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lunes, 3 de junio de 2024

Festival Intercultural Hispanoárabe Mediterráneo, Alicante. 6 y 7 de junio 2024

Pues es un poco tarde para anunciarlo, pero me acabo de enterar de la celebración de este Festival Intercultural Hispanoárabe Mediterráneo en Alicante. 

Serán dos días, 6 y 7 de junio y tiene muy buena pinta, sobre todo algunas de las actividades que en este blog son más queridas, por ejemplo la conferencia Diálogo de Saberes: Incentivando la Investigación Académica y el Intercambio de Conocimientos para Fortalecer los Vínculos entre España y Argelia que va a pronunciar la Dra. Naïma Benaicha Ziani, de la Universidad de Alicante, el mismo días 6 a las 13:10 h. en la sede de Casa Mediterráneo, que es la institución que alberga este festival. De tener que elegir sólo una, esta es la que destaco. ¡Naïma Benaicha Ziani es un portento de mujer! Forma parte del Instituto Universitario de Investigación de Estudios de Género (IUIEG) de la Universidad de Alicante,  es miembro de la Unidad de Igualdad de la Facultad de Filosofía y Letras de dicha universidad  y midel Laboratoire des Archives Cinématographiques de la Universidad de Orán 1, entre otras muchas cosas, como autora de libros, artículos... en fin, un portento.

Aunque Casa Mediterráneo lleva abierta desde 2009,  yo no tenía ni idea de su existencia (como de tantas otras cosas, claro) pero ahí están, intentando tender puentes,

Dejo aquí un par de enlaces:

Una pena no poder asistir, porque las conferencias, actividades y mesas redondas son de mucho interés.

jueves, 22 de febrero de 2024

María Eugenia Aubet Semmlet (1943-2024)

Lamento profundamente el fallecimiento de la profesora María Eugenia Aubet, catedrática emérita de Prehistoria de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y fundadora del Laboratorio de Arqueología de la citada institución.


Por sus destacadas aportaciones en el ámbito de la investigación de la historia mediterránea, ha recibido una gran cantidad de reconocimientos, entre los que destacan la Distinción de la Generalitat de Cataluña por el Fomento de la Investigación Universitaria en 2005, la Medalla Narcís Monturiol en 2009 o la Medalla al Mérito en las Bellas Artes, otorgada por el Consejo de Ministros en 2019. Como la autoridad que era en los estudios fenicio-púnicos y en la Protohistoria mediterránea, dirigió numerosos proyectos de investigación, financiados por el Ministerio de Cultura y Ciencia.

Las excavaciones más destacadas realizadas bajo su dirección incluyen yacimientos en ambos extremos E/O del Mediterráneo. El asentamiento tartésico y la necrópolis de Setefilla (Sevilla) revelaron conocimientos sobre la antigua cultura tartésica y el período orientalizante en el suroeste ibérico. Los asentamientos fenicios de Las Chorreras y, en particular, del Cerro del Villar, ambos en Málaga, descubrieron evidencia de dos de los asentamientos fenicios más relevantes del Mediterráneo occidental. Finalmente, la necrópolis de la Edad del Hierro de al-Bass (Tiro, Líbano) aportó valiosa información sobre las prácticas funerarias durante ese periodo. Además, la excavación en curso de la Acrópolis de Tiro (Líbano), en colaboración estos últimos años con el Centro Polaco de Arqueología Mediterránea de la Universidad de Varsovia, pretende descubrir el rico pasado de esta influyente ciudad fenicia, considerada la metrópoli de muchas otras ciudades del Mediterráneo.

Además del trabajo de campo que llevó a cabo, ha sido la autora de numerosos artículos y dos obras fundamentales, Los fenicios y Occidente: política, colonias y comercio (2ª ed., Cambridge University Press, 2008) y Comercio y colonización en el antiguo Cercano Oriente (Cambridge University Press, 2013).

STTL, querida Eugenia.

(Texto traducido y adaptado de la nota escrita por el Prof. Dr. Francisco Jesús Núñez Calvo del Polish Centre of Mediterranean Archaeology. Universidad de Varsovia)

https://www.diariodeibiza.es/ibiza/2024/02/19/arqueologia-ibiza-fallece-aubet-culleram-98360699.html

lunes, 5 de febrero de 2024

Randa Makhoul

Randa Makhoul (léase Majúl, con jota y u acentuada) es una artista que nació en Beirut en el año 1976. Estudió publicidad en la Académie Libanaise des Beaux-Arts (Alba) y trabajó cinco años como creativa en la empresa Impact BBDO antes de dedicarse a las artes escénicas, incluyendo la danza oriental. También da clases de Bellas Artes, hip-hop y, claro, de danza oriental, pero no he conseguido saber dónde.

Igualmente ha participado en una serie documental de Netfix que se llama We Speak Dance, que sigue a la creadora, ex asesora de la ONU y bailarina formada por Alvin Ailey, Vandana Hart, por todo el mundo para explorar cómo la danza conecta a las personas, los lugares y la cultura. El episodio de Beirut, además de Randa, cuenta con los bailarines libaneses Alexandre Paulikevitch, Naima Yazbek y Omar Dilati. En su estreno, 2018, el Station Beirut hizo una proyección pública y un forum con el cineasta Jackson Allers sobre la danza como arma para el cambio social.

Randa Makhoul suele actuar en el pub cabaret Metro al Madina, que es uno de los lugares de espectáculo más interesantes de todo Líbano, por la calidad y la originalidad de su elenco de artistas y sus propuestas escénicas. Tampoco es extraño verla en los espectáculos que se hacen en el Smallville Hotel de Beirut o, como muchos otros artistas, en salas de los países del Golfo Pérsico:

Como no sé si se va a ver bien, pongo aquí el enlace a su Instagram: https://www.instagram.com/p/BNBn7AgDS5u/

Ha participado también en actuaciones y en el vídeo del grupo libanés Mashrou’ Leila, Lil Watan (لِلْوَطَن), cuya letra describe un contexto social en el que se explota el patriotismo, se fomenta la apatía y la ese desesperación, se renuncian a las libertades en nombre de la salvación nacional mientras que los desafíos al decrépito orden político se responden con acusaciones de conspiración y traición. Mientras tanto la ciudadanía se distrae de su miserable situación con una invitación a ven a bailar conmigo un rato. Como el el mismo grupo define: Lil Watan, el segundo lanzamiento del tercer álbum de Mashrou’ Leila, Raasϋk, es una canción que analiza la forma en que nos enseñan a aceptar el statu quo y la apatía con la que somos recompensados en la política libanesa. “Cada vez que exiges un cambio, te desesperan hasta vender toda tu libertad. Te dicen que dejes de predicar y vengas a bailar con ellos”. Ahí aparece Randa: 

Aquí la tenéis en la foto oficial de uno de los espectáculos en los que participa.


Es conocida por su manera de bailar amable y muy autodidacta, de hecho, ella misma cuenta que bailaba desde muy pequeña (como la gran mayoría de la población) en las reuniones familiares.

