jueves, 3 de marzo de 2016

Kibbeh de calabaza

Las kibbeh laqteen (léase kib-bí laqtín) de calabaza son una versión más ligera de las tradicionales kibbeh (literalmente bolas, en árabe) de carne. Hace poco las tomamos en el Beirut City Center, que está entre el considerado centro de la ciudad y el barrio/localidad de Hazmieh (léase Hazmiya, aspirando la H como se hace en Extremadura).

Las kibbeh son unas croquetas que tienen distintos rellenos, pero que siempre se hacen con una masa de burgul o trigo triturado. Se cuenta que tradicionalmente las suegras invitaban a las futuras nueras a prepararlas para comprobar sus habilidades como cocineras, porque verdaderamente requieren de muchos intentos para que salgan cómo debe ser. Hay muchas variantes de las kibbeh, incluso sin necesidad de conformar las croquetas sino poniendo la masa y el relleno en capas en una fuente para hornear.

En este caso hablamos de una hora y media aproximadamente de trabajo y de una cantidad de kibbeh para ocho ó diez personas, sin olvidar que siempre se sirven acompañadas de algo ligero como ensalada.

Ingredientes para la masa:
  • Un kilo de calabaza cruda
  • 300 gramos de trigo burgul, lavado y escurrido
  • Una cebolla grande cortada en cuatro partes
  • Unas hojas de albahaca o una cucharada sopera de albahaca seca
  • Algunas hojas de menta fresca o una cucharada sopera de menta seca
  • 1 cucharada de comino molido 
  • 1 cucharadita de canela
  • 1 cucharadita de pimienta dulce
  • 1 clavo de olor machacado hasta hacerlo polvillo
  • Sal y pimienta

Ingredientes para el relleno:
  • 1 cebolla grande, cortada en cuadraditos
  • 1/2 kg de hojas de acelgas o espinacas, muy picadas
  • 1/2 kg  de hojas de acedera muy picadas
  • 1 taza de garbanzos lebaniegos o pedrosillanos (o cualesquiera que sean muy pequeños) cocidos, a ser posible sin la piel (hay que quitarla uno por uno, para que no se aplasten, que es un rollo)
  • 30 gramos de piñones
  • 25 gramos de uvas pasas, yo las troceo para que no se me rompan las kibbeh
  • El zumo de medio limón
  • 1 cucharada de melaza de uva o granada, especial para cocinar (esto puede encontrarse en las tiendas de productos árabes, se usa mucho aquí)
  • 1/2 cucharadita de pimienta picante en polvo (opcional)
  • 4 cucharadas de aceite de oliva o el necesario
  • Sal y pimienta

Ingredientes para la salsa de yogur y pepino:
  • Un pepino mediano o grande
  • 100 gramos de laban o yogur griego sin azucarar,
  • un poco de pimienta negra recién molida, sal, un chorrito de aceite de oliva virgen extra, unas hojas hierbabuena fresca muy picaditas, algo de eneldo fresco muy picado (opcional) y unas gotas de zumo de limón.

Preparación:
Empezamos por el relleno:
Freímos la cebolla hasta que esté dorada. Añadimos las hojas de acelga/espinacas y las de acedera y rehogarlas también. Añadir los garbanzos y mezclarlo todo bien. Añadir los piñones, las pasas y los condimentos (melaza y pimienta) y poner todo el relleno en un colador a escurrir todo el caldo que pudiera haber soltado la verdura (luego puede usarse para hacer un arroz, por ejemplo).

Seguimos con la masa:
Se pone la calabaza a cocer en una cacerola con 2 tazas de agua, a fuego lento, tapado durante 20 minutos (también vale en olla a presión, para terminar antes, yo uso la WMF, dos anillos, 9 minutos). Una vez cocida, escurrirla en un colador y aplastarla hasta conseguir una pasta. Añadir el trigo burgul al puré de calabaza, mezclando todo bien. Dejarlo enfriar durante 20 minutos aprox. o hasta ver que el trigo se ha hinchado. Básico que la masa quede muy bien escurrida.
Picar muy bien la cebolla con el comino, las hojas de albahaca, las hojas de menta, el clavo de olor en polvo, la canela y la pimienta dulce y añadirlo a la masa del trigo, mezclarlo bien y empezar a hacer las croquetas con la forma característica de las kibbeh.

