sábado, 9 de enero de 2010

El precio de la danza

Un comentario en el blog de la maestra Nejsret me lleva a comentar las siguientes cuestiones.

Como puede leerse, la discusión versa sobre los precios de talleres y clases de danza oriental. Alguien defiende que por la calidad de determinados artistas merece la pena poner precios altos, en virtud también de los gastos de organización que tales eventos suponen. Mi pretensión es argumentar en contra de ese razonamiento, que simplemente me niego a aceptar. No puedo convenir con nadie en que el arte y la cultura tengan precio de mercado: si es bueno, paga por ello. No, porque entonces la cultura, el conocimiento, el arte, la buena comida y a continuación, la educación, la sanidad, etc. etc. etc. quedan en manos de la minoría que pueda pagarlo. Y no, rematadamente no. De ninguna manera, vaya. ¡Elitismos, en el acceso al saber, NO!

Bastantes problemas estamos teniendo ya en nuestra Comunidad de Madrid con cosas muy serias, con logros que durante mucho tiempo se habían peleado, como la educación, ahora mismo muy comprometida su calidad, como para que sigamos extendiendo la idea del "paga" por el resto de cuestiones relacionadas con un elemento tan básico como es la cultura. Creo que en nuestra mano está el pararlo. Claro que vivimos en una economía de libre mercado, pero en mis manos está no pagar un precio injusto. Además, puesta a chinchar, me pregunto si Doña Randa Kamel cobra lo mismo en sus clases cairotas y, sin ánimo de ofender, al fin y al cabo el teatro donde se van a celebrar las actuaciones es de un colegio, con lo que ello significa, por bueno que sea, que lo es.

Por otro lado, tampoco un precio alto es la seguridad para poder disfrutar de un bien de calidad, ni muchísimo menos. Lamentablemente, tanto en el mundo de la danza, de la música, del arte como en cualquier otra actividad creativa, hay mucha gente muy buena que desarrolla su trabajo con precios razonables y, todos, absolutamente todos, en alguna ocasión hemos pagado fortunas por cosas que han resultado ser un auténtico timo. Además, convendría recordar que no es lo mismo valor que precio, Antonio Machado lo expresó claramente en un verso.

Y sobre todo, que me parece que no se puede dejar de reivindicar que elementos como la cultura, la música y la danza deben ser patrimonio social general, no de unos pocos afortunados con dinero para pagarlo. Mercantilizar el arte, sea cual sea, no es sino una forma de anularlo. ¿Cómo se le puede poner precio al valor del arte? No se puede, pero por si acaso, lo que sí puedo y quiero hacer, es evitarlo y para ello, empiezo por no pagar precios exagerados.

Me resulta muy descorazonador ver como se van asentando en el ideario de muchas personas (jóvenes incluidas, curiosamente las que menos parné han manejado de toda la vida) conceptos propios de sociedades neocon, en las que la incidencia de la economía de mercado en la vida de las personas es salvaje. No quiero terminar viviendo en una sociedad en la que pueda repetirse un caso como el de Marla Olmstead
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