Hay un vídeo de uno de los espectáculos del Metro al Madina, en el que baila una canción que da nombre también a una película egipcia de 1969, El ataba ghazaz (العتبة جزاز), con la cantante Yasmina Fayed. Pero ha desparecido de internet, por eso pongo este otro:

¡Espero que os guste tanto como a mí! Verla en directo es todo un evento.

viernes, 26 de mayo de 2023

Kafala y sindicalismo en Líbano

Las mujeres migrantes afiliadas al sindicato libanés del trabajo doméstico de la Federación Nacional de Sindicatos y Empleados del Líbano (FENASOL) se han manifestado el pasado 1º de Mayo en Beirut.

Son un colectivo de mujeres absolutamente indefensas y atrapadas en una cárcel construida, a medida, por la kafala, sistema del que ya he comentado alguna cosa anteriormente y que es tan dañino para ellas como difícil de erradicar por lo ventajoso para el patrón que las esclaviza.


La crónica completa de su situación en este texto de Alejandra Ortega Fuentes (@AlejandraORF), responsable para países árabes, África y Asia y consejera técnica de CCOO para la OIT en la Secretaría Confederal de Internacional, Cooperación y Migraciones de CCOO (@IntCCOO).

viernes, 27 de septiembre de 2019

Micro macro machismos

Desde hace tiempo tenía pensado comentar en el blog este tipo de eventos que nos tocan vivir a muchas mujeres, independientemente de la edad, aspecto y formación que tengamos.

Hace pocos días, en una reunión académica, se produjo la siguiente situación:

Uno de los participantes (hombre hetero, mayor de 60 años y con una altísima capacitación académica, natural de un país de América del Sur) quiso saber qué era el sherry, durante la conversación que estábamos manteniendo en la cena.

Yo le expliqué el significado y todo lo relacionado con el sherry que recordé en ese momento, sin atisbo de duda ni nada parecido, y el señor en cuestión quedó muy satisfecho con el conocimiento recién adquirido.

Peeeeeero…

Otro de los participantes, hombre hetero de entre 40/50 años, con la misma altísima capacitación académica y natural de la Península Ibérica, procedió a indicar, con gran suficiencia, que mi explicación estaba mal y dio otra, completamente falsa e incorrecta, que todo el mundo dio por válida inmediatamente.

Es decir, que todos y todas las presentes dieron por supuesto que yo estaba equivocada y el señor estaba en lo correcto, por más que yo insistiera en que mi explicación era la buena. Es más, alguna miradita condescendiente se le escapó a algunx. En ningún momento nadie se planteó que el señor pudiera estar equivocado. En absoluto.

Me dio tal rabia y coraje que tuve que tirar de internet para demostrar que mi explicación era la correcta.

Sólo después de que todos los presentes mirasen y remirasen en sus teléfonos móviles y que el señor reconociera, con gran asombro por su parte, que estaba confundido, el grupo de comensales aceptó que mi explicación era la buena.

Seguiremos contando.

sábado, 12 de enero de 2019

Una de machismo

Hecho sucedido en Madrid, no hace mucho tiempo, durante estas vacaciones navideñas.

Restaurante del barrio de Chueca, mediodía de sábado. Mucha gente, pero no lleno a rebosar.

Entramos mis hijas (24 y 18 años) y yo (55 años) a pedir mesa, sin haber reservado ni hablado con nadie del local previamente. 

Empleado del restaurante (unos 30 años) que nos mira en modo evaluación y nos dice que para un trío tan estupendo siempre tienen mesa, llevándonos a una de las pocas que quedaban libres.

Nos trae la carta y medio se echa sobre la mesa para explicarnos el menú y hacernos sugerencias sobre lo que pedir. No es sólo una descripción de los platos y sus características, también incluye un montón de adjetivos para referirse a nosotras, exageradamente familiares y melosos, casi de abuela. Conviene indicar que era la primera vez que le veíamos.

En un momento determinado de la explicación, el empleado me mira directamente y empieza a hacer referencias explícitas sobre mi aspecto físico, citando partes de mi cuerpo que le parecen muy atractivas. Le respondo que debe acudir urgentemente a una revisión oftalmológica.

El tipo no se da por enterado y sigue su discurso gastronómico con su almibarado lenguaje hacia nosotras.

Mi hija pequeña le corta el embeleso pidiendo la comanda con voz seca y poniendo cara de pocos amigos, actividad en la que es una auténtica experta. También expresa en voz alta lo poco apropiado la conducta del empleado y que se siente muy incómoda con esta actitud y situación.

Yo le digo que más que incómoda, me parece una situación delirante y bastante surrealista. Casi que me da curiosidad ver dónde es capaz de llegar el menda en cuestión. Por eso no les digo que nos marchemos inmediatamente.

Nos sirve la comida otro empleado, amable y correcto, sin cruzar ninguna línea.

En el momento de pedir la cuenta y pagar, vuelve el empleado número uno y retoma su discurso sobre mi físico y lo maravilloso que será vernos cuando volvamos al restaurante.

Muy amistosamente, le planta dos besos a mi hija mayor y, a continuación, se gira hacia la pequeña, momento en el que ella le hace una cobra en toda regla, dando dos pasos hacía atrás con sus botazas, que resuenan en todo el local.

El tipo se queda parado, mirándola con cara de sorpresa. Nos vamos las tres, dejándolo ahí plantado en su pasmo.

Preguntas del millón:
  • ¿a los hombres os han evaluado alguna vez así en los locales a los que vais? NO, claro que no.
  • si hubiese estado el padre de mis hijas con nosotras, ¿el empleado habría hecho las mismas referencias a mi físico? NO, claro que no.
  • si mis hijas hubiesen estado con un amigo/noviete/acompañante, ¿habría intentado besarlas? NO, claro que no.
Pues esto, ni más ni menos, es un enorme gesto de machismo.

martes, 23 de octubre de 2018

La habitación pintada

Muchas veces dando vueltas por Madrid se encuentran locales que se quedan guardados en la carperta de los de volver en cuanto pueda, como la Creperie Olive de la calle Conde Duque, 24.



Además de lo bien que atiende la persona que suele estar allí, los distintos tés y productos que ofrece están muy buenos. Por si fuera poco, el local está al lado de la Plaza de los Guardias de Corps, lugar en el que Almudena Grandes sitúa la vivienda de Raquel Hernández, la protagonista de su novela El corazón helado, de la que ya caerá algún párrafo por aquí.

Olive es uno de esos locales en los que hay libros disponibles para leer mientras tomas algo o intercambiar. La última vez que estuve allí me entretuve mirando qué tenían y ahí encontré el libro que voy a citar esta vez.

Se titula La habitación pintada, y está ambientado en el Cuatroccento italiano, en torno al pintor Mantegna, nada menos. Reparé en el libro por la portada, que reproduce la sección central del techo de Camera picta (o de los esposos, como se conoce actualmente), del castillo de San Giorgio en Mantua, obra pintada por el citado Andrea Mantegna entre 1465 y 1474. De ahí toma el título, precisamente, este libro.


