martes, 2 de octubre de 2018

Cronología de mi dolor por Argelia

Este domingo tuve la oportunidad de conocer a Souad Hadj-Ali Mouhoub, autora de este libro.

Es una de esas mujeres que te impactan desde el momento en que empieza hablar. Es cercana y habla con mucha claridad, no hay que escuchar entre líneas sus palabras. 

Su relato sobre su vida en Argelia y en Madrid, sus actividades sindicales, su capacidad como autora y traductora quedan más que bien reflejadas en las obras que ha publicado. 

En la presentación de este libro, nos contó de su Argelia, esa tierra que aún nos resulta bastante desconocida, a pesar de su cercanía y de la herencia andalusí que preserva casi intacta. Es una vergüenza que apenas sepamos nada de allí.

Nos contó como, a pesar de los primeros atentados que se perpetraron allí, a modo de laboratorio terrible, desde finales de los años 80 del siglo pasado, nadie hizo caso, salvo el Foro de Mujeres Progresistas al que ella pertenecía en esa época. Solían manifestarse en la Puerta del Sol de Madrid avisando de que eso que empezaba a pasar en Argelia, podía extenderse al resto del mundo. ¡Y vaya si lo ha hecho...!

Souad ha nacido en allí, en Argelia, en 1955. Es hispanista y fue profesora en la Universidad de Argel, hasta que llegó a Madrid en 1995, dónde ejerce de traductora y autora.

En este libro hay relatos inspirados en su vida, en la de parientes y vecinos y en experiencias vividas en el metro de Madrid, medio de transporte que usa habitualmente y que le sirve como laboratorio (en este caso maravilloso) de ideas literarias. Se trata del relato de sus sentimientos y recuerdos más vívidos, con el objetivo de curarse de la herida muy profunda y abierta que sufre desde hace demasiado tiempo, causada por los periodos de guerra de su pais natal, tanto por la independencia como por la situación interna crudelísima vivida en ese territorio durante los años noventa del s. XX.

Ella habla de perdón y concordia civil, pero sin forzarla a ello: Perdonaré, pero déjame tiempo, nos dijo.



Aquí está la cita

El sonido de la lluvia cubre las voces y los pasos, pero el ruido de los pasos retumba y las voces braman. En cada esquina, tranquila, hay una pelea_ dos hombres agarrándose de la chaqueta, una mujer desgañitándose, un padre pegando a su hijo, una joven huyendo de un hombre que no deja de pegarse a ella, un hombre insultando a un chaval que mendiga... Y en cada corazón dormita una congoja que no tiene nombre. Duerme y no quiere despertarse. El dolor es muy fuerte y no hay quien lo sufra ni quien lo viva [...]

- Han degollado a un taxista de Zeralda...


Souad Hadj-Ali Mouhoub (2018): Cronología de mi dolor por Argelia y otros relatos contra el olvido. Editorial Diwan Mayrit, edición revisada de la ed. 2010 Ed. Anubis. Madrid, 2018.

jueves, 26 de julio de 2018

بيروت مدريد Beirut Madrid

El pasado 25 de junio vinimos a Madrid mi pelirroja y yo, con la intención de hacer un viaje relámpago e iniciar los trámites administrativos para que ella, mi pelirroja, pueda empezar a cursar sus estudios de FP de grado superior en un centro público madrileño.


Los más de 20.000 dólares que piden en las universidades libanesas por estudiar algo parecido a lo que ella le interesa nos ayudaron rápidamente a tomar esta decisión. No los tenemos y aunque los hubiéramos tenido, creo que no hubiésemos aceptado entregar semejante cantidad de dinero a cambio de una educación que ni es mejor ni iba a darle un puesto de trabajo, tal como hemos podido comprobar durante este tiempo allí. La mayoría de los graduados libaneses tienen que marcharse fuera, no hay trabajo allí y el paro juvenil es brutal.


Nuestra idea era volver el 30 de junio para terminar de recoger sus papeles del instituto libanés. ya sellados por el Ministerio de Educación y poder completar todo el trabajo en septiembre en Madrid de nuevo.


