viernes, 21 de agosto de 2015

Un breve paso por Madrid

Pues sí, ayer me vine a seguir resolviendo papeles, el L4 en concreto. Hay muchos papeles que resolver en todas partes...

El caso es que esta mañana, al terminar de gestionar el dichoso L4 (no confundir con el F4, que eso nos ha llevado un buen rato) en Función Pública y yendo a ver a mi madre, me he topado de narices con un momento horrendo, que me ha dejado con una naúsea que no he conseguido quitarme aún. Hablo de Madrid, a día 21 de agosto de 2015, sobre las 14'00 horas.

He visto un accidente laboral, en el que un muchacho de veintipocos estaba espanzurrado en plena calle, porque se le había caido encima el contenido de la grua pluma de la obra en la que estaba trabajando; una montonera de escombros que estaban sacando a la calle a través de un balcón de un tercer piso, sin medidas de seguridad de ninguna clase, ni para los curritos ni para los viandantes. La barandilla de hierro de otro de los balcones, justo debajo del de la obra, estaba destrozada y algunos cachos grandes de forjado estaban ahí tirados también.

El chaval estaba tirado en el suelo, ensangrentado, a pleno sol (no quería moverse), apenas hablaba. Los escombros desparramados por la acera. Unas personas trataban de hacerle sombra y le estaban poniendo bolsas de hielo por todas las magulladuras que tenía. Estaba la policia nacional tomando declaraciones a la gente ahí agrupada.

Le preguntado al muchacho si estaba contratado legalmente o si al menos tenía un seguro, me dijo que no, que nada de eso, en perfecto castellano. Con los compañeros de obra que le estaban consolando parecía hablar guaraní (no es que yo domine esa lengua, pero la he oido hablar en algunas ocasiones y me ha sonado así...).

De modo que me he dirigido al policia que estaba tomando notas y le he pedido que apuntara que ese trabajador y esa obra no tenían ni medidas de seguridad, ni contrato ni nada que pudiera paliar un poco la situación que debía afrontar. La respuesta ha sido tajante, con tono bastante despectivo, de quién tiene mucha razón a sus espaldas y pocas ganas de atender a los ciudadanos: 

¡Señora, esto está en manos de profesionales, váyase de aquí!

A esa respuesta se ha sumado un grupo de corifeas, de entre las piadosas que estaban poniendo bolsas de hielo; eso, que ésta ha venido a echarnos un mitin, que se vaya... y han seguido con su devota labor, mientras comentaban entre ellas la suerte que habían tenido de que ni sus personas ni sus balcones se hubieran visto afectados por el accidente, porque eso era lo que había pasado, un accidente, y no se podía hacer más...

Entonces he pensado en la mierda de país en el que he nacido y me he explicado muchas cosas. En ese momento han llegado los Bomberos y, mira que curioso, lo primero que han hecho ha sido preguntar por las medidas de seguridad de la obra.

A lo mejor sí hay todavía un resquicio para no caer en el desaliento.
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