viernes, 20 de mayo de 2016

Firdaus, la Mujer en punto cero

El pasado 6 de mayo, en el salón de actos del Museo de San Isidro, estuvo hablando sobre creatividad y disidencia Nawal el Saadawi. Tuve la fortuna de asistir, a pesar de la lluvia y el fresco, que estaban ahí empujando para que me quedara en casa. Fui solica, sin ninguna de mis compañeras habituales en este tipo de eventos, pero sabía que allí iba a encontrar caras amistosas, porque lo organizó todo la Librería Mujeres de la calle de San Cristobal. Y efectivamente así fue, estaba la troupe habitual de la librería y mucha gente más.

Nawal es una yaya, que nació en 1931 y ha tenido una vida de todo, menos cómoda y tranquila. Su manera de dirigirse a la audiencia fue directa, haciéndonos preguntas, planteando dudas y problemas, incluso ofreciendo su puesto en el estrado para dialogar con ella. Nunca había asistido a una conferencia con una ponente semejante, tan interesada en que las asistentes participasen.

Como resultado de esa conferencia, me traje a casa dos libros de ella. No son recientes, están escritos en los años 70, pero no han perdido un ápice de actualidad, lamentablemente.

Voy a poner una cita del que se titula Mujer en punto cero. Está editado en la Colección Femineras de la editorial horas y HORAS, y fue escrito en 1975.


Allí tenía una amiga que se llamaba Wafiya. Su cama estaba al lado de la mía. Cuando se apagaban las luces, acercaba mi cama a la suya y nos quedábamos charlando hasta la medianoche. Ella me hablaba de un primo de quien se había enamorado y que también la quería y yo le hablaba de mis esperanzas para el futuro. No tenía nada que contar sobre mi pasado o mi infancia y ningún amor, ni nada parecido en el presente. Sólo podía hablarle de cosas relacionadas con el futuro. Todavía era mío y podía decidir libremente sobre él y moldearlo a mi antojo.
A veces imaginaba que sería médica o ingeniera, o abogada o jueza. Y un día todo el colegio salió a la calle para participar en una gran manifestación contra el gobierno. Sin saber cómo, me encontré subida en hombros de las chicas mientras gritábamos:
-¡Abajo el gobierno!
Cuando regresé al colegio tenía la voz ronca, el pelo revuelto y varios desgarrones en la ropa, pero me pasé toda la noche imaginando que sería una gran dirigente política o jefa de Estado.



Publicar un comentario