir a esta conmemoración en vivo y en directo. Hay que vestir de negro y mucha gente lleva pañuelos de un color verde característico, propio del protagonista del martirio.

Se suelen llevar a cabo representaciones de la Batalla de Kerbala y grandes procesiones en las que muchos devotos y devotas se dan golpes de pecho y en la cabeza, donan sangre y se reparten alimentos y agua gratuitamente, como signo de devoción a Husayn.

Donantes de sangre en uno de los puestos

No se concibe que se pase sed, porque Husayn murió sediento y la gente ofrece agua y zumos por todas partes, que puedes coger directamente de mesitas que sacan a las calles, junto a pasteles, pan fresco con zaatar o pequeños bocatas de queso fresco.

Sin embargo, hay una minoría de penitentes que se flagelan de lo lindo como expresión de su amor por Husayn, aunque muchas autoridades religiosas shía lo desaconsejan. En Nabatiyeh el modo favorito de penitencia es hacerse cortes con cuchillas en el hueso frontal, justo encima de la frente, hay quien se arrea en la espalda con pequeños látigos hechos de cadenas de metal... Pude ver hombres mayores y jóvenes, adolescentes e incluso críos de 6 ó 7 años. Pero también chavalas, con sus frentes ensangrentadas y cayéndoles chorretones de sangre por las mejillas.

No se puede acceder al recinto en el que se hacen los cortes, dentro de una mezquita de llamativas cúpulas, pero sí salen a la calle grupos de penitentes, con enormes trozos de telas blancas que conforme pasan las horas se vuelven rojas de sangre pura. Van gritando las distintas advocaciones de Husayn, sobre todo Haidar, haidar, acompañados de unos grandes tambores.

Mezquita dónde se hacen los cortes en la cabeza y parte del estrado donde después se representó la batalla de Kerbala

La emoción es palpable por todas partes, la gente hace fotos y vídeos a los penitentes y les acompañan para secarles la sangre o animarles. Ni que decir tiene que hay ambulancias por todas partes y equipos preparados con camillas para recoger a los que caen redondos, que son bastantes, porque entre la sangre que pierden y el calor que hacía, desmayarse es frecuente. También suele haber  una especie de cofrade mayor que dirige los cantos y anima a los participantes (ésos que dirigen el cotarro no se hacen cortes ni nada parecido...)

No puedo decir qué me impresionó más, pero me gustaría contar lo que no se ve en las fotos, a saber:

- el olor de la sangre, que al principio no se nota, pero conforme pasan las horas y los penitentes sangran más y más, se va extendiendo por la calle. No es un buen olor, hay gente que lleva mascarillas porque al final llega a causar náuseas. No a todo el mundo, hay quien es capaz de comer  altramuces o lo que sea sin problemas, a pesar de ese olor, como a carne pasada ya.

- el ir pisando por la calle charcos de sangre y ver el suelo completamente moteado de gotas, como si estuviera estampada de lunares rojos. A veces los penitentes se paran y se agachan en sus cantos, de manera que al estar quietos un tiempo en el mismo sitio, la sangre cae al suelo y hace esos charcos que no se limpian hasta después. Por ese motivo hay que llevar un calzado adecuado bien cerrado y casi impermeable (yo no lo hice y pasé algo de espeluzne con mis zapatitos veraniegos abiertos). Hay gente que lleva botazas de cuero, tipo camperas pero más fuertes aún.

- la sensación que produce que se te pare al lado un menda o un chaval chorreando sangre y te mire directamente, mientras te salpican gotas de su sangre. A veces se me acercaba un crío pequeño y me mostraba una navaja de cortar el pelo ensangrentada... No sabía que hacer, si sonreír tímidamente aún a riesgo de parecer gilí, agachar la mirada o cerrar los ojos directamente. Menos mal que con las gafas de sol ayudan en estos casos...

