lunes, 6 de septiembre de 2010

Volviendo a la rutina

Otra vez en Madrid y con todo el curso escolar por delante. Han pasado muchas cosas y en el fondo no ha pasado nada, salvo los días allí entre prados, mar fría y nubes.

Sólo cuando una sale durante un tiempo de Madrid se da cuenta del auténtico significado del concepto calidad de vida, que no solo implica quitarse de encima la contaminación atmosférica, sino que también incluye el quitarse la contaminación acústica, la lumínica y eliminar de tu entorno a un montón de gente atacada de los nervios y con prisas para todo. Incluye también elementos más sutiles como la calidad alimenticia, es decir, que el hecho de ir a comprar tomates, por ejemplo, adquiere una dimensión totalmente nueva: acercarse a la casa del paisano vecino que tiene un huerto en su prao y adquirir lo que -podríamos calificar casi de piezas de museo-, con textura, color, sabor y olor totalmente distintos a lo que una está habituada. Me temo que el mismo día de la llegada, casi me dio un síncope al ver los tomates supuestamente estupendos y carísimos del super-supermercado cercano a casa... ¡parecían caricaturas más que hortalizas auténticas! Otro ejemplo: ir por las alubias frescas y recibir como respuesta que hasta mañana no va a haber porque ya he vendido todas las que trae Fulanita y hasta mañana no volverá a coger de las matas...

Por último citaré un concepto que también quiero incluir en este de la calidad de vida: el espacio para moverse. Una de las cosas que más trabajo me está costando es constreñirme al espacio habitual de casa, cerrada por las paredes de la fachada, los patios y la distancia física impuesta por las escaleras hasta la calle.

Ha sido estupendo poder tener un sitio en el que el espacio de la vivienda se iba diluyendo poco a poco a un espacio verde y a la calle, con un parque infantil en el que todos los peques de la localidad confluían e interactuaban sin necesidad de adultos para llevarles y traerles.

Definitivamente y a pesar de lo que me gusta mi ciudad, hay mucho trabajo por hacer y pararse un poco para repensar si merece la pena estar tan metida en la vorágine.

Un ejemplo de como se vive en otros sitios: esta foto está sacada del Paseo Pereda de Santader, en un portal próximo al antiguo muelle. El viento sur que cita encrespa el mar de tal manera que obliga a tener una entrada alternativa a las casas, por dejar impracticable la habitual a causa del oleaje que este viento levanta:


3 comentarios:

  1. Me mandan este enlace para ver fotos del Paseo del Muelle:
    http://usuarios.multimania.es/asutil/fotos/fotos04.html

    La página es muy incómoda, porque está llena de publicidad, pero las fotos merecen la pena.

    ResponderEliminar
  2. Yo también tengo una relación de amor-odio con mi Madrid.
    Mi vía de escape este año ha sido la zona del Parque de Ordesa y alrededores. Una preciosidad.
    ¡Y tengo otra dentro de dos semanas!

    ResponderEliminar
  3. Bueno, ése es uno de mis sitios pendientes. Hace algún tiempo tuve oportunidad de visitar la vertiente norte de los Pirineos, en busca de cuevas con arte paleolítico (Niaux, Mas d'Azil...)
    Prometimos volver, pero ahí está aún en la cuenta del DEBE.

    Y sí, creo que lo has definido perfectamente, es amor/odio con todas las letras.

    Por cierto ¿le has echado un ojo al blog The CaroVan? Me ha gustado mucho.

    ¡¡Besos enormes, Nejsret!!

    ResponderEliminar

Gracias por el apunte.