lunes, 4 de septiembre de 2017

Otra vez Líbano

He escrito este texto en un cuaderno con boli durante el viaje Madrid-París-Beirut (no hay vuelo directo) de regreso tras el verano, en el día del Eid al Adha.

Estas vacaciones han servido para volver a comprobar lo que verdaderamente significa la sociedad capitalista regida por la regla aúrea: quien posee el oro, hace la ley para beneficiarse de ella.

Unos asuntos personales heredados de parientes ya fallecidos hace un tiempo, me han puesto en evidencia que las organizaciones estatales -por mucho barniz democrático que se autoadjudiquen- son estructuras creadas por las élites dominantes desde hace siglos para servirse de la población, especialmente la asalariada por cuenta ajena, a la que nos dejan unas migajas que nos crean las ilusiones de libertad e igualdad, que no existen salvo que tengas dinero para pagarlas. De fraternidades no digo nada, que me da la risa...

También he aprendido que el mundo empresarial es sencillamente asqueroso y que en este país que algunos se empeñan en defender ciegamente (Ejjpaña), un narcotraficante con dinero tiene casi todo ganado ante las instituciones que nos gobiernan frente a cualquier obrero/a que viva de su salario, por mucha cualificación intelectual o académica que éste/a tenga.

Mientras escribo esto, hacemos cola cinco aviones para despegar. Algunos pasajeros del mío se indignan porque hay aviones que han llegado después a la cola en las pistas, pero despegan antes que nosotros. ¿Estulticia de consumidor?

Me da tiempo a ver un enormísimo avión chino, que vuela lentamente, casi dan ganas de empujarle... Después sale un Ryanair, que parece un mosquito al lado del chino, despegando casi en vertical y rápidamente, con mucha agilidad. Otro de Iberia y ya nos toca.

Por cierto, estoy harta de la Air France. Se ve que el concepto Legalité no forma parte del ideario de esta compañía.

En el mostrador de facturar (Barajas, T2) me dicen, de ciertas malas formas, que debo pagar 30 euros extra por el asiento de París a Beirut, que les consta que no he abonado. ¿Ehhhhh? Resulta que al hacer el checkin por internet, Air France me asigna unos asientos concretos para ambos vuelos y en la web no aparece ninguna información sobre si son más caros o no. Yo cliqué en CONTINUAR tan tranquila.

Me quedo muy sorprendida y le digo a la azafata que no puede ser, que yo ya pagué mi billete hacía meses y que no había ninguna indicación de abonar nada más al hacer el checkin on line. Su respuesta fue la siguiente O paga usted el asiento o le quitamos la plaza en París.

Naturalmente no pagué y me fui derechita a poner una hoja de reclamaciones en otro mostrador. Ahí, otra persona me confirma que efectivamente les consta que no he pagado ese suplemento, porque el asiento que ellos mismos me han dado es más caro y llama por teléfono a Reclamaciones, para escuchar una voz masculina joven con acento francés que me dice, por tercera vez, que debo 30 euros pero que mejor espere a pagarlos en París.

Así que rellené mi hoja de reclamaciones explicando todo esto y bastante cabreada, porque el tiempo de trasbordo para subir al avión de Beirut es más bien escaso y el tamaño del aeropuerto Charles de Gaulle hace que la T4 de Barajas parezca una patera. Me temo lo peor, o sea, perder el enlace a Beirut, que a algunos conocidos ya les ha pasado.

Mientras volamos cruzando sobre la Sierra de Somosierra se aprecian perfectamente las siguientes peculiaridades geográficas:

•    la cantidad de piscinas que hay en todas partes,
•    los estragos que han causado los incendios: hay muchas más calvas que vegetación,
•    la sequía plasmada en la gruesa cinta blanca de las orillas de los pantanos de El Atazar y Riosequillo,
•    los campos de trigo ya segados en la Meseta Norte, con cambios de color en la tierra matriz,
•    la forma de las parcelas de cultivo y lo que contienen: viñedos, cereales, etc., los eriales y los bosquecillos, los caminos, las carreteras.

Por eso me gusta volar de día. ¡De hecho, me encantaría volar a esta altura por todo el mundo, para apreciar todos sus paisajes!

También estas vacaciones hemos debido tomar decisiones muy importantes para mi tribu particular. Si el Universo no se opone, el curso que viene (2018-19) seguramente esté de regreso a mi vida habitual en Madrid. Durante todo este tiempo han pasado cosas, algunas muy buenas, otras horribles y tengo que pensar en la readaptación...

Mientras, un pasajero amable nos enseña el Desfiladero de Pancorbo ahí abajo.

¡Ya empezamos con las turbulencias! No puedo seguir escribiendo porque he descubierto que me marean mucho.

Ahora sobrevolamos Donostia. Se ve perfectamente el Ratón de Guetaria y la playa de Zarautz. También más sitios que no soy capaz de identificar. El mar está azul, precioso y tranquilo. Mal día para surfear.

Es curiosa la experiencia esta de volar tan a menudo. Hay viajes que resultan buenísimos porque no sucede nada extraordinario, independientemente de la clase o compañía por la que hayas pagado. En otras ocasiones todo parece conjurarse para joderte la marrana, como me sucedió en junio, cuando hasta tuve una discusión con un gilí de seguridad, por culpa del retraso del avión Beirut-París, en la que el citado sacó a relucir la Igualdad como valor francés al pedirle yo, por favor, que me dejara pasar en la cola de control de pasaportes, ya que sólo quedaban veinte minutos para el despegue y aún debía cruzarme todo el CDG, que es mú grande, mú grande. Pude pasar gracias al jaleo que le montó al gilí la gente de la cola, cuando enseñé el billete para demostrar que no pretendía colarme.

Otras veces las cosas empiezan muy mal, como en este viaje, pero luego parece que se enderezan y pasan cosas buenas, como el ratito de conversación con la pasajera de al lado hasta llegar a París o que finalmente, NO he tenido que pagar nada más por mi asiento hasta Beirut.

Mientras volamos por encima de Innsbruck nos traen un aperitivo. No veo nada porque hay un mar de nubes debajo del avión. Pero, aunque hubiera estado despejado, tampoco habría visto nada: el asiento dichoso ese que se supone que me costaba 30€ más está justo sobre el ala que me tapa todas las vistas. Eso sí, puedo ver la cara oculta de las nubes, que a veces son pura niebla y a veces son como una alfombra de merengues. Ahora la comida, que no está mal. Nunca espero comer en el avión como en casa, así que me suelo conformar con lo que me dan.

Hace mucho frío en este tramo del vuelo, a pesar de taparme con la mantita que nos entregan al sentarnos, de modo que me pongo a ver una peli en inglés, para distraerme, practicar un poco y que se me olvide esta parte tan rollo del viaje. Además, las turbulencias (ya estamos sobre Rumanía) siguen y no nos dejan ni levantarnos del asiento ni desabrochar los cinturones. Creo que me voy a dormir...

¡Ya se ven las luces del Líbano! Es perfectamente distinguible este país desde el aire: está todo iluminado, a pesar de los problemas de energía que tienen aquí.

Mejor me preparo para bajar y empezar esta parte del año aquí bien alerta.
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