domingo, 13 de octubre de 2013

El Huerto de las Monjas de Madrid y otras hierbas

Pues érase una vez un rincón tan desconocido, tan desconocido, que ni los propios responsables de la principal oficina municipal de turismo de la ciudad a la que pertenecía el citado rincón, sabían dónde estaba.

Esto no es un cuento chino, es la realidad del Huerto de las Monjas, pequeño jardín que se encuentra en la calle del Sacramento número 7, de la ciudad de Madrid. La cara de haba, que no hace mucho tiempo me pusieron en la oficina de turismo de la Plaza Mayor, cuando pregunté por las condiciones de visita al Huerto, hubiera sido para repartirla a la vez que la relaxing cup de café con leche...

El caso es que en la web del ayuntamiento sí aparece, pero con el nombre de Jardín Palacio O'Reilly (me recuerda al Gato O'Malley...) y lo describe como un jardín oculto hasta 1972, de titularidad pública -veremos cuándo dura así-, cuya conservación está al cargo del Área de Gobierno de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid.

¡Para que quede claro, esta inscripción epigráfica se encuentra justo a la entrada!
 En realidad, se trata de un jardín intramuros del monasterio convento del Santísimo Sacramento, fundado bajo esta advocación en 1615 por Cristóbal Gómez de Sandoval y de la Cerda, primer Duque de Uceda (sucesor del su padre, el duque de Lerma, como valido del rey Felipe III), sobre unas casas anejas a su propio palacio de la calle Mayor, el de los Consejos (donde se encuentra el Consejo de Estado), como residencia de las religiosas bernardas descalzas, que se trajo del convento de Santa Ana de Valladolid y que entraron a vivir allí el 21 de junio de 1615. El convento fue demolido en los años 70 para construir unos bloques de espantosos apartamentos, parcialmente ocupados hoy por dependencias municipales, salvándose la iglesia, que fue adquirida por el Ministerio de Defensa en 1979 con destino a albergar la iglesia Arzobispal Castrense de la I Región Militar, función que actualmente desempeña.

Posteriormente, en 1725, el arquitecto Pedro Hernández proyecta otro palacio, también para servir de vivienda a las citadas bernardas descalzas (se ve que andaban mal de espacio...), que es el ocupa el número 5 de la calle del Sacramento. Ya en 1830, la familia Uceda vendió el edificio a la familia Lezcano y de este modo toma el nombre de Palacio de Lezcano, que fue pasando de generación en generación. En 1913 fue utilizado como Museo Nacional de Artes Industriales, hasta su traslado en 1932 a su actual sede de la calle de Montalbán. En 1936, Aurorita Lezcano se casó con Darío Valcárcel, marqués de O’Reilly, del que tomó el nombre con que figura en la web municipal este edificio. A comienzos de la década de los 80, este palacio fue adquirido por el Ayuntamiento de Madrid y el arquitecto Joaquín Roldán Pascual lo sometió a una profunda reforma (no sin polémica), vaciando completamente su interior para albergar dependencias municipales, hoy en concreto la Oficina de Atención Integral al Contribuyente (otro caso de espeluznante fachadismo...)

Entonces, recapitulemos, porque el jardín se encuentra justo en la parte que une ambos edificios, el palacio de Lezcano (en el número 5 de la calle del Sacramento) y los apartamentos espantosos de los años 70, al que se accede descendiendo estas escaleras:

Portilla de acceso al Huerto de las Monjas, en la calle del Sacramento nº 7
El jardín consta de un superficie de 1.109 metros cuadrados, 26 unidades árboreas (a saber: ciruelo rojo, 63%; paulonia, 27%; aligustre del Japón, 15% y cerezo japonés, 8%), 6 unidades arbustivas, todas iguales, de laurentino y 230 metros cuadrados de macizos arbustivos de los cuales el 97% son de hiedra (eso que algunos majaderos llaman hedera, en la peor traducción del inglés a su vez traducido del latín) y el 3% restante de griñolera. Esto y la distribución que le han dado, no permite hacerse una idea del primigenio uso de este espacio, que era servir de huerto para cultivar las especies culinarias que utilizaban las monjas bernardas descalzas.

Eso sí, hay algunos bancos para sentarse y estar allí un ratuco, disfrutando de una paz poco común para el barrio en el que se encuentra. Lo más importante es saber que para entrar hay que hacerlo durante el horario de apertura de las oficinas municipales que se encuentran allí, porque el resto del tiempo, al formar parte de los apartamentos esos, lo cierran a cal y canto y NO SE PUEDE ENTRAR, por mucho que lo mantengamos entre todxs lxs madrileñxs.

Además de las plantas, hay en el Huerto un par de elementos más en los que debemos reparar: una fuente barroca francesa procedente de otro palacio destruido de Madrid, cuya historia está magnificamente contada en este texto de Mercedes Gómez y las paredes de aparejo toledano (construido de ladrillo y riñones de silex) que, me parece, debían formar parte de los edificios demolidos y que debía ser el aspecto de la mayor parte de los edificios de la villa de Madrid no hace tanto tiempo:

Muro de aparejo toledano, en el lado Este del Huerto

Unidades arbóreas del Huerto de las Monjas

Fuente barroca procedente del Palacio de Montellano
Es un lugar al que merece la pena acercarse, preferiblemente con buen tiempo (porque es bastante sombrío)  y una lectura que requiera de atención.
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