martes, 19 de mayo de 2015

Aterrizando en Beirut

Para llegar a Beirut no hay vuelos directos, ni desde Madrid ni desde Barcelona. La variedad de puntos de escala es muy amplia: Roma, Estambul, Ankara, Amman, etc. y dependiendo de las compañías, puedes llegar a echar más de 24 horas de viaje, sin que eso necesariamente sea más barato.


La primera visita la hemos hecho con Alitalia y una escala de hora y media en Fiumicino (Roma), que es un aeropuerto enorme, de modo que consumimos casi todo el tiempo de la escala en la caminata hasta llegar a la puerta de embarque del avión a Beirut y la enorme cola de seguridad que hay que tragarse para salir del Espacio Schengen.

Por todo Fiumicino, zona de tránsito (suena muy eclesial esto, pero no pienso poner transfer) hay montones de chuli-tiendas, de a tropecientos mil el cacharrete, a pesar de ser sin impuestos (no me quiero figurar lo que deben costar esas cosas en una tienda al uso, ni tampoco quiero poner duty-free...) pero no hay tiempo para curiosear. También están las insufribles tiendas de alcohol, las de perfumes (esas molan porque puedes probarlos de las muestras), las de productos típicos italianos (hay cosas buenas, sinceramente) y unos cuantos sitios para tomar algo, igualmente insufribles, con olor a cutre pizza, como sucede a veces en los ascensores de las casas con estudiantes. La primera parte del vuelo no se hace pesada, ya que dura un par de horas aproximadamente. Pero en la segunda parte, Roma Beirut, que son unas tres horas más, es muy cansina, sobre todo cuando ves que queda poco y no se llega, no se llega, no se llega... La parte buena es que te sirven una comida a bordo durante ese trayecto.

Lo primero que se ve al llegar de noche a Beirut es un mar de luces, muy potente, que de ninguna manera te hace sospechar que son todas producidas por generadores de gasóleo, ya que la electricidad, como la entendemos aquí, solo funciona cuatro horas diarias. Por eso es muy importante asegurarse, al buscar una vivienda, que tenga el correspondiente generador o un enganche al comunitario o cómo sea y que el precio esté incluido en el alquiler (además de los impuestos municipales).

Una vez fuera del aeropuerto Rafic Hariri se te clava en los ojos esa impresión caótica que cité en el primer post -por mezclada y abigarrada- que es la ciudad de Beirut. Unos barrios con características muy determinadas (campos de refugiados palestinos, por ejemplo) se suceden a otros totalmente diferentes, separados por una calle. En unos lados impera la tradicional visión oriental de exterior sin destacar-interior (presuntamente) cuidado, mientras que en otros ya el exterior muestra claramente que puede esperarse dentro, como Achrafiyeh o Hamra. Ya les dedicaré unas palabras...

Los conceptos Urbanismo y Planificación del territorio son manifiestamente mejorables. Uno de los problemas más graves que tiene este país y que se percibe sin mucha dificultad, es que la administración pública (ya sea local o provincial) tiene muy poca presencia y fuerza en la sociedad, de modo que, estrictamente, cada quien viene haciendo lo que le da la gana y cuestiones como poner aceras en la calle, dependen de la voluntad de quien construye los edificios, por ejemplo. Así que adiós a mi querido paisaje urbano de retícula hipodámica y el radial, propios de Madrid, porque apenas hay sitios para pasear en el sentido que aquí se entiende. Al menos que haya visto en esta primera visita. También eché de menos zonas verdes, aunque seguro que las hay.

La otra cuestión que ves inmediatamente son los puestos de seguridad por todas partes, con parapetos enormes de sacos terreros. Mucha seguridad no parece que proporcionen, sobre todo por la cara de aburrimiento o cashondeo fino de los mendas que los ocupan, aunque debo decir que algunos se toman muy en serio su trabajo e incluso un pequeño error gramatical (chapurreando con ellos en árabe), hace que te paren y no te muevas hasta que se aclara el entuerto. Si te los tomas como referentes territoriales, ayudan a moverse por una ciudad en la que lo habitual es que sólo las calles más importantes tengan nombre conocido...

Bueno, otro día, más.
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