- el sonido de los cuchillos o alfanges afilados que llevan, con los que se van golpeando sobre las heridas para que no se cierren los bordes mientras pasean por la calle. A veces los arrastran por el suelo y produce mucho espanto.

- la sorpresa que causaba ver a una guiri como yo en medio de esta historia, en vez de la misma sangría generalizada a la que asistíamos. De hecho, me puse a hablar con algunas mujeres y resultaron ser encantadoras. Me salió la vena patria y les mostré videos de los picaos de San Vicente de la Sonsierra (esos que se dan latigazos en la espalda el Viernes Santo)  y fliparon en colores. Una me miro maravillada y me preguntó si en España somos shías también

Hice algunas fotos y videos, al principio con algo de pudor, luego ya no. Pero no hice muchos, preferí vivir la Ashura sin cámara de por medio. Aviso, son algo potentes las imágenes:

Uno de los grupos de penitentes, ya llevaban más de dos horas de procesión

Mancha de sangre humana en la calle, que la gente luego pisaba como si nada

Contrariamente a lo que parece a primera vista, no había fanatismo feroz, la gente estaba tranquila y a la expectativa, de manera que esa sensación era la que transmitían. He visto gente más imbuida de masa rugiente y enfervorecida en eventos no sangrientos, como partidos de fútbol o mitines políticos.

martes, 11 de octubre de 2016

Las momias de la cueva 'Assi el-Hadath en el valle del Qadisha

Esta mañana me he acercado a ver las nuevas salas del Museo Nacional de Beirut, equivalente a nuestro Museo Arqueológico Nacional. Es uno de esos sitios en los que se está verdaderamente bien y se ve el buen trabajo que se puede hacer en grupo, si se quiere (es que de eso andamos faltos aquí...)


A pesar de la destrucción que sufrió durante la guerra civil libanesa, se ha hecho un esfuerzo enorme por recuperarlo y aún están en ello, con la ayuda de diversas instituciones y organismos internacionales que en este caso, sí están llegando dónde deben.

Como consecuencia de tales trabajos, se acaban de abrir al público nuevas salas en la planta -1 del edificio. Recomiendo llevar una chaqueta para la visita, porque hace un frío de narices en general. En esas nuevas salas hay muchos materiales fenicios (ya los pongo otro día si eso...) pero lo que más me ha impresionado es una pequeña sala, climatizada en frío, necesariamente oscura y un poco espeluznante, a la que se accede por una gruesa puerta de cristal que se abre con un mando.


Es la sala de las momias de la cueva de 'Assi el-Hadath en el valle del Qadisha, en la que se exponen tres cuerpos humanos momificados, dos bebés y una mujer, que seguramente eran familia porque aparecieron juntos.

(ACTUALIZADO 21.11.2016) Acabo de encontrar esta imagen de la vitrina que contiene a la mujer y uno de los críos:


Esta imagen de abajo corresponde al valle dónde se encontraron, cerca ya de la ciudad de Trípoli


Se encontraron ocho cuerpos envueltos en tejidos y enterrados directamente en el suelo, momificados de manera natural dentro de la cueva 'Assi el-Hadath en el valle del rio Qadisha, al norte del Líbano. Las momias fueron encontradas el 13 de julio de 1990 por un grupo de espeleólogos que trabajaban con el Groupe d'Etudes et de Recherches souterraines du Liban (GERSL). Inicialmente, el descubrimiento consistió en una sola momia de un bebé de cuatro meses de edad, Yasmin (le dieron este nombre)
Esta cueva, debe su nombre 'Assi العصي (inaccesible) a su complicado emplazamiento en un farallón casi vertical, que dificultó muchísimo los trabajos de excavación debido a lo peligroso que resultaba acceder a la boca de la cueva. Momificar cuerpos no forma parte de las tradiciones funerarias libanesas, en este caso se trató de un proceso natural, debido a las condiciones climáticas, que ha permitido la conservación de los cuerpos desde hace unos ocho siglos, ya que se han datado en el siglo XIII d.C.