La primera vez que vi una obra de Mantegna, el famoso Cristo yaciente, me pareció espeluznante. Gentes más expertas que yo me han criticado porque tal cuadro me produce estos sentimientos tan negativos y no una suerte de éxtasis tipo Stendhal por la calidad de la misma. Pero de momento estoy más inclinada a hablar de las obras de arte conforme me conmuevan y no según criterios académicos que carezco. De modo que Mantegna no se encuentra entre mis artistas favoritos. 

Me llamó la atención que en el texto, Mantegna aparece descrito de un modo que casi a lo largo de casi todo el libro me produjo la misma impresión que su pintura. ¡Por ese casi recomiendo leerlo!

La autora es la danesa Inger Christensen, de quien nunca había tenido noticia, pero que ha llegado a estar en las listas de candidatos a los Premios Nobel de Literatura y que nunca obtuvo.

Aquí está el párrafo que más me ha impactado:

En esta hora comienza la devastación sistémica de mi amada Nicolosia.

Ahora será sometida al potro del matrimonio, la estirarán y la retorcerán, hasta que haya arrojado un número apropiado de hijos varones. No lo comprendo.

No comprendo que, después de todo, tales medidas puedan considerarse necesarias en una época en la que se ha puesto de moda, de forma tan manifiesta, tener tal número de hijos ilegítimos, no sólo para poder presumir de su mera existencia, no; esencialmente, para poder así surtirse de unos productos de calidad razonable. [...]

¡Ojalá nos hubiéramos casado la primera vez que nos vimos!

Inger Christensen (1999): La habitación pintada. Un relato de Mantua. Ediciones del Bronce, Barcelona. Traducido por Ana Sofía Pascual.


martes, 2 de octubre de 2018

Cronología de mi dolor por Argelia

Este domingo tuve la oportunidad de conocer a Souad Hadj-Ali Mouhoub, autora de este libro.

Es una de esas mujeres que te impactan desde el momento en que empieza hablar. Es cercana y habla con mucha claridad, no hay que escuchar entre líneas sus palabras. 

Su relato sobre su vida en Argelia y en Madrid, sus actividades sindicales, su capacidad como autora y traductora quedan más que bien reflejadas en las obras que ha publicado. 

En la presentación de este libro, nos contó de su Argelia, esa tierra que aún nos resulta bastante desconocida, a pesar de su cercanía y de la herencia andalusí que preserva casi intacta. Es una vergüenza que apenas sepamos nada de allí.

Nos contó como, a pesar de los primeros atentados que se perpetraron allí, a modo de laboratorio terrible, desde finales de los años 80 del siglo pasado, nadie hizo caso, salvo el Foro de Mujeres Progresistas al que ella pertenecía en esa época. Solían manifestarse en la Puerta del Sol de Madrid avisando de que eso que empezaba a pasar en Argelia, podía extenderse al resto del mundo. ¡Y vaya si lo ha hecho...!

Souad ha nacido en allí, en Argelia, en 1955. Es hispanista y fue profesora en la Universidad de Argel, hasta que llegó a Madrid en 1995, dónde ejerce de traductora y autora.

En este libro hay relatos inspirados en su vida, en la de parientes y vecinos y en experiencias vividas en el metro de Madrid, medio de transporte que usa habitualmente y que le sirve como laboratorio (en este caso maravilloso) de ideas literarias. Se trata del relato de sus sentimientos y recuerdos más vívidos, con el objetivo de curarse de la herida muy profunda y abierta que sufre desde hace demasiado tiempo, causada por los periodos de guerra de su pais natal, tanto por la independencia como por la situación interna crudelísima vivida en ese territorio durante los años noventa del s. XX.

Ella habla de perdón y concordia civil, pero sin forzarla a ello: Perdonaré, pero déjame tiempo, nos dijo.



Aquí está la cita

El sonido de la lluvia cubre las voces y los pasos, pero el ruido de los pasos retumba y las voces braman. En cada esquina, tranquila, hay una pelea_ dos hombres agarrándose de la chaqueta, una mujer desgañitándose, un padre pegando a su hijo, una joven huyendo de un hombre que no deja de pegarse a ella, un hombre insultando a un chaval que mendiga... Y en cada corazón dormita una congoja que no tiene nombre. Duerme y no quiere despertarse. El dolor es muy fuerte y no hay quien lo sufra ni quien lo viva [...]

- Han degollado a un taxista de Zeralda...


Souad Hadj-Ali Mouhoub (2018): Cronología de mi dolor por Argelia y otros relatos contra el olvido. Editorial Diwan Mayrit, edición revisada de la ed. 2010 Ed. Anubis. Madrid, 2018.

jueves, 26 de julio de 2018

بيروت مدريد Beirut Madrid

El pasado 25 de junio vinimos a Madrid mi pelirroja y yo, con la intención de hacer un viaje relámpago e iniciar los trámites administrativos para que ella, mi pelirroja, pueda empezar a cursar sus estudios de FP de grado superior en un centro público madrileño.


Los más de 20.000 dólares que piden en las universidades libanesas por estudiar algo parecido a lo que ella le interesa nos ayudaron rápidamente a tomar esta decisión. No los tenemos y aunque los hubiéramos tenido, creo que no hubiésemos aceptado entregar semejante cantidad de dinero a cambio de una educación que ni es mejor ni iba a darle un puesto de trabajo, tal como hemos podido comprobar durante este tiempo allí. La mayoría de los graduados libaneses tienen que marcharse fuera, no hay trabajo allí y el paro juvenil es brutal.


Nuestra idea era volver el 30 de junio para terminar de recoger sus papeles del instituto libanés. ya sellados por el Ministerio de Educación y poder completar todo el trabajo en septiembre en Madrid de nuevo.


Pero el Universo nos ha llevado por otros derroteros. Muy diferentes.


El 26 de junio mi madre tuvo que ingresar en un hospital y ahí hemos estado las dos hasta que el 14 de julio falleció en mis brazos.


En todo este tiempo han pasado muchas cosas, algunas bastante desagradables, como la actitud machista y prepotente de los médicos que la trataron. Algunas que se han configurado a raíz de esa situación y que me han permitido conocer a gente estupenda, como la de AFDMD, llenas de sabiduría de la importante. Y otras maravillosas, como la compañía y la ayuda de amigas y parientes durante todo este tiempo. Se han creado lazos insospechados y he gozado de solidaridades limpias y hermosas en medio de la tragedia, que van a quedar ahí para siempre.


He tenido hasta más de ciento y pico mensajes de mis refugiadas, quienes aún me siguen mandando ánimos y muchas recomendaciones, desde sus complicadas vidas. Pero todos los días encuentran tiempo para mandarme alguna imagen o palabras de consuelo.