Para conseguir eso hay que hacer una bola con la masa de unos 4 centímetros de diámetro y con el dedo pulgar, ir haciendo un agujero y afinando las paredes a la vez (hay que tener un bol con agua fría para limpiar los dedos y que sea más fácil hacer los agujeros sin que se rompan las paredes, que es lo que suele pasar al principio). Introducir el relleno (a veces ayuda una cucharita, pero con cuidado de no perforar las paredes o usando una bolsa de esas de hacer croquetas ejjpañolas) y cerrar el agujero haciendo un piquito. Así la kibbeh tiene un lado redondeado y otro en pico. Se pueden freir en aceite de girasol o también se pueden hornear, que quedan más suaves y ligeras, hasta que se vean muy doradas.

Puede acompañarse con la salsa de yogur y pepino, que se hace rallando el pepino y escurriéndolo muy bien en un trapito blanco limpio. Una vez escurrido se añade al bol donde tenemos el yogur, se aliña con los condimentos citados al gusto y ya'tá!

En caso de desesperación, se puede poner una capa de masa, una de relleno y otra de masa en una bonita fuente de horno -previamente engrasada con un poco de aceite- y se procede a hornear, hasta que la superficie quede crujiente. Para servirla, añadir unos granos de granada por encima y el resultado es de lo más razonable...


viernes, 12 de febrero de 2016

Sayadiya, el pescado con arroz estilo Sham

Pues aprovechando que me han pedido por ahí que cuente recetas libanesas, ahí va la sayadiya, que también se hace en la parte costera siria (Latakia, Tartus...) y con ligeras variantes (en la preparación y en el nombre), se come hasta en Egipto. Esta región es la que se conoce como el Sham.

La sayadiya es el plato de pescado con arroz más emblemático de toda esta zona, en el que el arroz se cuece en el caldo de pescado, con especias y cebollas fritas que le dan un color tostado característico. Lo fetén es usar las especias enteras, en una especie de saquito hecho con el paño de hacer requesón, pero como eso es muy difícil conseguirlo, pues se usan las ya molidas.

Al servir, se pone primero el arroz, encima se pone el pescado y se remata con almendras fritas, piñones y cebolla frita crujiente en rodajas. Pongo las medidas con el sistema de las tazas y cucharadas, que es el que siguen aquí. Hay que usar una sartén o una cacerola con tapa, para que pueda salir bien.

INGREDIENTES (para 4 ó 6 personas)

2 kg de lubina, o cualquier otro pescado blanco grande como el pargo rojo o el bacalao, pero con piel, espinas y cabeza.
3 tazas de arroz de grano largo, enjuagadas y escurridas, para que quede suelto. Yo he usado basmati integral, que está muy bueno.
3 cebollas grandes, cortadas en aros.
2 dientes de ajo, partidos a la mitad.
1/2 taza de aceite de oliva, si puede ser virgen extra, mejor, como el de aquí, que es muy bueno.
1/2 taza de piñones crudos.
1/2 taza de almendras crudas.
1/2 cucharadita de cúrcuma.
1 cucharadita de comino.
1 cucharadita de alcaravea.
1/4 cucharadita de canela.
1/4 cucharadita de pimienta negra recién molida.
2 cucharaditas de sal.

Para hacer el Tarator, que es la salsa que lo acompaña:

1/2 taza de tahini (pasta de sésamo tostado)
el zumo de un limón
1/4 taza de agua sal y pimienta al gusto.
Se mezcla todo con la batidora o se hace batiendo a mano, añadiendo el zumo poco a poco, muy lento porque si no se corta.

