sábado, 12 de noviembre de 2016

Melisa siria

Desde hace unos días estamos algo jodidxs por un virus libanés que nos ha agarrado bien la garganta y los bronquios. Esto, unido a la contaminación atroz del aire (lleva sin llover ni sabe y no parece que esto vaya a cambiar, por ejemplo hoy estamos a 25 gradetes y soleado...) nos hace parecer trolls moqueantes todo el rato.

He llegado a quedarme sin voz y las toses que me dan a veces llevan a la gente a volver la cabeza para ver si me voy a ahogar en ese mismo momento.

Mi barrio está lleno de familias sirias, que viven en los edificios en construcción donde trabajan los hombres y ya, después de un año de andar pasando por ahí, intercambiamos saludos y sonrisas. Así me pilló uno de esos golpes de tos horrorosos.

La reacción de una de las mujeres, jovencísima y embarazada, fue inmediata: me pidió que esperase un momento, tiró para dentro de su cuchitril -la entrada cubierta con mantas- y salió con un ramillete de hierbas secas que olía muy bien.

Mientras me lo ofrecía sonriendo, me dijo que era مليس السوري (melisa siria) y con gestos me indicó que ayudaba con la tos, si la tomaba con miel عسل. Esto lo pillé porque ya voy sabiendo algunas palabras de la vida cotidiana en árabe levantino y miel es una de ellas.

Me quedé de piedra, esta gente apenas tiene para sobrevivir con las cuatro perras que les pagan, son lo más desgraciado de entre los desgraciados: sin derechos civiles, ni salarios decentes, ni viviendas dignas ni nada parecido. Tanto es el odio que generan, que hasta han tenido que abrir un turno especial en las escuelas públicas para que los niños refugiados dejen de recibir las palizas o el acoso que venían sufriendo al estudiar con la población libanesa.

Pero ahí estaba ella, con su barrigón y sus ropas de colores chillones, con el ramito de melisa siria en la mano, recalcando varias veces que era de Siria de verdad, marchamo de calidad y su sonrisa estupenda mientras me la ofrecía.

Así que cogí el ramito, le di las gracias sonriendo también y al llegar a casa me hice la infusión con miel, tal como ella me dijo que hiciera.

Y me sentí muy bien.




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