martes, 19 de mayo de 2015

Viviendo Beirut

Entre todos los regalazos que el Universo nos ha propinado desde finales de 2012, ha habido uno algo diferente. No lo he citado hasta ahora, por si acaso no se materializaba; es más, ni siquiera aún hoy me atrevo a decir que sea cierto al 100%, aunque algunos pasos se han dado ya.

Nos trasladamos a vivir a Beirut una buena temporada, por razones laborales. El asunto comenzará este próximo verano. Por este motivo, hemos estado allí unos días, para buscar casa, instituto y esas minucias.

Siempre oí decir que Beirut es una ciudad única y finalmente he podido comprobar el porqué. No es Europa, tampoco el Cham, aunque eso sí, tiene la luz del Mediterráneo más auténtica que he visto. Tampoco es musulmana ni cristiana, ni puramente francesa (que hay mucho de eso) ni puramente árabe ni otomana. Es Beirut, no hay nada parecido.

Para comprender mejor la ciudad y el Líbano en general, me está ayudando mucho el libro de Georges Corm (2006) El Líbano contemporáneo. Historia y sociedad, Biblioteca del Islam contemporáneo, nº 30. Ediciones Bella Terra, Barcelona. Da gusto leer textos así.

Nada más llegar recibes el impacto brutal de la complejidad de este país, que abarca varias dimensiones. Podría decir que los cinco sentidos no son suficientes para procesar toda la información que te llega y que necesitas desde el minuto uno para poder adaptarte al lugar. Porque sí, es muy parecido a Ejjpaña (comen berenjenas y cordero, hay playas y terrazas, incluso un Carrefur para comprar, la gente es muy abierta y parlanchina), pero a la vez hay un abismo enorme, como consecuencia de las injerencias insoportables del colonialismo y los poderes dominantes.

Me he propuesto (ya veremos, claro) ir relatando aquí esta experiencia, que ya está resultando todo un desafío, aún antes de empezar de verdad.

Un beso enorme.
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