Pero el Universo nos ha llevado por otros derroteros. Muy diferentes.


El 26 de junio mi madre tuvo que ingresar en un hospital y ahí hemos estado las dos hasta que el 14 de julio falleció en mis brazos.


En todo este tiempo han pasado muchas cosas, algunas bastante desagradables, como la actitud machista y prepotente de los médicos que la trataron. Algunas que se han configurado a raíz de esa situación y que me han permitido conocer a gente estupenda, como la de AFDMD, llenas de sabiduría de la importante. Y otras maravillosas, como la compañía y la ayuda de amigas y parientes durante todo este tiempo. Se han creado lazos insospechados y he gozado de solidaridades limpias y hermosas en medio de la tragedia, que van a quedar ahí para siempre.


He tenido hasta más de ciento y pico mensajes de mis refugiadas, quienes aún me siguen mandando ánimos y muchas recomendaciones, desde sus complicadas vidas. Pero todos los días encuentran tiempo para mandarme alguna imagen o palabras de consuelo.

Ahora hay mucho que hacer y será una tarea difícil desmontar ochenta y nueve años de vida, concentrados en un pequeño piso antiguo, de esos de alcoba y gabinete, vigas de madera y muros de carga de ladrillo macizo, emplazado en un barrio antiguo, de los que aún tienen corralas y vecinas que se conocen y me paran por la calle para decirme lo tristes que están y que cuente con ellas para lo que sea, a pesar de que caminan con andadores y mil achaques. Muestras de cariño como la de su carnicero de toda la vida, que salió de su mostrador a abrazarme, con su mandil de rayas negras y verdes, llorando abiertamente. Así todo el barrio en el que vivió los últimos cincuenta y dos años de su vida.


De modo que por el momento me quedo en Madrid, atendiendo esta situación y en cuanto haya conseguido despejar burocracias, muebles atestados de recuerdos y muchas porquerías inservibles también, volverá a Beirut, inshallah.




Ésa soy yo, con mis padres, no sé donde, pero juntos.

miércoles, 13 de junio de 2018

Marina di Beirut

Verdaderamente el título del libro es Solo él me llama Marina di Beirut y está escrito por Elena López, que es una castellana del mismo pueblo que Juan Martín Diez, el Empecinado

Este libro se publicó primero en francés en el añoi 2010, pero la edición en castellano que tengo es del 2014. Originalmente es una obra de teatro, de ahí el formato que tiene el texto.

Tuve noticias de Elena a través de Galicia, y no directamente aquí en el Líbano. Una querídisima amiga, más bien hermana,  me lo regaló.

Elena es muy contundente escribiendo sobre El Líbano:

M. La más devastadora de las guerras es la civil: tras el alto el fuego, vencedores y vencidos tienen que cruzarse otra vez, noche y día, e interpretar el papel imposible de que nada ha ocurrido durante años y años
J- Un país no puede olvidar con un toque de varita mágica que sus habitantes se han matado encarnizadamente por razones que incluso desconocen.

(...)

J- Marina, ¿qué te atrae realmente de mi país?
M- La fragilidad de cada instante, los cortes de electricidad y de agua, los...
J- Siempre me sorprendes.

Silencio religioso

M- Joseph, cristianos y musulmanes ¿nunca se han llevado bien en el Líbano?
J- Según mi padre, jamás. Según mi madre sí, antes de la guerra civil. Yo creo que siempre ha bastado una chispa para que ardan.
M- El Líbano es el país de los destellos.

(...)

J- Marina, nunca me digas tu religión.





Elena López (2014): Solo él me llama Marina di Beirut. ArtsMarina, Valladolid.

sábado, 5 de mayo de 2018

زمزريق أثيبي Cercis siliquastrum

Desde el primer año que pasamos aquí me fijado en la floración, por estas fechas, de unos árboles de hoja caduca muy curiosos, directamente sobre sus ramas casi negras, sin un ápice de verde. Las flores son de un llamativo color entre lila y malva y forman un espectáculo precioso, sobre todo si hay varios juntos, como puede verse en esta foto que he tomado cerca de casa (véase también la ausencia de aceras en las calles, por las que hay que caminar sorteando coches aparcados, cubos de basura o farolas, postes de la luz y artísticos setos con bordillos protectores)


Desde el primer momento me llamaron mucho la atención, pero entre unas cosas y otras no me he puesto a buscar nada sobre ellos, hasta hoy mismo.

