martes, 12 de enero de 2016

Beirut, Madrid

ESTO EMPECÉ A ESCRIBIRLO EL 25 DE DICIEMBRE APROX Y SE ME OLVIDÓ PUBLICARLO... 
Lo hago hoy añadiendo algunas ideas más.


Casi llevamos una semana ya en Madrid y desde el primer día me he dado cuenta que echo de menos el sol y la luz libanesa. Es lo que tiene el Mediterráneo, que marca estilo y marca la vida de la gente. El cachito de mar azul que se puede ver desde una de las ventanas de casa es una de las cosas más bonitas que tenemos allí, sobre todo si la mañana está clara.

Por otra parte, Madrid en Navidades siempre tiene un punto tristón, a pesar de las luces y las invitaciones al consumo por doquier. Es más, a veces comentamos que parece que la ciudad esté medio vacía, no nos ha pillado ni una sola de las habituales aglomeraciones de Preciados o Sol. Lo mismo es que el eterno mogollón beirutí hace que los madriles parezcan deshabitados. Y hace frío aquí, a pesar de lo que dicen en los telediarios sobre las temperaturas altas para esta época del año.

También es verdad que emociona pasear por aceras bien trazadas y dar mil vueltas en los buses de la EMT, incluso subir al metro como si lo hubiera dejado de usar antes de ayer, a pesar de los cuatro meses fuera.

Sentimientos raros, de ya no pertenezco a este ámbito, ver las novedades del barrio y ver las caras que dejaste atrás también. Enterarte de noticias malas y por el contrario, darte de narices con otras inmejorables de las que eres protagonista.


ESCRITO YA EN BEIRUT, 2016:

Los días pasados en Madrid han sido muy atropellados, viendo a mucha gente (pero no a toda) y resolviendo aún cuestiones del traslado (a este paso me temo que cuando tengamos que regresar aún estaremos resolviendo este tipo de rollos) y movidas de última hora. Han sabido a poco, pero también me han demostrado que ya había empezado a tener una vida razonablemente organizada aquí. Aún así nos costó lo nuestro arrastrarnos hasta el avión para volver. Claro que una cosa es vivir Madrid de vacaciones y otra hubiera sido volver a la rutina que normalmente seguíamos.

El Líbano nos ha sorprendido esta vez con nuevos acúmulos de basuras en sitios que hasta ahora estaban razonablemente limpios, la Cordillera de Libano llena de nieve (el Antilíbano también lo está, pero esa no la podemos ver tan fácilmente) y una campaña muy potente de recomendaciones para evitar accidentes de tráfico, que puede verse en vallas publicitarias, gasolineras y en muchas furgonetas de reparto. De momento, es sólo eso, una campaña, porque se siguen haciendo las mismas barbaridades, aunque ya apenas sorprenden. Casi que he desarrollado una suerte de habilidad para anticipar qué barbaridad va a suceder...

¡En breve, podré narrar alguna que otra sorpresa...!
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