Ahora hay mucho que hacer y será una tarea difícil desmontar ochenta y nueve años de vida, concentrados en un pequeño piso antiguo, de esos de alcoba y gabinete, vigas de madera y muros de carga de ladrillo macizo, emplazado en un barrio antiguo, de los que aún tienen corralas y vecinas que se conocen y me paran por la calle para decirme lo tristes que están y que cuente con ellas para lo que sea, a pesar de que caminan con andadores y mil achaques. Muestras de cariño como la de su carnicero de toda la vida, que salió de su mostrador a abrazarme, con su mandil de rayas negras y verdes, llorando abiertamente. Así todo el barrio en el que vivió los últimos cincuenta y dos años de su vida.


De modo que por el momento me quedo en Madrid, atendiendo esta situación y en cuanto haya conseguido despejar burocracias, muebles atestados de recuerdos y muchas porquerías inservibles también, volverá a Beirut, inshallah.




Ésa soy yo, con mis padres, no sé donde, pero juntos.

miércoles, 21 de marzo de 2018

De marcha por Beirut

Pero no en el sentido festivo del asunto, sino en el de salir a la calle a caminar por un motivo de peso: la conmemoración del 8 de marzo.

Aún no sé porqué se hizo tres días más tarde de la fecha correcta, pero imagino que tiene que ver con las habituales razones de seguridad que se argumentan en este país para manipular el espacio público a conveniencia de unos pocos.

La convocatoria de la marcha la realizaron varias asociaciones libanesas, entre ellas la Lebanese Women Democratic Gathering (RDFL) y KAFA (enough) Violence & Exploitation, ambas organizaciones no confesionales que encabezaban la manifestación. De hecho, nos concentramos antes de salir en un enorme solar cerca de la sede central de la RDFL.

En esa concentración previa ya se vió claramente la amalgama de participantes que luego caminamos juntas, durante casi dos horas, por el centro de Beirut: musulmanas sunnis, musulmanas shías (reconocibles ambas por sus vestimentas) cristianas que portan cruces muy visibles como complementos de joyería (gargantillas, pulseras, anillos), mujeres sin signos externos de pertenecer a religión alguna, libanesas, expatriadas, empleadas domésticas de Extremo Oriente (sobre todo filipinas, reconocibles por las pancartas que mostraban) y África (sobre todo etíopes, reconocibles por las banderas que ondeaban), mujeres jóvenes, refugiadas, mujeres mayores, solas, en grupo, con familias, niñas, hombres de todas las edades, personas LGTB y mucha gente que estaba ahí andando en la misma marcha, desde la rotonda de Adlieh hasta el parque de Haoud al Wilaya. No vi drusas con sus trajes negros y sus velos blancos, pero eso no significa que no estuvieran.

Hubo algunos momentos memorables, como al pasar por el túnel que une las avenidas de Pierre Gemayel y de Abdallah el Yafi, junto al edificio del Museo Arqueológico Nacional libanés. Según íbamos entrando en él los gritos y cantos se amplificaban por el efecto eco, lo que nos animó gritar más. Fue tremendo, todo el mundo gritando "zaura, zaura! (revolución, revolución)":

ثورة, ثورة!!!

Este fue el recorrido que hicimos por la ciudad, un buen trecho durante casi tres horas.



Sí, éramos muchas.

Creo sinceramente que aún falta avanzar en el proceso de empoderamiento femenino. Muchas mujeres aún en todo el mundo están sometidas al patriarcado machista que las asesina, viola, esclaviza, explota, roba, desprecia, minusvalora y se burla de sus demandas.

Ya sé que hay muchos hombres que personalmente no participan de esta manera de actuar. Pero eso no es óbice para seguir en la lucha. Mientras haya una sometida, no se puede parar. Y aunque a algunos y algunas no les guste, no podemos abandonarla. Cada una a nuestra manera. 

Si esta consideración me hace merecedora del calificativo feminista radical pues bienvenido sea. Porque lo soy, ea.

No hice muchas fotos, estaba ocupada manifestándome, pero ahí van algunas:


Esta viñeta hace referencia a la durísima situación de las mujeres empleadas en el servicio doméstico, sometidas al sistema de la kafala


Este es el cartel que publicó el PCL para el 8 de marzo.















jueves, 8 de marzo de 2018

8 de marzo, huelga de mujeres

Hoy 8 de marzo escribo en este mi blog porque quiero contar una serie de cosas y es el día perfecto para hacerlo.

Es algo complicado parar aquí, porque mi situación me impide trabajar, así que no puedo hacer huelga laboral. Pero sí puedo hacer huelga de consumo y cuidados, hasta donde la gata me permite. Y eso estoy haciendo.

En el colegio donde soy voluntaria habíamos pensado celebrar un acto hoy, con las mujeres refugiadas cuyos hijos cuido mientras ellas están en clase. Pero finalmente lo vamos a hacer mañana, que es aquí el día de las Maestras y no hay clase. Bueno, en realidad es el día de los Maestros, pero como la mayor parte de esa actividad la llevan a cabo mujeres, pues... Así que nos dejan el patio del cole para poder hacer nuestro acto. Hablarán de sus problemas, de lo que les preocupa y de lo que esperan del futuro.

Hace unos días intenté contarles porqué se celebra el 8 de marzo y sus orígenes. Pero no me hicieron mucho caso. Sólo las kurdas conocían la conmemoración de las mujeres trabajadoras y lo celebraban en el mismo sentido que nosotras.

A las mujeres con las que estoy les precupa mucho más la guerra y sus consecuencias que la igualdad salarial o los techos de cristal. Les preocupa más que sus maridos se divorcien de ellas porque no tienen hijos varones y no tanto si colaboran mucho o poco en las tareas domésticas. Les preocupan sus familias en Siria o Iraq y si podrán reencontrarse con ellas en sus paraísos soñados de Canadá o Australia. Como la guerra es la principal arma de opresión machista y patriarcal, estaré con ellas, a lo que quieran hacer y decir.

Por otra parte, me está viniendo muy bien la convocatoria de esta huelga y la anterior celebración del día de la mujer en la ciencia porque me ha ayudado a verbalizar toda una serie de vivencias que he sufrido desde que intenté desarrollar una carrera profesional, allá por 1986.

Ya entonces teníamos delante una ardua tarea, que era encontrar un puesto de trabajo con una formación en Humanidades. Éramos muchas más las estudiantes mujeres que hombres, pero ellos ocupaban las cátedras y los puestos destacados. Ellos decidían quien podía formar parte de su élite y quién no.

El que Mª Ángeles Querol llegara a ser Subdirectora General de Arqueología del Ministerio de Cultura de 1985 a 1988 fué un hito que celebramos enormemente sus alumnas. Ya entonces avisaba ella de la brecha monstruosa que había en la ciencia del área de Humanidades. El argumento era bien sencillo: las mujeres ocupaban muchos puestos en esta ámbito porque estaba muy mal remunerado, ningún hombre quería trabajar por lo miserable de los salarios. Pero a las cúspides sólo llegaban los hombres, a pesar de ser minoría. Sus publicaciones guiaban y relumbraban, pero el trabajo diario y callado lo hacían mujeres, invisibles en todas partes.