ELABORACIÓN

1. En una sartén freír las almendras y los piñones con 2 cucharadas de aceite hasta que se tuesten ligeramente, no poner mucho aceite porque, con el calor, estos frutos secos ya sueltan el suyo. Sacarlos y reservarlos sobre papel absorbente de cocina.

2. Frotar el interior y el exterior del pescado con los ajos, un poco de sal y aceite de oliva.

3. Añadir aceite a la sartén suficiente para freír el pescado hasta que esté tierno. Apagar el fuego.

4. Sacar el pescado manteniendo el aceite en la sartén.

5. Retirar la piel y extraer la carne del pescado lo más limpiamente posible. Desechar las espinas y guardar la cabeza. Cortar la carne del pescado en trozos grandes (que luego se sirven) y reservarlos aparte.

6. Freír las cebollas en el aceite reservado en la sartén, hasta que estén crujientes y bien tostadas, incluso caramelizadas. Retirar 4 cucharadas de cebolla frita y apartarlas para la guarnición.

7. Añadir la cabeza de pescado (si puede ser en una malla fina, mejor, para luego retirarla fácilmente), las especias y 4 tazas de agua caliente a las cebollas fritas en la sartén. Taparla y hervir durante 20 minutos a fuego medio o hasta que las cebollas se pongan blanditas.

8. Colar el caldo y llevarlo a ebullición, para a continuación, añadir el arroz. Cubrir la sartén y cocer el arroz a fuego lento durante 25 min. Añadir más agua caliente si es necesario y probar para ver si el arroz está ya cocido (suele estarlo al evaporarse el agua) o si necesita más sal y condimentos.

9. Poner el arroz en una fuente honda para servir. Colocar los trozos de pescado frito encima y por último, las cebollas fritas que teníamos apartadas, los piñones y las almendras. Servir inmediatamente acompañando con el tarator en un cuenco.

También se puede hacer la sayadiya horneando el pescado o poniéndolo a la brasa, incluso hacerlo hervido con las especias y parte de las cebollas, un puerro, varias hojas de laurel y la cáscara de un limón (ojo, que sea ecológico para que no tenga cera la superficie) y usar también el caldo que suelte para las cebollas caramelizadas y el arroz, siguiendo el mismo proceso.



Foto por cortesía de TripAdvisor

lunes, 25 de enero de 2016

Lo que no nos cuentan, muy bien contado



Acabo de encontrarlo en la red, pero no pierde un ápice de actualidad.

Programa especial dedicado a los últimos atentados terroristas en París y en Beirut. Las víctimas son las mismas en un país o en otro. Por eso nos acercamos a la última hora desde la capital de Líbano con el corresponsal Tomás Alcoverro. Desde París el periodista José Bautista, vecino de la sala Bataclan, nos muestra todas las novedades esta semana tras los atentados del pasado viernes. El subdirector de eldiario.es, Iñigo Sáenz de Ugarte, experto en política internacional, nos muestra cómo la geopolítica influye de manera decisiva en las vidas de tantas personas. La mesa de debate se cerrará con más expertos que nos expliquen cómo se puede afrontar este problema desde todos los prismas.

domingo, 24 de enero de 2016

Un mundo desigual



Nueve años de crisis económica y de políticas de austeridad han disparado la desigualdad y la brecha que separa a ricos y pobres.

Lejos de los hogares donde se espera una renta mínima de inserción social que ayude a sobrevivir al frío y a la necesidad, de las colas del paro en las que hay gente que lleva años esperando un empleo, de los centros de Cáritas a donde la gente acude con su cesta de la compra o de los puestos de trabajo donde miles de personas conviven con la precariedad, se toman decisiones que afectan a sus vidas.

Puede ser el Foro de Davos que cada año se celebra en Suiza por estas fechas, una reunión en Bruselas con sillones ocupados por personas elegidas con cuestionables principios democráticos o en una sala donde se congregan los ministros de un Gobierno. Da igual dónde, lo importante es que allí se han decidido políticas que han agrandado la brecha que separa a ricos y pobres. Lo denuncia Oxfam Intermon en su Informe Una economía al servicio del 1%. La realidad de España, el país de la OCDE donde más ha crecido la desigualdad durante la crisis, es que hay un 30% de la población en riesgo de exclusión social.

