jueves, 12 de octubre de 2017

Gentes muy enteradas

Desde mi llegada al Líbano he tenido la oportunidad de relacionarme con personas de distintas organizaciones nacionales, internacionales y supranacionales que vienen de visita a conocer la situación local y tomar decisiones que afectan a mucha, mucha gente. Aún hoy, me sigue soprendiendo su casi absoluta incapacidad para enterarse de lo que pasa de verdad en las calles de este país.

Naturalmente esto se debe a que cuando vienen a hacer sus análisis y estudios sesudos, pisan muy poquito fuera de los espacios más occidentalizados en los que se sienten seguras y como en casa, hecho les suele llevar a concluir -erróneamente- lo bueno que es este país para vivir...

Ahora bien, si asoma la patita alguna de las realidades que no les gusta ver, la expresión es que en estos países... + lo que sea (generalmente malo), no se les cae de los labios, acompañada de un tonito de reproche, mezcla de condescendiente y presuntuoso. Yo suelo preguntarles que a qué países se refieren con el sintagma nominal demostrativo estos países y nunca consigo una relación geográfica precisa. Todo lo más una vaguedad del tipo pues los países musulmanes o los del Tercer Mundo. Aclaración que suelen hacer con cara entre de sorpresa y despectiva, como si pensaran que yo soy tonta por no saber a qué entidades políticas se están refiriendo con tanta lucidez.

De modo que ahora me explico muchos de los líos que han formado esas organizaciones en los lugares donde actúan. Además de los intereses nacionales, de los mandatos ocultos y esas cosillas que suelen acontecer, es evidente que muchas de esas personas que vienen a investigar lo que pasa aquí, lo hacen con unas gruesas gafas coloniales, apriorísticas y, desde luego, de muy corto alcance, que les impide enterarse de lo que pasa de verdad.

Salvo contadas excepciones, no acuden al lugar núcleo de los problemas, sino que se sirven de materiales bibliográficos, fuentes secundarias e incluso terciarias que, por cierto, suelen llevar las mismas o parecidas gafas. No les falta arrogancia y suelen despreciar mis ofertas de acercarnos a esos lugares feos y con problemas. ¿Para qué? Ellos ya lo saben muy bien, sin necesidad de abandonar sus zonas de confort.

Suelen llegar cargados de ideas preconcebidas y estereotipos, que proyectan sobre sus apreciaciones y que se refuerzan al no saber/querer desprenderse de sus apriorismos terriblemente afianzados. Incluso pretenden reproducir aquí el modo de vida de sus lugares de procedencia, sin tener en cuenta circunstancias como la escasez de agua, los problemas con la electricidad o la pésima internet. Se engorilan y despotrican con fiereza contra la barbarie local, como si la gente de aquí disfrutara viviendo con estos problemas. Muchas veces no se dan cuenta de que esos comportamientos o situaciones que critican las seguimos viviendo en Ejjpaña o no hace tanto que nos hemos desprendido de ellas. Sus reacciones son tan exageradas, que hay que recordarles que nadie nace sabiendo según que cosas y que muchas veces, el problema de la gente en el Líbano no es la incultura o la brutalidad, sino la falta de recursos económicos que impiden, por ejemplo, comprarse un casco para circular en moto o llevar a los niños a una escuela de natación.

Así que sus conclusiones e informes reflejan ese modelo de pensamiento, sin tener en cuenta la otra realidad, la que ciertamente sucede tras las bonitas calles del Downtown y las luces de La Corniche, pero que puede apreciarse facilmente con un mínimo esfuerzo. Incluso a veces la tienen delante de sus narices y son incapaces de verla, porque levantan la cabeza en un gesto de desprecio para que a los citados apéndices no les llegue el olor de la pobreza.

Y así nos va...




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