Casi me caigo al ver que son Cercis siliquastrum o algarrobos locos. También hay quien les llama ciclamores y árboles de Judá. Incluso tienen el cursilísimo nombre de árboles del amor, por la forma de corazón que tienen las hojas que echan depués de florecer, pero me parece espantoso esto.

Aquí les llaman zamzariq  زمزريق

Las flores se usan como alimento, ya que tienen un alto contenido en vitamina C (debido al ácido ascórbico, que les da un cierto sabor amargo. pero no desagradable), muy necesaria en el momento final del invierno, sin apenas frutas o verduras frescas que llevarse a la boca. Simplemente se echan en las ensaladas, aunque también se hacen encurtidos con los capullos y las algarrobas que salen luego se pueden consumir cocinadas, pero esto último no es muy frecuente.

El motivo de mi sorpresa es el recuerdo de mi abuela Concha indicando con su dedo, mientras íbamos en el coche camino de Alicante y diciéndonos entusiasmada: mirad, un Cercisilicuatrum, lo que a mi sonaba a un galimatías espantoso, señalando árboles que yo nunca atinaba a identificar. Tampoco entendía el nombre del árbol, con lo fáciles que resultaban otros como los olivos, las acacias, las encinas o los plátanos de sombra, con los que yo no tenía ningún problema en localizar.

Sin embargo, me molestaban mucho las risas que a veces soltaban otros parientes menos avezados en la Botánica que ella, cuando la veían tan emocionada mirando por las ventanillas en busca del citado árbol. Esos parientes eran tan lerdos para reconocerlos como yo misma, pero se cuidaban mucho de decirlo, claro. ¿Cómo lo sé? Pues porque cada vez que les pedía que me mostraran uno sistemáticamente me mandaban a ocuparme de cosas más interesantes o a paseo, sin más. Nunca fueron capaces de señalarlos.

Cuando mi abuela falleció, dejé de oir ese nombre y me olvidé de los algarrobos locos, hasta que me los he vuelto a encontrar en esta tierra tan hermosa como maltratada por todos.

miércoles, 18 de abril de 2018

Chacales

La primera vez que oí hablar de ellos fue a una vecina del barrio en el que vivimos.

Ella me había invitado a cenar a su casa y cuando terminamos la velada, se ofreció a llevarme en coche. Me sorprendió mucho tal propuesta, porque vivimos a unos 300 metros de distancia y hacía una noche preciosa con luna casi llena y buena temperatura. De modo que la rechacé, maldiciendo por dentro la manía libanesa de ir en coche a todas partes. No había terminado la frase cuando me respondió muy sorprendida Pero, ¿no te dan miedo los güegües?

Como ellas es medio libanesa medio mejicana, pensé que los güegües eran algún tipo de mosquito o de murciélago propios de la zona, así que le pregunté, para saber a qué terrible bicho tendría que enfrentarme...

Al principio no se acordaba del nombre castellano, pero a base de fruncir el ceño le salió de golpe

- ¡Son chacales!

- ¡Uallah! ¿Chacales en el Líbano? ¿Ésos no andan por África?

- Nooooo, ¿no les escuchaste nunca aullar por las noches? Andan por aquí, rebuscando comida entre la basura y peleando con los gatos.

Entonces comprendí algo que nos tenía intrigados desde que llegamos. Los güegües dicho a la mejicana, al uaui en árabe  عالواوي

Ciertamente no era raro escuchar por las noches unos aullidos que, para ser de perros, sonaban muy extraños, pero supusimos que lo mismo se trataba de razas muy locales o muy exóticas, dada la tendencia al exhibicionismo de la sociedad libanesa. Pero obviamente no se trata de perros. Ahora ya tenían sentido, tanto los aullidos de unos como los maullidos y bufidos de los gatos callejeros, al disputarse los cubos de basura.

