jueves, 19 de mayo de 2016

Un día en Tiro, صور

Sí, en Tiro, localidad al sur del Líbano, que es un lugar precioso, con el Mediterráneo en todo su esplendor y las mejores playas de todo el país, tipo Costa Blanca, largas y de arena fina.

También hay unos tremendos campos de refugiados palestinos, rodeados de muros y vallas con concertinas que son El-Buss مخيم البص Al Rashidiya أل رشيديه

Pero ninguno de esos sitios citados han sido el objeto de nuestra visita hoy, sino el yacimiento arqueológico donde está trabajando un equipo de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, en la antigua isla (ahora no lo es) que dio origen a la ciudad.

Entre salir de Beirut con sus check-points interminables y el tráfico horrendo hemos llegado a las mil y pico, de modo que no hemos podido ver su trabajo in situ y además han tenido que recogernos porque no dábamos con el lugar concreto. En nuestro árabe macarrónico preguntábamos por la almacabra y todo el mundo nos dirigía al yacimiento visitable, de tal manera que hasta los guardas de la entrada se han mosqueado de vernos llegar unas 3 ó 4 veces y dar la vuelta.

Pero al final lo logramos y hemos visto el lugar, ya que han tenido la deferencia de esperarnos, aunque ya habían terminado la jornada (al mediodía hay que parar un rato, porque de lo contrario puedes acabar como una sardina asada y eso que hoy no hacía mucha calor).

Lo primero que he pensado al entrar ha sido menos mal que hay gente en el mundo que sabe leer este tipo de sitios, porque yo lo que he visto ha sido un galimatías espeluznante que fácilmente hubiera podido confundir con cualquier otra cosa.  Acostumbrada a los yacimientos paleolíticos en cueva, tan ordenaditos ellos, con sus niveles normalmente muy bien estratificados... enfrentarse a ese maremagnum de muros, aljibes, tinajas, acueductos y qué se yo más elementos, todos ellos de distintas cronologías y superpuestos de tal manera que parecen un cubo de Rubik, pero abarcando desde la Edad del Bronce hasta la actualidad. Además con el problema añadido de tener que reexcavar sobre antiguas catas de las que, por causa de la guerra, no hay documentación ni publicaciones.

Pero en cuanto te empiezan a explicar lo que hay, mecachis qué bien se ve todo. De modo que el horror se transforma en fascinación y ganas de echar rodillas a tierra y ponerte al tajo. No hay fotos como medida de protección del sitio, vayaaser que algún furtivo se le ocurra darse un garbeo...

Sin embargo, lo mejor del día ha sido compartir con ellos el rato de comida, en un sitio justo encima del mar, el Al Fanar Pub (o sea, el Pub del Faro) y poder hablar de mil y una cosas, desde la manera en que trabajan hasta las vivencias que se tienen en este país. Ahí, en la sombra de una pérgola, con el aire del mar y un poco de hummus, tabule y arroz con pollo, hemos pasado un par de horas casi sin enterarnos (al menos nosotros). 

Finalmente, nos han mostrado el lugar donde están viviendo, que sirve como centro de investigación y espacio de descanso. Y como eso es lo más necesario durante una campaña de excavación, nos hemos largado para que pudieran continuar su jornada sin darles más la brasa.

¡Desde aquí les mando todo nuestro agradecimiento por su hospitalidad y su paciencia con nosotros!


Vista desde el Al Fanar Pub, mirando hacia el Norte, con el faro del que toma nombre el sitio.
Había un hombre trabajando por el andamio, sin medidas de seguridad y andando descalzo; sus pies se agarraban a las barras (no había tablones para andar) dejando bien claro que los humanos pertenecemos al orden de los primates sin duda alguna.


A nuestros pies, restos de columnas de granito, erosionadas por el mar. El entarimado es dónde están las mesas del Al Fanar.


Más columnas, hacia el Sur. También se ve la parte lamentable, la suciedad de la playuca y eso que nos han dicho que han puesto papeleras recientemente.

Y esta, solo para molestar a lxs intransigentes



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