Lo mismo pasaba a la hora de abordar el mundo laboral privado: las preguntas sobre tu proyecto de vida (matrimonio, hijos, etc.) eran las primeras. Incluso en un trabajo para el que me dijeron yo era la mejor cualificada, no me contrataron por mi aspecto, no les gustó nada. En otras ocasiones pedían juventud y mucha experiencia, en un oxímoron de imposible cumplimiento. Idiomas, títulos y toda la parafernalia, claro.

Hasta para concursar a empleo público había problemas: yo no podía preparar oposiciones pasando horas estudiando sin trabajar. Mi madre era pensionista por viudedad y había que colaborar en casa. De modo que no pude abordar adecuadamente hacer una tesis doctoral, ni estudiar una oposición ni nada parecido. Al principio pensaba que era por incompetencia mía, pero luego he visto claramente que ése no era el problema, sino que yo carecía de los apoyos que otras mujeres sí tenían: servicio doméstico, abuelas colaboradoras, ingresos familiares suficientes, etc. que las permitían abordar exitosamente esas tareas, al estar libres tanto en tiempo como de preocupación por el final de mes.

En los curros que me salían, la norma era la precariedad y la diferencia salarial. También la gente de mi entorno lo sufría. En ese sentido puedo decir que en mi vida he firmado un contrato indefinido. Incluso mi empleo actual es fruto de una sentencia judicial que ha tenido que reconocer que el trabajo que durante años he llevado a cabo, merecía tal tipo de vínculo laboral con la Administración.

Una vez que me empleé como autónoma dando clases para una academia, me dejaron de renovar mes a mes en cuanto se me empezó a notar la barriga de embarazada. Puedo decir que el precio de la hora de clase era inferior al de cualquier empleada doméstica. Hablo del año 2000, eh?

Así que sigue habiendo muchas razones para seguir peleando.

No me olvido de ellas, las invisibles en el Líbano



Convocatoria de la manifestación para el domingo a las 12 del PC libanés
Causas diferentes, misma ira.
Different Causes, Shared Anger

قضايانا متعددة وغضبنا واحد

martes, 6 de febrero de 2018

Tasnim quiere ser psiquiatra

Tasnim tiene catorce años, es bastante alta para su edad y muy flaquita también. Tiene el pelo largo y moreno, pero sólo lo he visto en las fotos que me enseña a veces, porque desde que la conocí, siempre ha llevado su hiyab puesto. Lo usa porque de esa manera se siente mayor y respetada, según me ha explicado ella misma.

Suele ir al Club de Juventud que el colegio organiza todas las semanas del año, en el que la gente de su edad encuentra un espacio para hablar de sus cosas, expresar sus preocupaciones, desarrollar sus habilidades artísticas, recibir educación sexual y prevención de ETS, además de evitar que anden mareando por las calles.

Toda su familia está aquí en Beirut y, a pesar de las penurias, siempre se muestran muy dignos y amables. A veces he llevado a su madre hasta un hospital cercano, donde le controlan la diabetes que sufre y siempre me ha hecho un regalo a cambio, como un bote de makdus preparado por ella misma o dulces kaak al estilo de su barrio de Damasco.

El curso pasado estuvo un tiempo ayudando en la guardería, porque a pesar de su edad aún no estaba escolarizada y su madre prefería que hiciera algo útil. Así que venía a nuestro aula, se sentaba en una de las mesitas y se ponía a leer algún libro de la minibiblioteca que tenemos o participaba en las actividades que solemos hacer con los peques.

Era muy buena jugando con ellos, se le ocurrían un montón de actividades que les fascinaban, normalmente dibujaba con las tizas en la pizarra, que los peques llenaban de colores y muchos terminaban borrando con las manos... con las risas correspondientes al ver nuestras caras de espanto fingido cuando nos enseñaban sus palmas azules o rojizas. Si alguien hacía una trastada o había mucho alboroto en la clase, no tenía reparos en gritar haciendo un efecto muy chocante con la voz, como vibrando, lo cual tenía un efecto muy calmante sobre las fierecillas...

Durante esas estancias siempre me decía que ella quería estudiar medicina, ése era su sueño.

Tras unos tres meses ayudando, dejó de venir y no he vuelto a verla hasta este viernes pasado. Me contó que ha empezado a estudiar el Grado 8, porque al no estar escolarizada durante más de dos años, han tenido que bajarla de nivel, aunque no sea el que le corresponde por su edad. También me enseñó sus notas. Espectaculares, sencillamente.

Ahora que se oyen muchas atrocidades sobre los planes occidentales para esta zona, pienso en Tasnim y su anhelo de estudiar medicina. No es que yo sea mucho de esos rollos persigue tu sueño y ese tipo majaderías, no, pero me hiere profundamente ver a alguien como ella, estudiando como una fiera para alcanzar ese objetivo, en un lugar en el que, ni por ser ella quien es (una refugiada siria pobre), ni por posibilidades económicas (un curso de medicina en cualquier universidad libanesa no baja de los 25.000$) va a disponer de oportunidades suficientes para lograrlo. Lo peor de todo es que ella lo sabe.

Y me siento mal. Aún así, cada vez que la veo le animo a que siga, porque todo el conocimiento que está adquiriendo no se lo va a quitar nadie nunca. Y quien sabe, con toda esa fuerza de voluntad que tiene y lo brillante que es, tal vez lo consiga.


Puerta principal de la AUB.

Hotel-Dieu, la facultad de medicina de la Université St. Joseph,
dos lugares en los que seguramente nunca podrá estudiar Tasnim.


jueves, 30 de noviembre de 2017

Dima, la artista siria

Dima es una niña siria, no sabemos de qué lugar exactamente.

Tiene cinco años y el pelo castaño, corto y teñido de alheña rojiza alrededor de la coletilla que le peina su madre justo en una de las sienes, lo que le da un aspecto algo chusco. Siempre viene vestida con pantalones y botazas y sus ademanes no imitan la gestoforma típica de otras niñas, que repiten patrones de lo que se ha venido conociendo como femineidad.

No, ella no hace ni caso a los bebés que tenemos en la guardería, lo cual es estupendo, porque no les alborota, ni les sube en brazos ni les molesta con mimos exagerados (actitudes habituales en la mayoría de las niñas, que tienden a comportarse como madrecitas, incordiando muchísimo porque no les dejan en paz). Tampoco se preocupa si la ropa se le descoloca ni se atusa el pelo con las manos cada cinco minutos. Sus objetivos son otros. Por ejemplo, nos hace muchas preguntas muy pintorescas, como ¿cuantos coches hay en Beirut? o ¿por qué hay lápices de distintos colores?

Dima, en cuanto llega hace una declaración de intenciones que no deja lugar a dudas, con su voz también grave, aunque no tanto como la de Amira:

biddi lauen!
(quiero colorear)

Asi que le damos una hoja de papel blanco con siluetas en negro para rellenar con colores y se le ilumina la cara. Como no disponemos de cajas de lápices para todos, lo que hacemos es darles unos poquitos lápices a cada uno (dos o tres) y con eso se conforman normalmente.  Pero Dima sigue pidiendo, tozuda, sin que ninguna otra palabra salga de su boca:

biddi ahmar!
(quiero [el lápiz] rojo)

En el caso de tener algún lápiz rojo disponible, ya que está muy solicitado, si se lo damos, tampoco termina ahí sus demandas:

biddi arb3a!
(quiero cuatro [lápices])

Si lo consigue, se enfrasca en su hoja y es capaz de colorear durante una hora entera, pase lo que pase a su alrededor.