Desde ese momento me propuse andar más detenidamente a ver si me encontraba con alguno.

Y sí, alguna vez les he visto, incluso de día, muy descarados, pero no lo bastante cerca como para poder hacerles fotos. No se acercan mucho a los humanos, aunque tampoco huyen despavoridos. Simplemente pasan de humanos.

Viven en un espacio que cada vez les es más hostil por culpa de la construcción masiva que destruye la zona boscosa que nos rodea, próxima a la profunda garganta del río Beirut. Por cierto, se siguen levantando casas que luego quedan vacías.

Se trata de la especie Canis aureus, una de las tres especies de chacales que aún quedan en el mundo, propia de esta región del este mediterráneo y Asia occidental, posiblemente pertenecen a la subespecie Canis aureus syriacus. Están en peligro de extinción.

¡Y por fin tengo fotos!

Una de las hijas de la citada vecina, paseando a su perrito, pudo tomarlas hace poco. Aquí están



¡Qué bonitos son!

En su momento debieron ser importantes población, porque hasta hay canciones infantiles sobre ellos, aunque en estos dibus no salen muy bien parados. Gracias a mi mufakhakha Amane por el enlace.

miércoles, 21 de marzo de 2018

De marcha por Beirut

Pero no en el sentido festivo del asunto, sino en el de salir a la calle a caminar por un motivo de peso: la conmemoración del 8 de marzo.

Aún no sé porqué se hizo tres días más tarde de la fecha correcta, pero imagino que tiene que ver con las habituales razones de seguridad que se argumentan en este país para manipular el espacio público a conveniencia de unos pocos.

La convocatoria de la marcha la realizaron varias asociaciones libanesas, entre ellas la Lebanese Women Democratic Gathering (RDFL) y KAFA (enough) Violence & Exploitation, ambas organizaciones no confesionales que encabezaban la manifestación. De hecho, nos concentramos antes de salir en un enorme solar cerca de la sede central de la RDFL.

En esa concentración previa ya se vió claramente la amalgama de participantes que luego caminamos juntas, durante casi dos horas, por el centro de Beirut: musulmanas sunnis, musulmanas shías (reconocibles ambas por sus vestimentas) cristianas que portan cruces muy visibles como complementos de joyería (gargantillas, pulseras, anillos), mujeres sin signos externos de pertenecer a religión alguna, libanesas, expatriadas, empleadas domésticas de Extremo Oriente (sobre todo filipinas, reconocibles por las pancartas que mostraban) y África (sobre todo etíopes, reconocibles por las banderas que ondeaban), mujeres jóvenes, refugiadas, mujeres mayores, solas, en grupo, con familias, niñas, hombres de todas las edades, personas LGTB y mucha gente que estaba ahí andando en la misma marcha, desde la rotonda de Adlieh hasta el parque de Haoud al Wilaya. No vi drusas con sus trajes negros y sus velos blancos, pero eso no significa que no estuvieran.

Hubo algunos momentos memorables, como al pasar por el túnel que une las avenidas de Pierre Gemayel y de Abdallah el Yafi, junto al edificio del Museo Arqueológico Nacional libanés. Según íbamos entrando en él los gritos y cantos se amplificaban por el efecto eco, lo que nos animó gritar más. Fue tremendo, todo el mundo gritando "zaura, zaura! (revolución, revolución)":

ثورة, ثورة!!!

Este fue el recorrido que hicimos por la ciudad, un buen trecho durante casi tres horas.



Sí, éramos muchas.

Creo sinceramente que aún falta avanzar en el proceso de empoderamiento femenino. Muchas mujeres aún en todo el mundo están sometidas al patriarcado machista que las asesina, viola, esclaviza, explota, roba, desprecia, minusvalora y se burla de sus demandas.

