jueves, 13 de octubre de 2016

Conmemoración de Ashura en Nabatiyeh

Léase Nabatiya, que es una ciudad al sur del Líbano de población mayoritariamente chiíta o shía en árabe: شيعة


CUESTIONES PREVIAS:

Shía significa partidarios, partido, seguidores o adeptos. Originariamente se llamaban shía'tu ali, es decir los seguidores de Ali. La historia se remonta hasta el momento de la sucesión al frente de la comunidad islámica, tras la muerte del Profeta Muhammad. Hablamos del año 632 d.C. / 11 Hégira y del gran abismo que se abrió en la umma (o comunidad de musulmanes) por causa de esa sucesión, que divide a los musulmanes entre sunni y shía.

Tras una serie de eventos entre los que pretendían que esa sucesión quedase en la propia familia del Profeta y los que propugnaban otra solución, llegó a ser califa Abu l-Hasan Ali Ibn Abi Tálib, a la vez primo y yerno de Muhammad, convirtiéndose en su cuarto sucesor. Su legitimidad fue puesta en duda, dando lugar a una guerra civil que dividió a los creyentes en tres grupos: los shi`at Ali o partidarios de Ali, los jariyíes y los sunníes, siendo éstos último los que toman el poder dando lugar al Califato Omeya de Damasco. 

Tras su derrota, Ali se hizo fuerte en la ciudad de Kufa, en donde fue agredido el 19 de Ramadán del año 40 de la Hégira (aprox 25/26 de enero del 661 d.C.) al rezar en la gran mezquita de esa ciudad. Le hirieron con una espada envenenada mientras se postraba en la azalá del Amanecer. Ali ordenó a sus hijos que no atacasen a los responsables. En caso de que Ali sobreviviera, el asesino sería indultado, mientras que si moría, el asesino debería recibir sólo un golpe (aunque no le matasen). Ali murió poco después, el 31 de enero del año 661 d.C. (o sea, el 21 de Ramadán del año 40 de la Hégira). Hasan, su hijo mayor, cumplió el castigo contra el asesino.

Los partidarios de Ali -alíes- nombraron entonces imam o jefe de la comunidad a Hasan. Éste, sin embargo, tras unas escaramuzas con el ejército omeya, decidió evitar a toda costa otra guerra civil y firmó un tratado de paz a resultas del cual abandona el liderazgo de los alíes y se retiró a la ciudad de Medina (su gobierno duró seis meses y tres días). Eso moderó la combatividad de los alíes, que se mantuvieron poco activos durante un tiempo. Todavía no se les llamaba shía, eso sucede algo más tarde.

Cuando en el año 680 d.C. el califa omeya Muawiya muere en Damasco, queda abierta de nuevo la cuestión de la sucesión al califato. Todavía no se había establecido que la dignidad de califa debía ser hereditaria, aunque tanto los Omeyas como los alíes buscan que sea así. Hasan, el hijo mayor de Ali, ha muerto unos años antes, lo que deja al otro hijo de Ali, Husayn ibn Ali ibn Abi Talib como cabeza de los alíes y probable candidato al título de califa por la dignidad que le confiere ser hijo de califa y nieto del profeta Muhammad. Sin embargo, Muawiya antes de morir intenta forzar el paso de un sistema electivo a uno hereditario proclamando califa a su hijo Yazid, en Damasco. Esto no gustó en general y se opusieron principalmente los alíes, quienes invitaron a Husayn, que estaba en La Meca, a acudir a Kufa para liderar una rebelión contra el califa Yazid, a lo que Husayn accedió. Yazid no fue precisamente un modelo de gobernante y se granjeó muchos enemigos, sobre todo al mandar asesinar a parte de la familia del Profeta.

Una vez el califa Yazid se enteró de la rebelión que se prepara en su contra, mandó un ejército al encuentro de Husayn y los 72 guerreros que le acompañan, sorprendiéndole antes de llegar a Kufa, en los alrededores de la ciudad de Kerbala (actual Iraq).



Se entabló entonces una batalla desigual, llamada Batalla de Kerbala, cuyo recuerdo nos llevó ayer a Nabatiyeh. Los 3.000 hombres enviados por el califa Yazid separaron la comitiva de Husayn de los puntos de agua, obligándoles a combatir durante dos días bajo un sol ardiente, al cabo de los cuales quienes aún sobrevivían, entre ellos Husayn, fueron torturados y asesinados. Únicamente se perdonó la vida al hijo menor de Husayn y a las mujeres de la caravana, que fueron conducidas a Damasco para ser vendidas como esclavas. El cuerpo de Husayn fue enterrado en Kerbala y su cabeza llevada también a Damasco para entregársela al califa.

Husayn fue martirizado ese día 10 del mes de Muharram (el primer mes del año musulmán) del año 61 de la Hégira, en la región de Nínive (Kerbalá) en Iraq. Ashura literalmente significa el décimo día, (se cuenta a partir del primer día de Muharram y no coincide en el tiempo porque el calendario es lunar) En árabe, diez se dice ashara. El día del martirio fue viernes y se supone que Husayn tenía unos 56 ó 58 años. Ahora bien, ya antes del martirio de Husayn se celebraba el día de Ashura en recuerdo del ayuno con el que Moisés agradeció la liberación del pueblo de Israel de manos de los egipcios, al parecer el profeta Muhammad solía ayunar en esta fecha y recomendaba este ayuno a sus compañeros, incluyendo la posibilidad de añadir el día anterior o el posterior al mismo. Por eso también es festivo para los sunni y llevan a cabo un día de ayuno.