Además de las ocho momias se descubrieron también muchos objetos de la vida cotidiana de la gente que ocupó esa cavidad, como tejidos bordados, objetos de cuero, cerámicas, joyería y algunos textos manuscritos en siriaco y árabe.


La mayor parte de los vestidos, túnicas, camisas y grandes mantones rectangulares son de algodón teñido y algunos están muy adornados con bordados de hilo de seda, de una forma muy parecida al tatriz palestino, es decir, en punto de cruz formando motivos. Desde luego constituyen un referente fundamental para el estudio del arte textil medieval libanés.

Igualmente la cueva ha proporcionado una buena colección de sandalias, suelas, botines y cinturones de cuero en un muy buen estado de conservación. Ver las botitas de uno de los bebés da mucha penita, son exactamente iguales a las que usamos ahora...

Entre los otros objetos que dan testimonio de cómo era la vida cotidiana de la gente que habitó esta cueva en el siglo XIII encontramos peines y cucharas de madera -algunas pintadas-, candiles y palmatorias de terracota, vasijas y sartenes de cerámica, con evidentes huellas de uso. ¿Qué comían...? Pues hay también haces de espigas de trigo, pieles secas de cebolla, escobajos de uvas, hojas de laurel, cáscaras de almendras y nueces, todos ellos alimentos que aún se siguen consumiendo aquí.

Los manuscritos incluyen oraciones, cantos litúrgicos y talismanes, que dan testimonio de las creencias religiosas de estas personas, pero también de elementos más terrenales, como cartas o actas de propiedad de tierras, que les relacionan con la localidad cercana de Hadath el Jebbeh.

La cronología del yacimiento ha podido establecerse gracias a las monedas encontradas, que pertenecen una a la época de las Cruzadas y las otras datan del reinado de los sultanes mamelucos Baybars (1260-1277) y Qalaun (12079-1290). El siglo XIII fue un periodo muy convulso en esta parte del mundo, con las luchas entre mamelucos y cruzados por la dominación de la costa del Levante mediterráneo.

Seguramente, ése fue el motivo que llevó a esta gente a refugiarse en un lugar tan apartado...

lunes, 3 de octubre de 2016

Peques de Alepo

Parte de mi tiempo aquí lo paso en un centro educativo para refugiados. A él acuden madres y peques hasta 6 años y estudiantes de primaria y secundaria a hacer deberes, ya que a la organización que lo lleva a cabo, no se la permite escolarizar a mayores de Educación Infantil.

A las madres se les da clase de inglés, ofimática, alfabetización en árabe y diversos talleres profesionales que les permitan encontrar un trabajo aquí y mejorar su situación, normalmente horrorosa. Como la mayoría tienen bebés o críxs muy pequeñxs, mi tarea consiste en estar con ellxs (junto a otras mujeres refugiadas) y cuidar esos peques mientras las madres (a veces también hermanas mayores, como quinceañeras) acuden a clase.

Hace poco han venido un grupito nuevo, de Alepo. Su situación es lamentable en cuestiones de salud, sobre todo bucodental (tienen los dientecillos de leche totalmente comidos por caries, muchos han perdido parte de la dentadura y roen la comida como ratoncillos...) y en oftalmología: ojos vagos sin tratar, alguna que otra herida...

Y no digamos nada en cuestiones psicológicas: tienen mucho miedo a todo, apenas hablan, no saben expresar sus sentimientos o necesidades... por ejemplo, los más peques si quieren agua, gritan y lloran señalando los contenedores hasta que se les da un vaso -lo mismo con cualquier otra cosa-. Otra constante es la dificultad para gestionar conflictos, como los que genera un simple encontronazo al andar por la clase o que dos quieran usar el mismo lápiz. Normalmente se solventa a golpes y la primera tarea de las cuidadoras, o sea, nosotras, es mostrarles que ése no es el camino. Asusta ver la carga de violencia que asoma en sus ojos cuando se enfrentan por cualquier tontuna, miradas durísimas que sostienen hasta que empieza la lluvia de golpes, patadas y puñetazos, con mucha inquina y soltando toda la mierda que llevan dentro. Es muy raro que establezcan otro tipo de contacto que no sea el de los golpes, aunque según van cogiendo confianza terminan por dejar esas actitudes y se muestran muy cariñosos, cuidando de los peques con mucha solicitud también. Cuando empiezan a reír o cantar, es todo un triunfo.