Ya sé que hay muchos hombres que personalmente no participan de esta manera de actuar. Pero eso no es óbice para seguir en la lucha. Mientras haya una sometida, no se puede parar. Y aunque a algunos y algunas no les guste, no podemos abandonarla. Cada una a nuestra manera. 

Si esta consideración me hace merecedora del calificativo feminista radical pues bienvenido sea. Porque lo soy, ea.

No hice muchas fotos, estaba ocupada manifestándome, pero ahí van algunas:


Esta viñeta hace referencia a la durísima situación de las mujeres empleadas en el servicio doméstico, sometidas al sistema de la kafala


Este es el cartel que publicó el PCL para el 8 de marzo.















jueves, 8 de marzo de 2018

8 de marzo, huelga de mujeres

Hoy 8 de marzo escribo en este mi blog porque quiero contar una serie de cosas y es el día perfecto para hacerlo.

Es algo complicado parar aquí, porque mi situación me impide trabajar, así que no puedo hacer huelga laboral. Pero sí puedo hacer huelga de consumo y cuidados, hasta donde la gata me permite. Y eso estoy haciendo.

En el colegio donde soy voluntaria habíamos pensado celebrar un acto hoy, con las mujeres refugiadas cuyos hijos cuido mientras ellas están en clase. Pero finalmente lo vamos a hacer mañana, que es aquí el día de las Maestras y no hay clase. Bueno, en realidad es el día de los Maestros, pero como la mayor parte de esa actividad la llevan a cabo mujeres, pues... Así que nos dejan el patio del cole para poder hacer nuestro acto. Hablarán de sus problemas, de lo que les preocupa y de lo que esperan del futuro.

Hace unos días intenté contarles porqué se celebra el 8 de marzo y sus orígenes. Pero no me hicieron mucho caso. Sólo las kurdas conocían la conmemoración de las mujeres trabajadoras y lo celebraban en el mismo sentido que nosotras.

A las mujeres con las que estoy les precupa mucho más la guerra y sus consecuencias que la igualdad salarial o los techos de cristal. Les preocupa más que sus maridos se divorcien de ellas porque no tienen hijos varones y no tanto si colaboran mucho o poco en las tareas domésticas. Les preocupan sus familias en Siria o Iraq y si podrán reencontrarse con ellas en sus paraísos soñados de Canadá o Australia. Como la guerra es la principal arma de opresión machista y patriarcal, estaré con ellas, a lo que quieran hacer y decir.

Por otra parte, me está viniendo muy bien la convocatoria de esta huelga y la anterior celebración del día de la mujer en la ciencia porque me ha ayudado a verbalizar toda una serie de vivencias que he sufrido desde que intenté desarrollar una carrera profesional, allá por 1986.

Ya entonces teníamos delante una ardua tarea, que era encontrar un puesto de trabajo con una formación en Humanidades. Éramos muchas más las estudiantes mujeres que hombres, pero ellos ocupaban las cátedras y los puestos destacados. Ellos decidían quien podía formar parte de su élite y quién no.

El que Mª Ángeles Querol llegara a ser Subdirectora General de Arqueología del Ministerio de Cultura de 1985 a 1988 fué un hito que celebramos enormemente sus alumnas. Ya entonces avisaba ella de la brecha monstruosa que había en la ciencia del área de Humanidades. El argumento era bien sencillo: las mujeres ocupaban muchos puestos en esta ámbito porque estaba muy mal remunerado, ningún hombre quería trabajar por lo miserable de los salarios. Pero a las cúspides sólo llegaban los hombres, a pesar de ser minoría. Sus publicaciones guiaban y relumbraban, pero el trabajo diario y callado lo hacían mujeres, invisibles en todas partes.

Lo mismo pasaba a la hora de abordar el mundo laboral privado: las preguntas sobre tu proyecto de vida (matrimonio, hijos, etc.) eran las primeras. Incluso en un trabajo para el que me dijeron yo era la mejor cualificada, no me contrataron por mi aspecto, no les gustó nada. En otras ocasiones pedían juventud y mucha experiencia, en un oxímoron de imposible cumplimiento. Idiomas, títulos y toda la parafernalia, claro.