Si nos quedamos trabadas en alguno de los puntos anteriores, porque no hay un aula disponible para nosotros y tenemos que jugar en el patio, o porque se nos han terminado las hojas y toca jugar con los bloques de madera, o porque los lápices rojos ya los tienen otros peques o no hay para todos, entonces Dima se enfada muchísimo y se va a un rincón para demostrarnos su cabreo. No sufre; se enfurece, que es muy distinto. Al rato se le pasa y se pone a hacer lo que toque, pero su momento os vais a enterar de mi enfado no lo perdona.

El lunes pasado nos sorprendió, porque según estaba coloreando su hoja llena de flores, mariposas y otros bichos, levantó la mirada y nos dijo que ella no quería nada a su padre, pero a su madre sí.

Con semejante declaración, se nos encendieron todas las alarmas, claro, asi que comenzamos con el protocolo correspondiente de preguntas para averiguar si hay que pasarles con la trabajadora social.

Con total tranquilidad, sin dejar de colorear su hoja, nos explicó que no quiere nada a su padre porque pasa de ella, siempre le dice que está cansado y no le hace caso, ni le importan las cosas que ella le cuenta. Así que ha decidido no quererle y pasar de él como él hace con ella.

En cambio a su mamá sí la quiere mucho, porque siempre la escucha, le pregunta cómo le ha ido en la escuela y se interesa por sus cosas. A veces su mamá no sabe responderle, pero a Dima eso no le preocupa, porque no la manda callar como hace su padre, sino que le dice que pregunte cuando llegue a la escuela

Así es Dima, la niña que no sabe su lugar de origen porque ha nacido en un periodo de guerra.




martes, 14 de noviembre de 2017

Shehat, la peque silenciosa

Shehat es una niña muy flaquita también, debe tener unos seis años, el pelo muy rizado y largo, de color castaño oscuro, pero muy poco abundante, que su madre suele peinar en forma de trenza. Siempre se le escapan unos pelillos cortos alrededor de la cara, como un nimbo de pelusillas. Su aspecto general es bastante enfermizo, debido a unas ojeras muy oscuras y marcadas sobre su piel apagada y tirando a amarillenta, entorno a unos ojos que cuando la conocí eran serios y tristes, un poco saltones y caidos del ángulo exterior. Es una niña que tiene cara de viejecita, si se puede expresar así.

Fue también de las primeras niñas que conocí en el colegio. El primer día que llegó su madre nos explicó que había dejado de hablar al salir de su pueblo de Siria y que nos teniamos que comunicar con ella mediante gestos. Casi me da un pirriqui, porque si ya es difícil comunicarse con ellos verbalmente, por gestos me parecía un mundo. Shehat, al llegar a la clase, se sentaba en una de las mesitas, muy seria siempre, sin alborotar, aferrando su mochila verde entregada a los refugiados sirios por la Campaña Nacional del Reino de Arabia Saudia para apoyar a los hermanos en Siria, según pone el escudo bordado que adorna el bolsillo frontal, exactamente igual a las que tienen estos críos (que no son de nuestro colegio).

 


 


Shehat a veces muy tímidamente señalaba el montón de papel reciclado que tenemos para que coloreen y al darle una hoja, despacito, despacito abría su mochila,  sacaba del estuche dos o tres lápices de colores muy recomidos y pintaba sin levantar la cabeza durante las dos horas que estaba a nuestro cuidado. Nunca aceptaba las meriendas que solemos darles, porque en su mochila también traía algunas galletitas y agua, que tomaba cuidadosamente, sin dejar ni una miga y sin hacer ruido. Si quería hacer pis, se levantaba y señalaba la puerta, con las piernas cruzadas y con el típico movimiento de quien ya no puede más.

Durante un tiempo su madre y ella dejaron de venir, sin avisar ni nada. Esto suele pasar y significa que o bien que la familia ha conseguido salir del Líbano, o bien que el padre no deja a la madre venir a las clases. Pero desde hace un mes han vuelto las dos y se ha producido uno de esos hechos que hacen ver la situación con otra luz: Shehat ha comenzado a hablar.

A la otra seño y a mi nos dejó patidifusas, porque entró al aula con su mismo aire triste de siempre, se sentó en su mesita con sus mismos ojos saltones y caídos de siempre y su carita de viejuca de siempre. Pero en vez de señalar, nos pidió hablando muy bajito, eso sí, lapices y papel para pintar.

Ya no trae la mochila verde y durante estas semanas su tono de voz ha ido subiendo, hasta hablar alto y claro. Incluso la hemos visto reir y hasta se ha animado a cantar en alguna ocasión. La vemos que mira con aire de duda a los otros peques que se tiran por los toboganes de plástico que tenemos.

  
Estoy segura que en pocos días la vemos peleando en la fila por subirse ella también.

jueves, 19 de octubre de 2017

Amira, la princesa con mirada de acero

Amira en árabe significa princesa أميرة

También es el nombre de una niña que no sabe su edad exacta ni celebra su cumpleaños. Amira está muy flaca, casi ya enfermiza y tiene los ojos glaucos. Es de las poquísimas niñas que lleva el pelo corto (llama la atención, porque es un corte de pelo muy estiloso y asimétrico) de color castaño claro, con brillos pelirrojos. Nunca ha ido a la escuela y se aburre si pasa más de veinte minutos pintando o haciendo palotes.

Suele vestir las ropillas ajadas que llevan casi todos mis peques. Son ropas que se reparten en servicios de caridad o que adquieren en mercadillos ex profeso, en los que los precios son irrisorios, pero que crean un espejismo de consumo que reconforta a las familias (qué cosas, ¿eh?)

No habla mucho, pero cuando lo hace sorprende lo grave que es su voz, casi demasiado para una cría que tendrá entre 7 y 8 años como mucho. Pero lo que más impresiona de ella es la dureza de su mirada, aunque sea para observar como los demás están jugando en el patio, cosa que ella tampoco suele hacer. Se queda ahí sentada y a veces comenta las cosas que hacen mal los demás, sobre todo si ve que se pelean o se quitan los jugetes entre ellos. A veces hay que sujetarla porque se lanza como una fiera a impartir justicia, su justicia, que consiste en pegar un puñetazo a quién ella considera culpable, sin mediar palabra, con una mirada fría, de acero, que busca el impacto más doloroso en su objetivo.

