domingo, 1 de noviembre de 2009

Viaje a Túnez, II.

Pues es la hora de contar algunas cosas del viaje:

Antes que nada hay que decir que el principal objetivo era sacar del barrio a la adolescente y la peque, cuyo bagaje viajero apenas supera con dificultades el consabido Madrid-Ribamontán al Mar de todos los veranos. Por lo tanto, un viaje de esas características necesariamente no es tan apasionante como pudiera esperarse...

Las cosas no comenzaron muy bien, ya que al llegar a la zona de facturación de la T1-Barajas, nos dicen que ya no quedan sitios contiguos y que nos toca sentarnos en los pocos asientos libres del avión que quedaban por adjudicar. El problema es que los menores de 12 años no pueden ir solos (como el viaje lo hacíamos en conjunto, no habíamos solicitado una persona de atención, claro). O sea, que no había asientos juntos y tampoco podía ir la peque sin una persona que la acompañara y la atendiera... Se suponía que la azafata-jefa de la tripulación debía encargarse de pedir amablemente a alguien que nos intercambiara al menos uno de los sitios, pero no sucedió así. No teníamos experiencia de lo que debe hacerse en estos casos, de modo que nos quedamos con el reparto que nos había hecho la persona de facturación, con tres de nosotros en fila india y menda, unos 20 asientos por detrás. RUEGO A QUIEN SEPA COMO SOLUCIONAR SEMEJANTE CONFLICTO NOS DÉ ALGUNAS PAUTAS. Desde luego, lo que hemos aprendido es que hay que facturar con las 24 horas de antelación que está permitido, porque ese fue el origen del problema: presentarse en Barajas como unos pringaos las consabidas 2 horas anteriores...

La llegada al aeropuerto de Túnez, previo susto tipo caida libre por turbulencias antes de aterrizar (nudo en la barriga...) fue animada por una fina lluvia, de esas que indican que has elegido mal momento para viajar...

Primeras biznagas del viaje. Nunca había conseguido hacerme una idea de cómo eran esos ramitos de jazmines que tantas veces he oído describir a mi madre hasta verlos allí, en manos de una de las muchas personas que te los ofrecen nada más salir del aeropuerto.

Como nuestro destino era Yasmine Hammamet, pues tuvimos casi una hora más de coche bajo la lluvia, con la inmensa cara de fastidio del público asistente, por la razonable previsión de
no vamos a poder pisar playa ni de moco, mamá...
El primer día lo pasamos entre Túnez ciudad y el pueblo de Sidi Bou Said.

En Túnez, el museo del Bardo, los yacimientos púnicos de Cartago, los puertos, el museo de Cartago, las termas de Antonino Pio (una barbaridad de yacimiento...) Sólo hubo un sitio al que me daba bastante reparo entrar. Se trata del tophet o lugar en el que supuestamente se hacían los sacrificios de niños en la colina de Salambó; el conocido como sacrificio molk al dios Baal Hammon (a veces bebés nonatos o mal formados). En ocasiones se sustituyeron los humanos por corderos, aunque se reservaron los humanos para situaciones en las que se necesitaba mayor protección de los dioses. Tophet es una palabra hebrea, en el Antiguo Testamento se cita un lugar de sacrificios humanos en el valle de Bana-Hinnom, Jerusalén, lugar chungo por excelencia. También hay que decir que buena parte de la fama de estos lugares fue propaganda romana, para terminar de arrasar con la cultura cartaginesa... Bueno todo eso me da igual, lo que me espeluznaba es que realmente sí se produjeron este tipo de sacrificios y que se trata de una constante en gran cantidad de religiones. No puedo pensar en una religión que alienta estas cosas, la verdad...

El lugar está lleno de estelas funerarias, muchas de ellas con el símbolo de la diosa Tanit, como este de una estela del Museo de Cartago:

De Túnez

Al final entré al recinto, pero no ha sido el lugar en el que mejor me he sentido del viaje, precisamente. Tonta que es una, qué vamos a hacerle...

Muchísimo mejor, más bonito y de inmejorable buen rollo la localidad de Sidi Bou Said, o Santo Feliz, (Abou Said ibn Khalef ibn Yahia Ettamini el Beji era su nombre completo) cuyas calles pindias, casas blancas y rejas en forma de tripa guardan una innegable similitud con la localidad de Altea (por citar una concreta que sí conozco, vaya, seguro que hay otras muy parecidas). Cafés animados, puestos de artesanía y los colores blanco y azul (por imperativo legal, hala, desde 1920) por todas partes. Tal vez lo más bonito son las vistas del Golfo de Túnez, que queda al sur del promontorio donde está enclavado el pueblo. Sólo esta vista merece acercarse hasta allí y disfrutar de la costa y el mar.

Seguiremos...
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