Hasta para concursar a empleo público había problemas: yo no podía preparar oposiciones pasando horas estudiando sin trabajar. Mi madre era pensionista por viudedad y había que colaborar en casa. De modo que no pude abordar adecuadamente hacer una tesis doctoral, ni estudiar una oposición ni nada parecido. Al principio pensaba que era por incompetencia mía, pero luego he visto claramente que ése no era el problema, sino que yo carecía de los apoyos que otras mujeres sí tenían: servicio doméstico, abuelas colaboradoras, ingresos familiares suficientes, etc. que las permitían abordar exitosamente esas tareas, al estar libres tanto en tiempo como de preocupación por el final de mes.

En los curros que me salían, la norma era la precariedad y la diferencia salarial. También la gente de mi entorno lo sufría. En ese sentido puedo decir que en mi vida he firmado un contrato indefinido. Incluso mi empleo actual es fruto de una sentencia judicial que ha tenido que reconocer que el trabajo que durante años he llevado a cabo, merecía tal tipo de vínculo laboral con la Administración.

Una vez que me empleé como autónoma dando clases para una academia, me dejaron de renovar mes a mes en cuanto se me empezó a notar la barriga de embarazada. Puedo decir que el precio de la hora de clase era inferior al de cualquier empleada doméstica. Hablo del año 2000, eh?

Así que sigue habiendo muchas razones para seguir peleando.

No me olvido de ellas, las invisibles en el Líbano



Convocatoria de la manifestación para el domingo a las 12 del PC libanés
Causas diferentes, misma ira.
Different Causes, Shared Anger

قضايانا متعددة وغضبنا واحد

martes, 6 de febrero de 2018

Tasnim quiere ser psiquiatra

Tasnim tiene catorce años, es bastante alta para su edad y muy flaquita también. Tiene el pelo largo y moreno, pero sólo lo he visto en las fotos que me enseña a veces, porque desde que la conocí, siempre ha llevado su hiyab puesto. Lo usa porque de esa manera se siente mayor y respetada, según me ha explicado ella misma.

Suele ir al Club de Juventud que el colegio organiza todas las semanas del año, en el que la gente de su edad encuentra un espacio para hablar de sus cosas, expresar sus preocupaciones, desarrollar sus habilidades artísticas, recibir educación sexual y prevención de ETS, además de evitar que anden mareando por las calles.

Toda su familia está aquí en Beirut y, a pesar de las penurias, siempre se muestran muy dignos y amables. A veces he llevado a su madre hasta un hospital cercano, donde le controlan la diabetes que sufre y siempre me ha hecho un regalo a cambio, como un bote de makdus preparado por ella misma o dulces kaak al estilo de su barrio de Damasco.

El curso pasado estuvo un tiempo ayudando en la guardería, porque a pesar de su edad aún no estaba escolarizada y su madre prefería que hiciera algo útil. Así que venía a nuestro aula, se sentaba en una de las mesitas y se ponía a leer algún libro de la minibiblioteca que tenemos o participaba en las actividades que solemos hacer con los peques.

Era muy buena jugando con ellos, se le ocurrían un montón de actividades que les fascinaban, normalmente dibujaba con las tizas en la pizarra, que los peques llenaban de colores y muchos terminaban borrando con las manos... con las risas correspondientes al ver nuestras caras de espanto fingido cuando nos enseñaban sus palmas azules o rojizas. Si alguien hacía una trastada o había mucho alboroto en la clase, no tenía reparos en gritar haciendo un efecto muy chocante con la voz, como vibrando, lo cual tenía un efecto muy calmante sobre las fierecillas...

Durante esas estancias siempre me decía que ella quería estudiar medicina, ése era su sueño.

Tras unos tres meses ayudando, dejó de venir y no he vuelto a verla hasta este viernes pasado. Me contó que ha empezado a estudiar el Grado 8, porque al no estar escolarizada durante más de dos años, han tenido que bajarla de nivel, aunque no sea el que le corresponde por su edad. También me enseñó sus notas. Espectaculares, sencillamente.