Amira ha visto morir en el mismo ataque (no sabe de quién) a uno de sus hermanos y a su padre, hace muy poco tiempo. Llevan aquí menos de un mes y ha cruzado la frontera con su madre andando desde Siria, en un trekking siniestro atravesando las dos cordilleras (imponentes, no son montañitas de papel) que separan estos dos países, como ponen de relieve las heridas en sus pies, que tenemos que curar siempre que viene por el colegio. Porque no lleva botas GoreTex ni Timberland, precisamente. No, su calzado son las típicas chancletas de goma con las suelas desgastadas, tanto, que tienen los bordes comidos y no le cubren la superficie de la planta del pie, asi que no se le curan sus heridas tan facilmente, a lo que hay que sumar la eterna suciedad de los suelos beirutís, que tampoco ayuda.

Su madre es muy joven, lo parece y lo es, ya que la mayor parte de las mujeres refugiadas sirias aparentan mucha más edad de la que tienen, porque las vidas perras que llevan envejece mucho antes de tiempo: sin cuidados, con mala alimentación, sin programas de planificación familiar, en cuartuchos oscuros sin ventilación ni luz natural. Amira y su madre discuten siempre antes de marcharse del colegio: Amira quiere quedarse un rato más, su madre tira de su brazo para que la siga.

Pensando en cómo es la vida de Amira, no me extraña que su mirada congele al miedo.



Uno de los rascacielos más nuevos y altos de Beirut, en el barrio de Achrafiye (sector Monot) uno de los mayores nidos de desigualdad de esta ciudad.
Foto de @rabzthecopter

martes, 17 de octubre de 2017

Ashia, una niña traviesa

Se llama Ashia y tiene siete años.

Está muy flaca y le faltan algunos dientes. Tiene los ojos muy oscuros y almendrados, el pelo casi negro, liso, abundante y largo, siempre alborotado. Es traviesa, pero a la vez le encanta ocuparse de los más pequeños. Una sonrisa entre pícara y dulce, sobre todo cuando le alabas los dibujos que colorea no demasiado cuidadosamente.

Se siente muy mal si algún otro pequeño le quita los juguetillos que tienen para entretenerse, pero nunca lo quita ella a su vez, lo cual no es muy corriente, sino que se va a un rincón a sufrir hasta que decide que ya está bien. No para quieta, la verdad. Si hay algún sitio dónde trepar o subirse, ahí está ella, no podemos quitarle ojo. De hecho, hace un par de años se cayó de la ventana de su casa, un segundo piso y se rompió unos cuántos huesos. Pero no parece tener miedo a seguir subiéndose a todos los sitios que puede, si son altos, mejor.

Ayer vino muy silenciosa y estuvo extrañamente quieta. Con los ojillos tristones, no habló apenas nada.

La otra seño que está conmigo se fijó en su mano: tenía unas heridas muy simétricas y con una forma claramente definida. Intentó cogerle la mano para verlas y Ashia rápidamente la escondió, llorando. ¡Qué raro! Normalemente nos muestran todas sus heridas y pupas para que les curemos o les pongamos tiritas de colores, que les gustan muchísimo y las exhiben como si de joyas se tratara.

Con mucha suavidad, intentamos tirarle de la lengua, a ver qué nos contaba.  No nos costó mucho, al poco estaba ya hablando locuazmente:

Su madre la había pillado jugando con la colita de su hermano pequeño al hacer pis. Así que sumergió una cuchara en aceite hirviendo y la quemó en el dorso de la mano como castigo por tan indecente juego.

Inmediatamente me acordé de mi tita Encarna, cuando me amenazaba con sentarme en las ascuas del brasero si me hacía pis en la cama. O de todos los menores que sufren brutales agresiones en la primermundista Ejjpaña... 

viernes, 8 de septiembre de 2017

Mujeres del Líbano, 01

Me interesa contar las historias cotidianas de las mujeres de esta parte del mundo en la que ahora vivo, pero me resulta complicado y no sé muy bien por dónde empezar, porque aquí hay una variedad de cotidianeidades femeninas tremendamente dispares y es necesario conocer todas ellas para hacerse una idea de lo que es este lugar.

Así que empiezo por las primeras impresiones que he tenido.

Aquí he encontrado mujeres muy cultas, educadas en colegios de élite y con abundantes recursos económicos, que viven por y para ornamentar a sus maridos proveedores (normalmente ricos empresarios del sector servicios, aunque no esté muy claro qué clase de servicio prestan a la sociedad). Son mujeres que han aceptado gustosas perder su apellido de origen y que piden a sus amos y señores anillos de oro y diamantes, como regalo merecido por su dedicación a la causa del hogar. Conducen coches importados carísimos, tipo todoterreno enorme y casi blindado, porque sienten cierto desdén por las normas de tráfico y es frecuente que tengan accidentes con las motos y furgonetas llenas de gente, que intentan abrirse paso por todas partes, o con otros coches tan potentes y caros como los que ellas tienen; accidentes de los que salen naturalmente ilesas gracias a las máquinas que conducen. A estas mujeres no les son ajenas operaciones periódicas de cirugía estética y larguísimas sesiones semanales de peluquería y manicura, además del gimnasio. Por supuesto, siempre están perfectamente maquilladas para cada ocasión y sus modales exquisitos alcanzan los detalles más nimios de su vida cotidiana, de esos que ni te figuras que tienen regulación establecida y, además, te pones en evidencia si no la sabes.

 

Otras mujeres, en cambio, se han forjado una vida profesional plena y exitosa con la ayuda, eso sí, de lo aquí consideran esos servicios que en Europa ya no se encuentran por un precio razonable, es decir, una cohorte de servidoras y servidores que van desde una o varias empleadas domésticas internas hasta chóferes privados con jornadas indefinidas, por unos salarios irrisorios y un cuartucho de escobas para dormir, en el mejor de los casos. Suelen tener a sus churumbeles en manos de esas otras mujeres venidas en su mayoría de Sri Lanka, Filipinas, Etiopía o Somalia, a las que se las ve caminar un paso por detrás de las señoras, con los peques montados a sus caderas -porque aquí hay muy pocos espacios para ir con sillitas de paseo- y es más cómodo cargar a cuestas con ellos. Por supuesto, esto no puede hacerse si se usan tacones de 10 cm de alto o más y se quiere mantener el peinado dignamente. En este artículo de Natalia Sancha hay más info sobre cuestiones a la que yo no he podido llegar.

Ciertamente aquí las mujeres trabajan mucho en cualquiera de los ámbitos que se mire. Pienso en una que veo siempre, pase a la hora que pase por delante de la puerta de su taller de arreglos y composturas. Trabaja tanto tiempo ahí que hasta come y cena en él. Es un espacio pequeño, de unos 8 m2, con una mesa para cortar tela y una máquina de coser tan antigua que ha perdido los dorados característicos y sólo puede leerse Gritzner en los hierros de las patas. A veces he parado para encargarle un dobladillo o quitar el cuello de una camisa y resulta que he salido con una kibbeh en la mano, porque las tenía ahí preparadas para ella y el olor delicioso de las especias se notaba tanto, que era imposible no decir sahtín! (nuestro qué aproveche) y, claro, la invitación es inmediata. Del probador, mal tapado con una cortinilla, sube una escalera hacia una especie de cuartito del que sale mucho bullicio. Es el doblao en el que vive con sus hijos y que se ventila por la puerta del taller... No sabe nada de su marido desde que salieron de Siria, pero se considera muy afortunada porque ha podido abrir este negocio y vivir de lo que gana con los arreglos de ropa que hace. Suele decir que cuando se levantan tienen un vestido que ponerse, agua corriente y algo que comer...


