sábado, 5 de diciembre de 2009

Concursos y talentos

Hace unos días asistí como espectadora a un concurso de bailarinas de danza oriental. Nunca había asistido a un evento semejante, sino sólo a actuaciones de bailarinas, de grupos profesionales o a festivales de alumnas, a los que vas entregada de antemano. Por lo tanto, estaba muy interesada en conocer la mecánica de tal actividad que implicaba evaluar a las participantes.

También tengo que decir que no iba como espectadora objetiva, sino como parte de la claque de una de las participantes, quien fuera de toda duda es una bailarina con carácter, originalidad y conocimientos de danza oriental.

La intención de esta entrada es comentar las impresiones que me causó el desarrollo del espectáculo al que asistí.

No tengo ni el acta de las deliberaciones del jurado ni tampoco las bases del concurso, para saber qué pretendía premiarse exactamente. He buscado por ahí y no he encontrado nada que me aclare esta parte, de modo que muy probablemente mis apreciaciones no coincidan en absoluto con las del jurado (eso es fetén).

Lo que sí sé es que pude apreciar lo siguiente:

Pude ver una variedad de estilos muy amplia, en la que algunas actuaciones fueron muy bonitas y cuidadas, como la de la bailarina con abanicos (precioso, la verdad) o la de la bailarina vestida de color naranja, con un estilo muy particular, de danza contemporánea con elementos de oriental. Pero aquello me despistó un poco, ya que no todos los estilos son iguales ni pretenden lo mismo a la hora de bailarlos.

Pude ver que hubo participantes que bailaron danza oriental clásica muy genuina y, como dijo una de las bailarinas de toda la vida sentadas en mi mesa, que subieron al escenario a emocionar con su danza, que es, en mi modo de ver, el objetivo principal de la danza oriental. No a impactar con otro tipo de habilidades o con la espectacularidad de sus vestuarios, sino a emocionar bailando.

Pude ver bailarinas dueñas de si mismas, que al bailar mostraban seguridad y disfrute de su danza. Es decir, que las vi bailar y pensé ¡alguna vez me gustaría disfrutar así mientras bailo...!

Como yo no era miembro del jurado, pues no pude premiar a las bailarinas que en mi modo de ver, representaron lo más auténtico de la danza oriental, pero sí pude ver que fue premiada la espectacularidad frente a la autenticidad.

Y eso no lo comprendí.
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