Ahora que se oyen muchas atrocidades sobre los planes occidentales para esta zona, pienso en Tasnim y su anhelo de estudiar medicina. No es que yo sea mucho de esos rollos persigue tu sueño y ese tipo majaderías, no, pero me hiere profundamente ver a alguien como ella, estudiando como una fiera para alcanzar ese objetivo, en un lugar en el que, ni por ser ella quien es (una refugiada siria pobre), ni por posibilidades económicas (un curso de medicina en cualquier universidad libanesa no baja de los 25.000$) va a disponer de oportunidades suficientes para lograrlo. Lo peor de todo es que ella lo sabe.

Y me siento mal. Aún así, cada vez que la veo le animo a que siga, porque todo el conocimiento que está adquiriendo no se lo va a quitar nadie nunca. Y quien sabe, con toda esa fuerza de voluntad que tiene y lo brillante que es, tal vez lo consiga.

Puerta principal de la AUB.

Hotel-Dieu, la facultad de medicina de la Université St. Joseph,
dos lugares en los que seguramente nunca podrá estudiar Tasnim.


jueves, 30 de noviembre de 2017

Dima, la artista siria

Dima es una niña siria, no sabemos de qué lugar exactamente.

Tiene cinco años y el pelo castaño, corto y teñido de alheña rojiza alrededor de la coletilla que le peina su madre justo en una de las sienes, lo que le da un aspecto algo chusco. Siempre viene vestida con pantalones y botazas y sus ademanes no imitan la gestoforma típica de otras niñas, que repiten patrones de lo que se ha venido conociendo como femineidad.

No, ella no hace ni caso a los bebés que tenemos en la guardería, lo cual es estupendo, porque no les alborota, ni les sube en brazos ni les molesta con mimos exagerados (actitudes habituales en la mayoría de las niñas, que tienden a comportarse como madrecitas, incordiando muchísimo porque no les dejan en paz). Tampoco se preocupa si la ropa se le descoloca ni se atusa el pelo con las manos cada cinco minutos. Sus objetivos son otros. Por ejemplo, nos hace muchas preguntas muy pintorescas, como ¿cuantos coches hay en Beirut? o ¿por qué hay lápices de distintos colores?

Dima, en cuanto llega hace una declaración de intenciones que no deja lugar a dudas, con su voz también grave, aunque no tanto como la de Amira:

biddi lauen!
(quiero colorear)

Asi que le damos una hoja de papel blanco con siluetas en negro para rellenar con colores y se le ilumina la cara. Como no disponemos de cajas de lápices para todos, lo que hacemos es darles unos poquitos lápices a cada uno (dos o tres) y con eso se conforman normalmente.  Pero Dima sigue pidiendo, tozuda, sin que ninguna otra palabra salga de su boca:

biddi ahmar!
(quiero [el lápiz] rojo)

En el caso de tener algún lápiz rojo disponible, ya que está muy solicitado, si se lo damos, tampoco termina ahí sus demandas:

biddi arb3a!
(quiero cuatro [lápices])

Si lo consigue, se enfrasca en su hoja y es capaz de colorear durante una hora entera, pase lo que pase a su alrededor.

Si nos quedamos trabadas en alguno de los puntos anteriores, porque no hay un aula disponible para nosotros y tenemos que jugar en el patio, o porque se nos han terminado las hojas y toca jugar con los bloques de madera, o porque los lápices rojos ya los tienen otros peques o no hay para todos, entonces Dima se enfada muchísimo y se va a un rincón para demostrarnos su cabreo. No sufre; se enfurece, que es muy distinto. Al rato se le pasa y se pone a hacer lo que toque, pero su momento os vais a enterar de mi enfado no lo perdona.

El lunes pasado nos sorprendió, porque según estaba coloreando su hoja llena de flores, mariposas y otros bichos, levantó la mirada y nos dijo que ella no quería nada a su padre, pero a su madre sí.

