sábado, 16 de abril de 2016

Noches de Damasco


El blog Beirut resiste tiene la buena costumbre de incluir citas de libros. Me parece una práctica harto saludable, así que me copio y aquí está una cita de uno de los libros que más me ha gustado de todos los que he leído hasta el momento.

El autor es Rafik Schami, el libro se llama Damascus Nights o Noches de Damasco. Lo he leído en inglés, porque la traducción que he visto al castellano no me gustó nada, demasiado literal; lo han titulado Narradores de la noche, como el original, escrito en alemán, Erzähler der nacht, en 1989. Pero si podéis leerlo en inglés, mucho mejor, creo que la referencia a la Madinat al Yasmin está muy bien traida. Está publicado por distintas editoriales, por eso no pongo referencias.

He traducido yo misma este cachito, de modo que todas las críticas sean para mí. Lo he elegido en honor a mis peques refugiados, porque las primeras veces que les vi decir no a la manera damasquina, no comprendí nada. Ahora, yo lo hago también...

Salim arqueó sus pobladas cejas, como hacen los damasquinos para decir no con el menor esfuerzo posible. Nadie más que ellos, según se cuenta, hubiera podido inventar ese peculiar acto de vaguería, ese modo de decir no sin mover la cabeza siquiera. Los más diligentes de entre todos los árabes dicen la palabra No. Aquéllos más proclives a la comodidad elevan un poco la cabeza y chasquean la lengua a la vez. Pero los más vagos de entre todos los damasquinos vagos simplemente arquean sus cejas, sin decir ni mú. Así lo hizo Salim durante toda su vida.

[...]

Mientras tanto, las mujeres del vecindario habían conspirado para hacer una copia de la llave de la casa del Sr. John. Acogieron a la Sra. John bajo su protección y le depilaron las piernas, como hacen nuestras mujeres. Todas se divirtieron muchísimo. Le enseñaron a bailar la danza árabe y también a burlarse de los hombres con socarronería. ¡Tío Salim, las cosas que llegan a decir las mujeres sobre los hombres en esas reuniones... te llenarías de canas sólo de oírlas!

Una semana más tarde el inglés [Sr. John] volvió a su casa y se encontró a su mujer, digamos... algo cambiada. Muy descarada y mimosa a la vez, enseñándole las piernas y burlándose de su piel blanca.

El Sr. John, muy preocupado, le preguntó ¿Has estado hablando con los damasquinos?. Su esposa le miró sin decir ni pío... y lentamente arqueó sus cejas.

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