En el programa A vivir que son dos días, de la Cadena SER, buscan respuestas al reto que plantea esta realidad los siguientes invitados: Joan Romero, catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Valencia, Gonzalo Fanjul, economista, cofundador de la Fundación Porcausa de Periodismo y activista contra la pobreza, Fernando Luengo, profesor de Economía de la Universidad Complutense y miembro de Econonuestra y Susana Ruiz, responsable de Justicia Social de Oxfam Intermon.

miércoles, 20 de enero de 2016

Paellada popular

- ¿A quien queréis que libere, a Jesús o a Barrabás? 

- ¡¡A Barrabás!! ¡¡A Barrabás!! 

- A ver, Jesús está... hummm... ¿acusado? de sanar enfermos, enseñar al que no sabe, promover la solidaridad... 

- ¡¡A Barrabás!! ¡¡A Barrabás!! 

- Mirad que Barrabás es culpable de quemar colegios y hospitales, robar el pan a los pobres, asesinato en masa, recochineo al hacer todo eso... 

- ¡¡A Barrabás, libera a Barrabás!! ¡¡BA-RRA BÁS!!
¡¡BA-RRA-BÁS!! 

- Joer, centurión, ¿de donde salen éstos? 

- De Hispania, prefecto. Los ha traído Caifás.

- ¿Los ha traído desde Hispania? ¡¡¿cómo?!! 

- Con una pancarta de "paellada popular"

domingo, 17 de enero de 2016

Basura

El asunto de la basura sigue en primera línea, es decir, no se recoge.

No se recoge porque los magnates del asunto aún no han conseguido encontrar la manera más eficiente de sacar el mayor beneficio posible. Mientras tanto, no mueven un dedo y no se retira ni una bolsa. A lo sumo, mandan a unos pobres desgraciados (sin protección ni herramientas, con las manitas descubiertas) a meter las bolsas caseras que se acumulan en otras más grandes. A veces viene alguien y le pega fuego al montón, con lo cual el resultado es peor si cabe, porque al no haber reciclado nada, arden plásticos y materiales de todo tipo que sueltan una pestuza insoportable.

Esto va a convertirse en un problema de los gordos en muy poco tiempo, porque no hay sistemas de alcantarillado ni plantas de reciclar aguas. Toda esa porquería se está filtrando por la tierra, se está vertiendo a los ríos y acuíferos (que hay muchos, ya que es un terreno calizo) y directito al mar Mediterráneo. Además es un caldo de cultivo inigualable para bacterias patógenas, hongos varios, virus y gases contaminantes que emanan de las montoneras esas, en una especie de vapores pegajosos.

Las autoridades no tienen manera de presionar para que se retiren.

Es lo que tienen los servicios privatizados...




Aquí algunas fotos 

martes, 12 de enero de 2016

Beirut, Madrid

ESTO EMPECÉ A ESCRIBIRLO EL 25 DE DICIEMBRE APROX Y SE ME OLVIDÓ PUBLICARLO... 
Lo hago hoy añadiendo algunas ideas más.


Casi llevamos una semana ya en Madrid y desde el primer día me he dado cuenta que echo de menos el sol y la luz libanesa. Es lo que tiene el Mediterráneo, que marca estilo y marca la vida de la gente. El cachito de mar azul que se puede ver desde una de las ventanas de casa es una de las cosas más bonitas que tenemos allí, sobre todo si la mañana está clara.

Por otra parte, Madrid en Navidades siempre tiene un punto tristón, a pesar de las luces y las invitaciones al consumo por doquier. Es más, a veces comentamos que parece que la ciudad esté medio vacía, no nos ha pillado ni una sola de las habituales aglomeraciones de Preciados o Sol. Lo mismo es que el eterno mogollón beirutí hace que los madriles parezcan deshabitados. Y hace frío aquí, a pesar de lo que dicen en los telediarios sobre las temperaturas altas para esta época del año.