También puedo citar a otra mujer, socióloga, que habla cuatro fluidamente idiomas: kurdo, turco, árabe clásico y levantino (viene a ser como hablar latín y castellano) y bastante inglés. Como es refugiada siria, no tiene derecho a trabajar legalmente en el Líbano, pero se gana la vida colaborando con una organización internacional a cambio de una ayuda económica. Su tarea consiste en vigilar que los profesores de la escuela primaria en la que la han destinado, no peguen ni discriminen a los peques sirios que estudian en ella, atender las quejas que se producen y actuar de mediadora entre la organización, la escuela y las víctimas. Esta mujer también se considera afortunada porque ella y su familia (de origen y de creación) han podido llegar hasta aquí, sin separarse y vivir juntos en un minúsculo piso bajo, húmedo y oscuro, por el que pagan 400$ al mes, toda una fortuna para gente que debe buscarse la vida sin apoyos legales ni sociales. Ella tiene a la suegra casi inmóvil, por culpa una trombosis que no puede tratarse porque carecen de dinero suficiente, y actúa de cuidadora a medias con el suegro (un yayo musulmán practicante, al que no le duelen prendas lavar, peinar y asear a su mujer cuando es necesario). Esta socióloga suele decir que para que las mujeres puedan ser libres de verdad lo primero que necesitan es Educación y que ella siempre va a estar ahí para poner en práctica esta máxima de su vida. Me encanta dialogar con ella porque escucha, analiza y hace las críticas necesarias desde la razón, manteniendo su fe apartada. Con ella estoy aprendiendo de veras, nunca intenta convencer, ni se considera en posesión de la verdad. Estamos asimilando mucho cada una de la otra sobre nuestras culturas, contextos sociales y vidas antes de conocernos aquí. Ahí, en su cuartito de estar-dormitorio-cocina (todo a la vez) sentadas junto al camastro de su suegra, en uno de los barrios más desfavorecidos de esta ciudad,  se nos pasan las horas enlazando nuestros pensamientos y sentimientos... ¡claro que también comiendo los calabacines rellenos, kusa mahasi, que prepara maravillosamente!

Hay mujeres que son verdaderas luchadoras, que intentan vivir como consideran correcto según las normas sociales imperantes que han aprendido, pero a la vez se dan cuenta la jaula que esto supone para ellas. Se ha estado representando una obra de teatro con mucho éxito que se llama así, Kafas (La jaula), que habla precisamente de esto, de lo qué piensan y dicen las mujeres en un espacio de libertad (la sala de espera de una ginecóloga, es decir, sin hombres) sobre toda esa presión que ejerce sobre ellas una sociedad con dieciocho religiones oficiales (y casi otras tantas no reconocidas) dando la tabarra todas a la vez para imponer su visión patriarcal, machista y neoliberal en todos los aspectos de la vida cotidiana. Aun así, hay mujeres que luchan por romper esos esquemas y se implican en actividades que para una parte significativa de la población son impensables, como participar en movimientos sociales en favor de refugiados o del medio ambiente. Todo ello mientras sobreviven con unos empleos muy mal pagados, sacando tiempo además para estudiar en la universidad y ser cuidadoras de sus familias. En este colectivo he conocido dos modelos de mujer principales: unas, las que cuestionan los puntos oscuros de las religiones que profesan y otras que no rechazan la versión patriarcal que las oprime, a pesar de que en su vida cotidiana han roto ya muchas ataduras que esa misma religión les impone, de modo que han renunciado al matrimonio y los hijos para poder vivir independientes o trabajan en profesiones consideradas tradicionalmente masculinas (el taxi, el ejército o el comercio exterior) porque hay que llevar un salario a casa, para colaborar con el mantenimiento de los padres sin pensiones de jubilación (no hay de eso aquí).



Hay muchas mujeres totalmente invisibles a la sociedad. Estas mujeres de Etiopía, Sri Lanka, Somalia, India, Filipinas, Bangladesh o Nepal están sujetas a un orden jurídico que se llama Kafala, porque el gobierno libanés aún no ha ratificado aún el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo y no ha abolido este sistema de esclavitud moderna, que consiste en someterse al patrocinio de un ciudadano libanés o una agencia de colocación, también libanesa, para poder trabajar aquí. El patrocinador controla las condiciones de trabajo de estas mujeres, su movilidad, su salario y sus documentos legales, es decir, nada de convenios colectivos o regulación de mínimos. Si surge un conflicto irreconciliable entre las dos partes, ellas pueden perder su estatus legal aquí y ser deportadas a sus países de origen. Lo normal es que las familias a las que sirven les retengan los pasaportes, vaya-a-ser-que-roben-algo.

A pesar de ejercen a la vez de limpiadoras, amas de llaves, cocineras, niñeras, cuidadoras de ancianos, auxiliares sanitarias, jardineras, paseadoras de perros (a veces, se las ve llevando en brazos a los chuchos cuando los sacan por ahí) incluso de peluqueras étnicas, que mola mucho llevar trencitas hechas por una nativa, los amos suelen considerar que estas tareas domésticas no son tan agotadoras como los empleos de verdad y, por lo tanto, no necesitan un número mínimo de horas diarias de descanso. No es raro que duerman a lo más unas 4 horas, y no siempre continuadas, en esos cuartuchos de escobas que aquí llaman la habitación de la doncella (he traducido malamente algunos párrafos de este texto, que son particularmente brillantes y que ilustran de la mejor manera posible la situación de estas mujeres). Su salario depende sobre todo de su nacionalidad, lo mismo que el precio del jamón depende de la raza de cerdo del que procede y se lo pueden retener si el patrocinador lo considera oportuno. No cito nada de los abusos que suelen sufrir en los domicilios donde trabajan: violaciones, malnutrición, violencia verbal, psicológica y física. Hasta he llegado a ver en un restaurante cómo los señores hacían un murete con las cartas del menú sobre la mesa (como un castillo de naipes) entre ellos y el sitio de la maid, sentadita ahí sola en el otro extremo, para marcar bien el espacio entre ambos. Últimamente estas mujeres han reunido fuerzas y han empezado una serie de movilizaciones en la calle para intentar que se elimine este horrible sistema de la Kafala, pero la respuesta gubernamental ha sido patética: detención y deportación de la nepalí que ha encabezado las protestas. Esto sucedió justo el pasado 10 de diciembre de 2016, día internacional de los Derechos Humanos .

Me gustaría pensar que este texto permite hacerse una idea aproximada de la vida cotidiana de las mujeres aquí. Por supuesto no están todas, hay muchas más que iré describiendo a medida que las conozca mejor.

Y hay material, ya lo creo que sí.