domingo, 2 de agosto de 2015

El día del viaje

Para una vez que llegamos a Barajas con tiempo suficiente, nos han retrasado la salida más de una hora, porqué el aeropuerto de destino en Estambul, Sabiha Gökçen, que es enorme y recuerda un poco a la T4, está pendiente de unas reformas y funciona de aquella manera, de modo que vienen a coincidir muchos vuelos a la misma hora y los tienen que ir organizando...


En la cabina llevábamos unas pantallas que nos permitían seguir el rumbo, la altitud, la temperatura exterior, el tiempo y los kilómetros pasados y los restantes hasta destino, lo cual nos pareció una idea buenísima, sobre todo a la adolescente pelirroja: me ahorré un montón de ¿cuándo llegamos, falta mucho...?

Desde nuestra ventanilla se veía el extremo del ala y en ella había un Pegaso, claro, ¡la aerolínea se llama Pegasus!

Debajo de nosotras un mar de nubes y a nuestro lado una chica rusa de Krasnodar, que comía sobaos pasiegos, con mucha sorpresa por nuestra parte. Nos ha tocado comprar la comida, típica de avión aunque no la peor posible. Y venga a pasar el consabido carrito con tabaco y perfumes y estas cosas, en el más puro estilo Ryanair.

El avión nos ha llevado a Estambul por una ruta un tanto inesperada, pasando por Zaragoza, hacia Toulouse, Grenoble, siempre sobre las nubes (ni un poquito de Pirineos o Alpes pudimos ver) y en un momento dado viró al Este, hacia Milán dónde empezaron a desaparecer. De ahí seguimos hacia Sofía y Plovdiv.


Luego nos han tenido dando vueltas alrededor de Estambul casi otros tres cuartos de hora. El tránsito no ha sido complicado, más bien apenas hemos tenido tiempo para hacer un pis y ya, pero una vez dentro del avión (de la misma aerolínea) a Beirut nos han tenido sin despegar durante una hora y media. Desde dónde estábamos parados no se veían más que aviones aterrizando, una especie de caravana aérea que no ha salido en la fotos mecachis.

Nos pusimos de mala baba, todo el pasaje y yo con un doloraco de cabeza horrible, porque no funcionaba el a/a. Cuando por fin despegamos todo el mundo se puso a aplaudir, con cierto choteo. De nuevo alguna vuelta sobre Estambul, pero no pudimos verlo bien porque nos tocó ventanilla justo encima del ala, aunque me parece que no pasamos por lo más significativo.

Total, que creo que intentaré evitar en lo posible esta escala, porque es muy pesao viajar así. Una pena, porque la atención es muy buena. Incluso el avión tenía un aire naif muy curioso, hicieron un concurso y eligieron varios dibujos de peques de Turquía para decorarlos:



Ya me extrañaba a mí que cada vez que hablaba con alguien de Pegasus para algún asunto, siempre citaban los protocolos aéreos de seguridad en aeropuertos y que podrían variar los horarios. Ahora ya sé exactamente que quiere decir eso.

Finalmente llegamos a Beirut sin más historias, tardísimo eso sí. Pero dispuestas a afrontar tooooodo lo que se nos viene encima, que no va a ser moco de pavo.
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