Con semejante declaración, se nos encendieron todas las alarmas, claro, asi que comenzamos con el protocolo correspondiente de preguntas para averiguar si hay que pasarles con la trabajadora social.

Con total tranquilidad, sin dejar de colorear su hoja, nos explicó que no quiere nada a su padre porque pasa de ella, siempre le dice que está cansado y no le hace caso, ni le importan las cosas que ella le cuenta. Así que ha decidido no quererle y pasar de él como él hace con ella.

En cambio a su mamá sí la quiere mucho, porque siempre la escucha, le pregunta cómo le ha ido en la escuela y se interesa por sus cosas. A veces su mamá no sabe responderle, pero a Dima eso no le preocupa, porque no la manda callar como hace su padre, sino que le dice que pregunte cuando llegue a la escuela

Así es Dima, la niña que no sabe su lugar de origen porque ha nacido en un periodo de guerra.




martes, 14 de noviembre de 2017

Shehat, la peque silenciosa

Shehat es una niña muy flaquita también, debe tener unos seis años, el pelo muy rizado y largo, de color castaño oscuro, pero muy poco abundante, que su madre suele peinar en forma de trenza. Siempre se le escapan unos pelillos cortos alrededor de la cara, como un nimbo de pelusillas. Su aspecto general es bastante enfermizo, debido a unas ojeras muy oscuras y marcadas sobre su piel apagada y tirando a amarillenta, entorno a unos ojos que cuando la conocí eran serios y tristes, un poco saltones y caidos del ángulo exterior. Es una niña que tiene cara de viejecita, si se puede expresar así.

Fue también de las primeras niñas que conocí en el colegio. El primer día que llegó su madre nos explicó que había dejado de hablar al salir de su pueblo de Siria y que nos teniamos que comunicar con ella mediante gestos. Casi me da un pirriqui, porque si ya es difícil comunicarse con ellos verbalmente, por gestos me parecía un mundo. Shehat, al llegar a la clase, se sentaba en una de las mesitas, muy seria siempre, sin alborotar, aferrando su mochila verde entregada a los refugiados sirios por la Campaña Nacional del Reino de Arabia Saudia para apoyar a los hermanos en Siria, según pone el escudo bordado que adorna el bolsillo frontal, exactamente igual a las que tienen estos críos (que no son de nuestro colegio).

 


 


Shehat a veces muy tímidamente señalaba el montón de papel reciclado que tenemos para que coloreen y al darle una hoja, despacito, despacito abría su mochila,  sacaba del estuche dos o tres lápices de colores muy recomidos y pintaba sin levantar la cabeza durante las dos horas que estaba a nuestro cuidado. Nunca aceptaba las meriendas que solemos darles, porque en su mochila también traía algunas galletitas y agua, que tomaba cuidadosamente, sin dejar ni una miga y sin hacer ruido. Si quería hacer pis, se levantaba y señalaba la puerta, con las piernas cruzadas y con el típico movimiento de quien ya no puede más.

Durante un tiempo su madre y ella dejaron de venir, sin avisar ni nada. Esto suele pasar y significa que o bien que la familia ha conseguido salir del Líbano, o bien que el padre no deja a la madre venir a las clases. Pero desde hace un mes han vuelto las dos y se ha producido uno de esos hechos que hacen ver la situación con otra luz: Shehat ha comenzado a hablar.

A la otra seño y a mi nos dejó patidifusas, porque entró al aula con su mismo aire triste de siempre, se sentó en su mesita con sus mismos ojos saltones y caídos de siempre y su carita de viejuca de siempre. Pero en vez de señalar, nos pidió hablando muy bajito, eso sí, lapices y papel para pintar.

Ya no trae la mochila verde y durante estas semanas su tono de voz ha ido subiendo, hasta hablar alto y claro. Incluso la hemos visto reir y hasta se ha animado a cantar en alguna ocasión. La vemos que mira con aire de duda a los otros peques que se tiran por los toboganes de plástico que tenemos.

  
Estoy segura que en pocos días la vemos peleando en la fila por subirse ella también.