sábado, 1 de noviembre de 2014

Antisistemas anarcocapitalistas

Ayer estuve en un congreso que, desde hace unos once años, vienen organizando unos profesores de la UNED y otras entidades, tanto públicas (a nivel estatal y europeo) como privadas. El congreso se llama Expocampus y trata sobre novedades tecnológicas aplicadas a la educación virtual a distancia, o sea TIC / e-learning.

Es de mucho interés porque quiénes ahí hablan suelen estar bien atentos al asunto este de las novedades. Es más, muchas veces son quienes dan lugar a las mismas. Ahí me enteré yo hace tiempo de las lentillas con realidad aumentada, de la existencia y utilidad del grafeno y de qué se yo cuántas cosas más.

Pero a veces suceden cosas raras... Recordemos que hablo de un congreso que emana de una universidad pública de ámbito estatal y patronato de entidades de la UE.

Entre las cosas raras que suceden es que siempre hay alguien que mete una cuña antisistema: por ejemplo, el año pasado acudió una mujer que es una gurú de la red y nos largó una conferencia sobre democracia líquida y su utilidad y necesidad de implantación inmediata. La democracia líquida se presenta como una idea novedosa y buena, ya que sus defensores plantean que para conseguir la democracia participativa y la plena integración de la ciudadanía en la toma de decisiones basta con implementar un sistema de voto a través de una plataforma de Internet. Pero nunca se cita el lado oscuro de ese modelo: la ausencia de un programa de trabajo que abarque cuestiones como la economía, el control de la banca, la nacionalización de las productoras de energía, etc. y sobre todo, la eliminación del modelo representativo, que no sólo atañe a la representación política, sino también a la de trabajadores, vecindarios, etc. Esto es terrible, ya que nos dejaría a los ciudadanos absolutamente indefensos (más aún de lo que estamos ya) frente a cualquier decisión que una avispado/a con dinero suficiente para comprar votos electrónicos, pudiera tomar. Es decir, que la democracia líquida liquidaría la democracia representativa. Y defender eso, en mi pueblo, es ser una antisistema.

Este año también han venido un par de antisistemas más: los señores Eduard Punset y Enrique Dans.

Del primero, Eduard Punset, no tengo que hacer presentaciones. Llama la atención que su característico acento catalán y su suave voz te van colando, sin apenas darte cuenta, ideas como las que ayer soltó en sus 20 minutos de conversación: "cuanto menos Estado, mejor" fue la principal. Y ése es el gran sueño de las grandes empresas amas del cotarro mundial, que los estados desaparezcan, pero no como lo quería Mateo Morral y sus camaradas, sino para poder imponer sus condiciones a todo bicho viviente sin el freno que los estados aún (cada vez menos y ya veremos qué sucede si se aprueba el tratado de libre comercio con EEUU) ejercen. Y eso, en mi pueblo, es ser un antisistema a favor del capitalismo extremo, o sea, ser un anarcocapitalista.

Del segundo había oído hablar bastante, pero nunca le había visto, ni siquiera en los medios, a pesar de su presencia en los corros del 15M originales, allí en la Puerta del Sol. Hablamos de alguien que es profesor de la Escuela de Negocios de Harvard y de sus palabras se deduce que se tienen a sí mismos por los amos del mundo. En un momento se cargó el papel de las universidades como centros de generación de conocimiento y de transmisión del saber, naturalizando la idea de que la universidad lo que debe hacer es generar trabajadores cualificados según soliciten las empresas, bueno, esto también lo dijo claramente Punset. Pero para eso están los centros de formación profesional, desprestigiados y ninguneados hasta la naúsea, pero que son los que verdaderamente han venido formando al personal técnico, con muy buenos resultados en cuanto les han hecho un mínimo de caso. La Universidad está para otra cosa y desde luego, con acceso según capacidad intelectual, no económica. 

La perla antisistema de Dans fue "si esperamos que las instituciones investiguen, vamos apañaos...". Despojar a las instituciones públicas de su papel investigador es otro modelo antisistema anarcocapitalista, porque esas instituciones están libres (al menos deberían estarlo) de investigar conforme al modelo economicista de los beneficios a corto plazo. Si dejamos que las empresas privadas investiguen, que es lo que este hombre defiende, no lo harán conforme a intereses científicos verdaderos, sino conforme a lo que ellas les sea rentable.

Lo que más misterioso me resultó fue que nadie de los trabajadores (docentes o del personal de administración de servicios) yo incluida, levantásemos la manita para preguntar porqué nos estaban contando esto allí. Imagino que el mismo pasmo de escuchar semejantes andanadas contra la re publica que me inundó, fue lo que hizo mella en todos los demás asistentes.

Porque al final, el rollo aplausos, no fue tan sonado para estos personajes como sí lo fue para el ponente que explico lo siguiente:

Recuerden que Maestro viene de magister, es decir, el que destaca. Ministro deriva de minister, el subordinado que apenas tiene habilidades o conocimientos, y ya no sigo más...

La ovación que éste se llevó sí que fue las que habría que registrar.
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