También es verdad que emociona pasear por aceras bien trazadas y dar mil vueltas en los buses de la EMT, incluso subir al metro como si lo hubiera dejado de usar antes de ayer, a pesar de los cuatro meses fuera.

Sentimientos raros, de ya no pertenezco a este ámbito, ver las novedades del barrio y ver las caras que dejaste atrás también. Enterarte de noticias malas y por el contrario, darte de narices con otras inmejorables de las que eres protagonista.


ESCRITO YA EN BEIRUT, 2016:

Los días pasados en Madrid han sido muy atropellados, viendo a mucha gente (pero no a toda) y resolviendo aún cuestiones del traslado (a este paso me temo que cuando tengamos que regresar aún estaremos resolviendo este tipo de rollos) y movidas de última hora. Han sabido a poco, pero también me han demostrado que ya había empezado a tener una vida razonablemente organizada aquí. Aún así nos costó lo nuestro arrastrarnos hasta el avión para volver. Claro que una cosa es vivir Madrid de vacaciones y otra hubiera sido volver a la rutina que normalmente seguíamos.

El Líbano nos ha sorprendido esta vez con nuevos acúmulos de basuras en sitios que hasta ahora estaban razonablemente limpios, la Cordillera de Libano llena de nieve (el Antilíbano también lo está, pero esa no la podemos ver tan fácilmente) y una campaña muy potente de recomendaciones para evitar accidentes de tráfico, que puede verse en vallas publicitarias, gasolineras y en muchas furgonetas de reparto. De momento, es sólo eso, una campaña, porque se siguen haciendo las mismas barbaridades, aunque ya apenas sorprenden. Casi que he desarrollado una suerte de habilidad para anticipar qué barbaridad va a suceder...

¡En breve, podré narrar alguna que otra sorpresa...!

lunes, 14 de diciembre de 2015

Fin del trimestre en Beirut

¡Ya están aquí las Navidades!

No es que yo sea fan de este momento del año, pero en este caso suponen un punto de inflexión en nuestra estancia aquí. Durante tres semanas nos volvemos a los Madriles y las sensaciones son un poco raras, por una parte ansia de volver, por otra parte, ahora que empezaba a hacerme a vivir aquí...

Durante todo este tiempo he podido vivir un ajuste paulatino a lo que encontré al llegar, he comprendido que algunas de las cosas que más me chocaban e incluso me resultan irritantes, son producto, también, de la adaptación de la gente a las condiciones de vida que hay en este país. Por ejemplo:

- lo de ir con las luces largas encendidas en los coches todo el tiempo. Pues no creo que sea por fastidiar al prójimo. Simplemente es porque no hay alumbrado público nocturno (o si le hay, está apagado debido a los cortes de la luz). Así que de noche, en según que zonas, no se ve ni para toser, de modo que hay que tirar de las largas si no quieres estamparte contra un pino.

- lo de gente caminando por las autopistas y calles, no se trata de kamikazes por gusto, es que no hay otro sitio por dónde ir o cruzar (faltan pasarelas que permitan a los peatones ir de un lado a otro). En las calles, muchas veces sí hay aceras, pero están cubiertas de coches mal aparcados y no se puede caminar por ellas, o están destrozadas por obras de edificios y no las han reparado una vez terminados.

He podido ver también sitios preciosos, como el Chouf, Edhen y el valle de Qadisha, la bahía de Jounieh (léase Yuní) o la ciudad de Trablus y lugares muy significativos, como el museo de la resistencia libanesa en Mleeta

Trablus, o sea, Trípoli.


Paseando por La Corniche de Beirut


También he podido comprobar la miserable vida que se ven obligados a llevar los refugiados sirios, cómo son explotados hasta la nausea en empleos semiesclavos y cómo muchas crías adolescentes se ven forzadas a ofrecer sexo a cambio de comida, alrededor de los supermercados donde compran las buenas familias, aunque a veces lo que reciben es una paliza por reclamar su parte. Por no citar el lugar de la masacre de noviembre, en pleno campo palestino de Burj al Barajneh, lugar donde la gente muere electrocutada al andar por las calles, a causa de los cables de luz que cuelgan por todas partes, como telas de araña que en cuanto llueven cuatro gotas, ya pegan con toda la potencia.