UN DÍA EN NABATIYEH



En el Líbano hay un número muy elevado de habitantes shía, de modo que Ashura tiene gran importancia y es un día de vacaciones en todo el país. Tiene especial significado en los barrios del sur de Beirut, en el valle de la Beqaa y en la ciudad de Nabatiyeh. En esa ciudad estuve ayer, para asistir a esta conmemoración en vivo y en directo. Hay que vestir de negro y mucha gente lleva pañuelos de un color verde característico, propio del protagonista del martirio.

Se suelen llevar a cabo representaciones de la Batalla de Kerbala y grandes procesiones en las que muchos devotos y devotas se dan golpes de pecho y en la cabeza, donan sangre y se reparten alimentos y agua gratuitamente, como signo de devoción a Husayn.

Donantes de sangre en uno de los puestos

No se concibe que se pase sed, porque Husayn murió sediento y la gente ofrece agua y zumos por todas partes, que puedes coger directamente de mesitas que sacan a las calles, junto a pasteles, pan fresco con zaatar o pequeños bocatas de queso fresco.

Sin embargo, hay una minoría de penitentes que se flagelan de lo lindo como expresión de su amor por Husayn, aunque muchas autoridades religiosas shía lo desaconsejan. En Nabatiyeh el modo favorito de penitencia es hacerse cortes con cuchillas en el hueso frontal, justo encima de la frente, hay quien se arrea en la espalda con pequeños látigos hechos de cadenas de metal... Pude ver hombres mayores y jóvenes, adolescentes e incluso críos de 6 ó 7 años. Pero también chavalas, con sus frentes ensangrentadas y cayéndoles chorretones de sangre por las mejillas.

No se puede acceder al recinto en el que se hacen los cortes, dentro de una mezquita de llamativas cúpulas, pero sí salen a la calle grupos de penitentes, con enormes trozos de telas blancas que conforme pasan las horas se vuelven rojas de sangre pura. Van gritando las distintas advocaciones de Husayn, sobre todo Haidar, haidar, acompañados de unos grandes tambores.

Mezquita dónde se hacen los cortes en la cabeza y parte del estrado donde después se representó la batalla de Kerbala

La emoción es palpable por todas partes, la gente hace fotos y vídeos a los penitentes y les acompañan para secarles la sangre o animarles. Ni que decir tiene que hay ambulancias por todas partes y equipos preparados con camillas para recoger a los que caen redondos, que son bastantes, porque entre la sangre que pierden y el calor que hacía, desmayarse es frecuente. También suele haber  una especie de cofrade mayor que dirige los cantos y anima a los participantes (ésos que dirigen el cotarro no se hacen cortes ni nada parecido...)

No puedo decir qué me impresionó más, pero me gustaría contar lo que no se ve en las fotos, a saber:

- el olor de la sangre, que al principio no se nota, pero conforme pasan las horas y los penitentes sangran más y más, se va extendiendo por la calle. No es un buen olor, hay gente que lleva mascarillas porque al final llega a causar náuseas. No a todo el mundo, hay quien es capaz de comer  altramuces o lo que sea sin problemas, a pesar de ese olor, como a carne pasada ya.

- el ir pisando por la calle charcos de sangre y ver el suelo completamente moteado de gotas, como si estuviera estampada de lunares rojos. A veces los penitentes se paran y se agachan en sus cantos, de manera que al estar quietos un tiempo en el mismo sitio, la sangre cae al suelo y hace esos charcos que no se limpian hasta después. Por ese motivo hay que llevar un calzado adecuado bien cerrado y casi impermeable (yo no lo hice y pasé algo de espeluzne con mis zapatitos veraniegos abiertos). Hay gente que lleva botazas de cuero, tipo camperas pero más fuertes aún.

- la sensación que produce que se te pare al lado un menda o un chaval chorreando sangre y te mire directamente, mientras te salpican gotas de su sangre. A veces se me acercaba un crío pequeño y me mostraba una navaja de cortar el pelo ensangrentada... No sabía que hacer, si sonreír tímidamente aún a riesgo de parecer gilí, agachar la mirada o cerrar los ojos directamente. Menos mal que con las gafas de sol ayudan en estos casos...

- el sonido de los cuchillos o alfanges afilados que llevan, con los que se van golpeando sobre las heridas para que no se cierren los bordes mientras pasean por la calle. A veces los arrastran por el suelo y produce mucho espanto.

- la sorpresa que causaba ver a una guiri como yo en medio de esta historia, en vez de la misma sangría generalizada a la que asistíamos. De hecho, me puse a hablar con algunas mujeres y resultaron ser encantadoras. Me salió la vena patria y les mostré videos de los picaos de San Vicente de la Sonsierra (esos que se dan latigazos en la espalda el Viernes Santo)  y fliparon en colores. Una me miro maravillada y me preguntó si en España somos shías también

Hice algunas fotos y videos, al principio con algo de pudor, luego ya no. Pero no hice muchos, preferí vivir la Ashura sin cámara de por medio. Aviso, son algo potentes las imágenes:

Uno de los grupos de penitentes, ya llevaban más de dos horas de procesión

Mancha de sangre humana en la calle, que la gente luego pisaba como si nada

Contrariamente a lo que parece a primera vista, no había fanatismo feroz, la gente estaba tranquila y a la expectativa, de manera que esa sensación era la que transmitían. He visto gente más imbuida de masa rugiente y enfervorecida en eventos no sangrientos, como partidos de fútbol o mitines políticos.

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