A la vista de los recientes acontecimientos, me pregunto hasta cuándo vamos a seguir recibiendo peques así. No quiero pensar en los que siguen allí, la cámara de los horrores sigue encendida.



Por si puede ser aportar algo: https://www.jrsmena.org/donate#EN_7

martes, 27 de septiembre de 2016

Sofía o el origen de todas las historias

Otra vez Rafik Schami, o sea, Rafik del Cham (antiguo nombre de Siria y parte del Próximo Oriente).

No puedo decir que no me haya gustado, sería mentir. Pero sí digo que tengo la sensación de que está escrito con cierta premura y hay algunas novedades en el estilo que aún no estoy segura de que hayan mejorado la calidad del escritor. Como en todos sus libros, además de Siria y en concreto Damasco, Beirut tiene un protagonismo destacado.

Lo que se aprecia desde la línea primera es que está escrito desde un conocimiento muy profundo de la realidad siria y que nos puede ayudar a comprender muchas cosas de esta maldita guerra que ya lleva seis años matando a gente inocente.

- Vayamos a comer algo, tengo hambre- propuso Karim al ver un restaurante.
Lo sugirió sobre todo por romper el silencio. Y Salman asintió.
Comieron callados y siguieron su camino. Pasaron junto al centro cultural iraní y no tardaron en llegar a la calle de Yusuf al Azhma. Karim seguía a Salman. Llegaron a la plaza, en cuyo centro se erigía la estatua del mártir al Azhma. Había sido oficial del ejército otomano y el primer Ministro de Defensa de la Siria liberada. Pero esa liberación bajo el mando del príncipe Faisal y de Lawrence de Arabia no había sido más que una bella ilusión. Miles de jóvenes habían perdido la vida en el campo de batalla, cuando hacía tiempo que franceses y británicos se habían repartido las tierras árabes en un pacto secreto. Siria y el Líbano constituían el botín de los franceses.
El ejercito sirio había disuelto previamente la monarquía para que los franceses pudieran ocupar el país sin resistencia. Pero el orgulloso kurdo Yusuf al Azhma no quería someterse y movilizó a la población para que se opusiera a Francia. En 1920 unos tres mil hombres fueron tras él cantando y bailando. Algunos sólo llevaban puñales y narguiles. Los damascenos no libraban una batalla desde hacía siglos. Eran una provincia otomana. Ni siquiera aquéllos con cierta experiencia, los cuatrocientos de la caballería armados con espadas y antiguos fusiles de baqueta, tenían la menor idea de lo que les esperaba. En Maisalún,  a unos 25 km. de Damasco, se enfrentaron al moderno y bien equipado ejército francés al mando del general Henri Gouraud. En apenas unas horas, los franceses con sus tanques, aviones y armamento moderno aniquilaron a más de quinientos hombres. Entre los caídos se encontraba Yusuf al Azhma, de treinta y seis años.
Es el único ministro de Defensa de la historia árabe muerto en campo de batalla.
Salman contempló el monumento. Lo rodeaban el caos de la circulación y el hedor del diésel.



El General Yusuf al Azhma, con el uniforme militar de Ministro de Defensa en Siria. Fue asesinado en la batalla, poco después de que se hiciera esta foto, en Maisalún, en la carretera de Beirut a Siria, mientras luchaba contra el ejército francés el 24 de julio de 1920.


La plaza en una foto de antes de 2010. Se encuentra en una de las zonas "pijas" de Damasco. Justo el edificio triangular tenía una tienda Benetton...