Sobre todo he conocido a la gente cuyos peques ayudo a escolarizar. Gente de Kobane, de Raqqa, de Mosul y del mismo Líbano, gente con unas vivencias atroces, con su historia personal quebrada por culpa de una guerra infame que no tiene visos de acabar.

Por ese motivo pido que se pare la guerra ya.

Después arreglamos todo lo que haya que arreglar...

jueves, 17 de septiembre de 2015

Accidente en Mansourieh

Escribo Mansourieh porque es como sale en los buscadores, en el Google Maps y en todas partes, pero se dice Mansuriye (o algo parecido, con la æ un poco indefinida esa que no tenemos en castellano...)
 
Pues a lo que iba, esta mañana me he topado con el primer accidente gordo de tráfico desde que estoy aquí. Ha sido en el auténtico puerto de montaña que hay que subir para llegar hasta casa, con rampas que nada tienen que envidiar al Repechín asturiano. Dos todoterrenos, que son el vehículo que más abunda en esta tierra se han pegado un golpe frontal que los ha dejado hechos dos acordeones. Los airbags han saltado y afortunadamente no he visto a nadie herido, pero el estado de los coches hablaba por si mismo.
 
El caso es que la vía es ancha, pero como no están definidos los carriles, pues la gente se los inventa según circula. A veces se produce una situación que me recuerda a las películas del Oeste y creo que es lo que ha sucedido:
 
  1. Alguien sube y alguien baja, exactamente en la misma trayectoria.
  2. Se avisan con ráfagas de luz, pero nadie se aparta ni se frena la velocidad.
  3. Finalmente, quien tiene el vehículo menos potente se aparta (siempre que haya hueco, claro, porque suele suceder que tu lado hay más coches, camionetillas, motos, hormigoneras que van goteando o los camiones más grandes que haya visto jamás, cargados de pedruscos enormes y subiendo o bajando a su bola, incluso no suele faltar quien decide pararse a ver escaparates y pega un quiebro de 90 grados por las buenas)
 Al apurar tanto, pues ahí está, tortazo.
 
A ver, cuento esto no con ánimo etnocentrista, sino porque el tráfico es, por el momento, la pesadilla número 1 de esta desplazada. Llevo conduciendo desde 1984 y lo que estoy viendo aquí no me lo había encontrado hasta ahora en ningún sitio.
 
Es un hecho real que se conduce malamente; en todas partes hay avisos en árabe, francés e inglés sobre la necesidad de conducir con seguridad y prudencia. En las gasolineras, en las calles, hasta en algunas servilletas de papel y productos de aperitivo. De modo que se reconoce públicamente que es un asunto que debe mejorarse.
 
Incluso ayer desde las ventanas de casa pude ver cómo un grupo de gente se enzarzaba en una pelea llena de ira por culpa de un asunto de tráfico: un chulazo con un todoterreno le cerró el paso a un hombre que llevaba una furgonetilla de carga. No sé exactamente qué se dijeron, pero la cosa acabó con varios tipos intentado sujetarles porque se iban a sacar los ojos. Finalmente el chulazo se largó, atropellando con muy mala baba el sombrerito que el hombre de la furgoneta había perdido en la refiega.
 
Fue toda una lección de clasismo y a la vez de solidaridad, porque los que corrieron a mediar en la situación fueron varios refugiados sirios que suelen trabajar en las obras de la zona, cuya presencia suele ser ignorada por todo el mundo.

domingo, 13 de septiembre de 2015

37.000 visitas

Pues es verdad, acabo de verlo en la zona esta del escritorio de Blogger. 37.000 visitazas que me parecen una barbaridad. Y que conste que tengo marcado el no contar mis propias visitas.

De modo que muchas gracias, es lo único que puedo decir.